viernes, 17 de abril de 2026

    Siempre que llovió… nos inundamos

    Escena l. Martes 20 de diciembre de 1994 – 9,43. Desde el Club de Tenis. En la mano derecha jugo de naranjas, en la

    izquierda el celular. Agitado después de un single de más de una hora.

    Juan Alberto City (director de Finanzas de La Imaginaria SA) – Hola, Carla, ¿cómo le va? ¿Alguna novedad?

    Carla (secretaria de J. A. C.) – Buen día, señor. ¿Novedades? Ninguna. El único que llamó es su hermano, pero dijo que no

    era nada importante, volverá a llamar a la tarde.

    J. A. C. (algo preocupado)- O.K. Gracias, dentro de un rato llego a la oficina

    Escena 2. Martes 20 de diciembre de 1994 – 9.43. Desde un hotel cinco estrellas de la Recoleta. En la mano derecha un

    montón de carpetas y transparencias y en la izquierda el teléfono celular. Feliz, después de una brillante exposición de más

    de una hora coronada con numerosos aplausos, en el Congreso Internacional sobre Nuevas Estrategias Corporativas.

    Carlos Américo Marketti (director de Proyectos Especiales de La Imaginaria SA)- Hola, Fernanda, ¿alguna novedad?

    Fernanda (secretaria de C. A. M.)- Sí, señor, varias. Se adelantó la reunión de directorio para las 15.00. Me pidió el

    presidente que le avise y que por favor no les falle. También lo llamó el ingeniero Recapo; quiere reunirse con usted por el

    tema de Alternativas Directas de la Captación. Pidió que tenga todo presupuestado para mañana. A las 18.00 se reúne el

    Comité de Calidad Total, quieren que usted lo presida para evaluar todos los proyectos 95/96 y presentarlos al directorio.

    Además lo llamó…

    C. A. M. (interrumpiéndola) – O.K., Fernanda. Ya voy para la oficina y planificamos la tarea. ¿Usted puede quedarse hasta

    tarde hoy?

    Fernanda: Sí, señor, no hay problema.

    Estas escenas no son reales. Si existieron, no estoy en condiciones de demostrarlo, pero estoy seguro de que 90 días

    después es decir, marzo de 1995 son absolutamente improbables.

    El efecto tequila más el efecto caipirinha con un poco de yuppie británico capturado postnegocio dudoso de varios ceros,

    ruptura de la cadena de pagos, bancos que crujen, financieras que se borran, periodistas que se preocupan y preocupan,

    negocios vacíos, locales cerrados, cajeros automáticos exhaustos, salariazo invertido, Obligaciones Negociables que no son

    ni obligaciones ni negociables, portazo al fondo y regreso con la frente marchita, países vecinos que devalúan, tarjetas de

    crédito cuyo mínimo a pagar es todo lo que tengo, crean un clima enrarecido y las empresas reaccionan como una

    alarma antirrobo excesivamente celosa.

    Revisemos el presupuesto. No paguen nada más que lo imprescindible. Echemos manos a las tres c del ajuste: café,

    cadete y copias. Paren todos los proyectos. No hay plata… Está muy cara. Crece la morosidad.

    Esto no es una tormenta de verano, es un verdadero temporal, dice alguien con mayor dominio de las variables

    climatológicas que de los números. Pero, como lo dice serio, crea opinión.

    Y entonces, la película de siempre. Lo que no tiene que ver con la supervivencia estricta del negocio es superfluo. Las

    campañas de publicidad no son inversiones sino gastos, los planes de comunicación sirven siempre y cuando no originen

    una sola factura a pagar. Los proyectos de Calidad Total son una utopía. Buscar la misión de la compañía, analizar la

    cultura ideológica de la empresa para cruzarla con los valores y crear una estrategia es casi una película de Spielberg.

    Hablar de gestión organizacional o estrategia de marca es como vender hielo en la Base Marambio.

    Quienes manejan estos temas dentro de las empresas están obligados a ser pícaros y buscar doctrinas más terrenales.

    Desensillar, esperar que aclare y guardar el caballo en un lugar seco. Siempre que llovió paró, dijo un evacuado. Glup…

    Glup… Glup.