La investigación que la consultora Datos y Estrategias realizó a lo largo de 1993-1994 (con tres mediciones el primer año y
dos durante el segundo) permite abordar un análisis en profundidad acerca de la evolución de las Pymes en la Argentina
durante ese período.
Para este estudio se tomaron 650 casos: 400 de ellos en Capital Federal y Gran Buenos Aires; los 250 restantes en Rosario,
Santa Fe, Mar del Plata, Córdoba, Mendoza y Bahía Blanca.
El panorama general que muestran los índices de solidez, modernización, expectativas de evolución, capacidad de
producción, nivel de tecnología, normas de calidad y conocimiento de mercados, entre otros, podría calificarse como
problemático para la subsistencia futura de muchas de las pequeñas y medianas empresas.
La escasa proporción de firmas efectivamente insertadas en el proceso de competencia mundial abre interrogantes con
respecto a la suerte que correrán las Pymes durante el próximo período de integración económica en el escenario del
Mercosur.
En la medición de solidez, la gran mayoría de las empresas (84% en los estudios realizados durante 1993 y 75%
durante 1994) se encuentra en la franja de nivel medio, aunque se advierte alguna mejoría general, ya que los
porcentajes del rango medio quintuplicaban a los de rango alto en la primera evaluación y sólo lo triplicaban en
1994.
El capítulo dedicado a medir la orientación a la modernización de las Pymes muestra, en cambio, un panorama
desalentador: la proporción de empresas que se ubican en el nivel alto es sólo simbólico (1%), mientras que en el
nivel medio las participaciones bajan ocho puntos entre la medición de 1993 y la de 1994. En el nivel bajo los
porcentajes aumentan, a su vez, ocho puntos entre la primera y la segunda medición.
En el índice de expectativas de evolución, la mayoría se concentra en el nivel alto (58% durante la última medición),
pero con un porcentaje menor a cualquiera de los resultados anteriores (la primera medición de 1993 registró 63%).
Condiciones de Producción
Durante la medición de 1993, una proporción significativa de las pequeñas empresas (43,4%, que descendió a 39% en
1994) funcionaba con un nivel de utilización de capacidad instalada de 51% a 75%. En ese período, sólo se observaban
índices de 76% a 100% de utilización de la capacidad instalada en algo más de un tercio (37%) de las empresas medianas
(este último índice también descendió, a 35%, el año pasado).
El estudio evaluó también la modalidad de realización de tareas de los obreros. En la calificación con flexibilidad
(considerada la más conveniente) se concentró la mayoría (56,4%). Sin embargo, el índice tuvo un pico durante las
mediciones realizadas entre finales de 1993 y principios de 1994 (62,6% y 62%, respectivamente) que luego disminuyó a lo
largo del último año hasta llegar a 57%.
La modalidad definida como con iguales tareas, que se considera de inferior calificación empresarial, mostró un
comportamiento inverso. Acumuló menores porcentajes en la primera medición de 1993, lo cual aparece como positivo,
pero los números crecieron a partir de las últimas dos mediciones de 1994. Es decir, parecía una tendencia positiva que en
algún momento volvió a estancarse.
Uno de los desafíos más arduos para la pequeña y mediana empresa tiene que ver con la inversión en tecnología de
avanzada que le permita aumentar y mejorar la producción. El porcentaje de Pymes que informó que emplea tecnología
simple disminuyó entre 1993 y 1994 de 31% a 23%, mientras que en el nivel de tecnología intermedia se observó una
tendencia inversa: ascendió de 50,3% a 59%, y mostró los niveles más altos de participación en todas las mediciones. En la
escala superior, tecnología de avanzada, se ubican los índices más bajos, que permanecen con muy pocas variaciones entre
la primera medición (17,6%) y la segunda (18%).
A pesar del predominio del nivel de tecnología intermedia, la velocidad de respuesta a la demanda, expresada en la
capacidad de efectuar cambios en la línea de producción en el término de una jornada, no muestra índices alentadores. Sólo
algo más de un tercio (36,2%) de las empresas pequeñas y 31,7% de las medianas respondió afirmativamente a este punto.
