domingo, 31 de mayo de 2026

    El gran cazador

    Apesar de sus jóvenes 34 años, Hernán Ponce acredita 16 de experiencia en el medio. Un montón, dice, quizá

    demasiados. A veces dan ganas de mandar todo al diablo y poner un quiosco; pero no, obviamente me gusta. Y se le nota,

    en el entusiasmo con que habla de su trabajo, y en los frutos del mismo: dos Leones de Plata y uno de Bronce en la última

    edición del Festival de Cannes no son cosa de todos los días.

    Y, sin embargo, se lo toma con calma: Ya no me deprimo tanto cuando perdemos, ni me pongo tan eufórico cuando

    ganamos, sostiene. Pero su ojo clínico parece ser bastante certero: Antes de irnos le comentaba a los chicos que tenía la

    sensación de que este año podíamos traernos tres Leones, por el material que habíamos mandado, aunque no pensé que

    todos iban a ser de televisión.

    Consciente del mayor prestigio de los premios de Cannes, admite que los Clío son más conocidos a nivel del gran público;

    por eso hay que ganar los dos, concluye. En cuanto a la valoración que de los galardones hacen los clientes, piensa que se

    está dando un cambio: Hay toda una generación de anunciantes que creen verdaderamente en la publicidad. Porque se

    puede hacer una campaña estándar, en el medio, que da resultado; entonces algunos piensan: ¿para qué voy a hacer algo

    más? Hay clientes que no se arriesgan, y que finalmente van matando la marca. Pero la creatividad se trata justamente de ir

    creando una imagen de marca que subsista a todos los avatares.

    Respecto del proceso creativo, no cree que existan reglas. Yo no tengo una técnica, enfatiza; el ejercicio de estar todo el

    tiempo pensando en función de productos, de cosas a comunicar, hace que surjan las ideas. Eso rodeado con la experiencia

    de muchos años de ver comerciales de todos lados. Y, por supuesto, la información: ir al cine, leer, todo lo que va abriendo

    la cabeza.

    El pobre desempeño en la categoría gráfica le dispara una serie de reflexiones. Los directores de arte tienen que empezar a

    ver las cosas de otra manera. Acá la gráfica es una suerte de cenicienta, no existe una cultura de inversión. Hay agencias

    que la trabajan muy bien desde las ideas, pero no desde la producción y la dirección de arte. También hay que fijarse en las

    revistas; es inútil a veces gastarse en un retoque digital para que después salga de cualquier manera. Nosotros tenemos la

    culpa, pero los medios también; van a tener que cambiar, equiparse, porque los anunciantes no se van a quedar si no les

    conviene.

    Aunque debería ser el niño mimado, reconoce que su función es justamente mimar a los demás: Cuando yo entré como

    director creativo me propuse algo, y la agencia lo fue cumpliendo. La gente crece, se va a otro lado, pero la agencia sigue

    siendo top, creativa, dando un buen servicio. Y eso es lo que quiero.