El concepto de producción masiva, desarrollado a principios de siglo por personas como Frederik W. Taylor y Henry Ford,
se centraba en un modelo organizacional en el que 15% del personal eran gerentes que tomaban las decisiones y el 85%
restante hacía el trabajo, que consistía en tareas repetitivas que no requerían pensar. Este modelo formó las bases de la
increíble prosperidad de Norteamérica en la economía industrial de la posguerra. Los recursos estratégicos de esta economía
eran los recursos naturales: petróleo, carbón, gas y trigo. Nuestra fuerza se basaba en que sabíamos cómo convertir esos
recursos en bienes y servicios y venderlos al mercado más grande del mundo, América del Norte.
La economía industrial ya no existe; ha dejado de existir desde hace cinco o diez años. Ahora tenemos una economía
global, donde los recursos estratégicos tienen que ver con ideas e información, no sólo con recursos de la naturaleza.
Estados Unidos es líder mundial, pero no es el único. En lugar de estar solos en la punta de la pirámide, estamos en
una relación de igual a igual con otras economías exitosas del mundo.
Casi de la noche a la mañana, Estados Unidos pasó de ser un país rico en recursos a ser pobre, porque nuestro sistema
educativo está muy por detrás del resto del mundo industrializado. Nuestra fuerza laboral carece de habilidad para
aprovechar este cambio hacia una economía global y de la información, donde las transacciones se pueden mover alrededor
del mundo en microsegundos. La naturaleza del tiempo ha cambiado completamente.
Las Nuevas Fronteras
En su juventud, Walter Wriston escribió acerca del mundo de los negocios y los bancos. En esa época, una transacción
financiera con América latina viajaba por barco y podía demorar un mes entero. Hoy en día, la misma transacción lleva
microsegundos. Las distancias se han comprimido, el tiempo se ha comprimido y millones y millones de dólares cambian de
mano electrónicamente todos los días.
La economía antigua trataba de producción masiva y de centralización con un enfoque nacional. La nueva economía
trata de producción a medida y descentralización con un enfoque globalizado.
La propiedad de empresas locales por parte de extranjeros está creciendo. ¿Importa realmente que el capital fluya a través de
las fronteras? No, no mucho. Es importante para los políticos pero no para las compañías involucradas. Sería diferente si
todas las empresas con trabajo de alto valor se encontraran en el propio país y las compañías con trabajo de menor valor se
concentraran en el exterior. Pero la realidad no funciona de ese modo. En la industria de la tecnología de la información
uno desarrolla el trabajo dondequiera que tenga sentido.
La ventaja de ser el CEO de una compañía global es que uno no está limitado por las fronteras de los países. El CEO puede
mover negocios desde Gran Bretaña hacia los Estados Unidos o Japón, decidiendo sobre la base de que conviene para ese
mercado en particular. El gobernante de un país no puede darse ese lujo. El presidente de Estados Unidos y el primer
ministro de Gran Bretaña están limitados por las políticas de sus respectivos países. Pienso que a los dirigentes mundiales
les llevará un tiempo reconocer que las compañías son verdaderamente globales.
Apple no se piensa a sí misma como una compañía norteamericana. Sus ejecutivos más importantes muestran una
gran variedad de nacionalidades. Apple palpita con dos corazones: el corazón de California y el corazón de cualquier
país en donde esté instalada. La gente que trabaja en Apple de Francia cree que está trabajando para una compañía
francesa, la gente que trabaja en Apple Japón cree que es una compañía japonesa.
En términos de capacidad para las transacciones y en recursos, cualquiera que esté involucrado en la conducción de una
compañía global tiene que pensar globalmente. Esto significa pensar en aquellos recursos que estén cerca de los clientes, o
de donde la tecnología sea creada, o en aquellos donde las computadoras son armadas; luego, tomar las decisiones sobre la
base de las prioridades. Por ejemplo, nosotros tenemos fábricas en Singapur porque es una excelente forma de lograr alta
calidad con bajos costos, pero además, porque el mercado del sudeste asiático está creciendo rápidamente.
En Estados Unidos tenemos fábricas muy eficientes pero conseguir algunos de los insumos es un problema. Si estuviéramos
obligados a construir las computadoras con 100% de recursos norteamericanos, literalmente no habría forma de que
nosotros, o cualquier otra compañía, pudiera cumplir.
Muchos Modelos
Nosotros, en Estados Unidos, pensamos que existe una sola versión del capitalismo. De hecho, existen numerosos modelos
exitosos. El nuestro se centra en el individualismo y en la corporatividad, no existe nada comparable en el mundo a nuestra
forma de entender la corporatividad. También nos concentramos en el corto plazo, sin preocupación por el largo plazo. En
consecuencia, nuestro capital es muy impaciente, a diferencia del japonés, que se caracteriza por ser muy paciente.
Europa y Japón tienen modelos muy diferentes del nuestro, con una mayor cooperación entre el mundo de los negocios y el
gobierno a través de una relación sistemática. En Alemania hay un programa de transición entre el colegio y el trabajo para
los jóvenes que no asisten a la universidad. Las compañías que contratan aprendices de este programa saben que cumplirán
los requisitos básicos (no ocurre lo mismo con los graduados del secundario de mi país). Esas mismas empresas continúan
con la capacitación de estos empleados a lo largo de todo su trabajo. Como resultado, Alemania posee una fuerza de trabajo
altamente calificada.
Alemania y Japón son países de economía exportadora. Aquellas empresas que desean acceder a los distintos
mercados se pueden reunir con un representante comercial de estos países a fin de conocer las estadísticas del
mercado, quiénes son los líderes y demás información. Sus embajadas alrededor del mundo se concentran en el
comercio y en las exportaciones; nuestro foco, en cambio, se encuentra en lo político.