Entre las que exportan, 32,6% pueden realizar los cambios en 24 horas. La misma medición, en 1994, mostró que había
mejorado este índice entre las pequeñas firmas, pero había aumentado a 29% la proporción de empresas medianas que
demoran hasta una semana en implementar cambios en su línea de producción.
Paradójicamente, los mejores índices se presentan en las empresas pequeñas y en las que no exportan; es decir, en las que
teóricamente tienen menores posibilidades de inserción positiva en el actual proceso económico, pero que también suelen
ser las más flexibles en tamaño de estructura y personal.
Luces y Sombras
Entre las empresas encuestadas por Datos y Estrategias, algo más de la mitad (55,9%) realizaban exportaciones durante
1993. Sugestivamente, la proporción bajó a 49% en 1994.
Así y todo, la mayoría de las Pymes encuestadas declara haber hecho alguna experiencia de exportación en los últimos cinco
años. Es notable la disminución en el número de los que nunca han exportado y el incremento de los que han intentado,
aunque sea esporádicamente, la penetración de mercados exteriores. Los resultados dinámicos más curiosos se perciben
cuando se discriminan por tamaños de empresa. Las firmas pequeñas son las que aparecen realizando intentos aislados de
exportaciones en mayor proporción (pasan de 21,4% a 71% entre 1993 y 1994).
También las firmas medianas han incrementado sus experiencias esporádicas en los mercados externos (pasaron de 32,5% a
44%), pero disminuyeron, al mismo tiempo, las que declaran una actividad exportadora sistemática (descendieron de 31% a
25% en el mismo período).
¿Cuál es la posición de las Pymes ante el Mercosur? Entre las empresas pequeñas es llamativo el crecimiento de las que no
exhiben ningún interés en posicionarse en el mercado subregional: pasaron de 26% en la primera medición de 1993 a 36%
en la segunda de 1994. Las medianas se muestran moderadamente interesadas en porcentajes que fluctúan entre 28,6% y
24%. Sin embargo, lo que descendió significativamente es el número de aquellas que buscan activamente un lugar en el
Mercosur: en 1993 representaban 50% y a fines de 1994 sólo llegaban a 32%.
Se observa una variación positiva, en cambio, en el capítulo dedicado a las normas de calidad. Se registró un vuelco hacia la
adopción de normas internacionales en empresas pequeñas y medianas entre la primera medición de 1993 y la segunda de
1994 (los incrementos oscilan entre 5 y 12 puntos, según las categorías). Obviamente, el mayor crecimiento se da en las
empresas exportadoras (de 37% en 1993 a 53% en 1994).
Otra tendencia favorable se advierte en el tiempo que demoran las Pymes en introducir modificaciones en sus procesos
industriales. La inmensa mayoría de las respuestas apunta a períodos inferiores a tres años, con una tendencia claramente
creciente entre la primera medición (55,4%) y las que se realizaron el año pasado (68%).
El cuadro de resultados muestra un predominio (entre 78% y 79% en todas las mediciones) de empresas con líneas de
producción aptas para más de un producto. También hay niveles muy importantes, aunque decrecientes en el tiempo, de
empresas que requieren períodos cortos para la puesta en marcha de los procesos porductivos (de 80,7% a 75%).
En cuanto a la tecnología administrativa utilizada, la evolución entre la primera medición de 1993 y la segunda de
1994 indica que tienden a ser cada vez menos las Pymes que se sitúan en el nivel elemental de tecnología (pasaron de
37,4% a 27%). La mayoría se inscribe en un nivel intermedio (48% en 1993 y 58% en 1994) y se advierte un leve
incremento en la adopción de tecnología de avanzada (de 13,4% a 15%).
El financiamiento parece ser el verdadero agujero negro de las Pymes. Durante la primera medición de 1993, sólo 8%
trabajaba con descubierto en la cuenta corriente, en tanto que 46% obtenía líneas de créditos tradicionales y 68% se
autofinanciaba. En 1994, la toma de créditos disminuyó a 26%, sólo 50% de las Pymes se autofinanciaba y 40% recurría al
descubierto.
Este último índice parece particularmente preocupante, debido a que las empresas que no acceden a créditos operativos no
tienen posibilidades de ampliar notoriamente su producción, a menos que se encuentren transitando una excepcionalmente
brillante coyuntura de negocios.
