La situación de zozobra en la que se vieron inmersos los mercados locales como efecto de la crisis mexicana encarnó
rápidamente en las voces de los dirigentes políticos. Para el frentista Carlos Chacho Alvarez, los problemas demostraron la
endeblez del sistema económico. El ministro Cavallo tendría que reconocer que el enamoramiento del modelo mexicano,
que él manifestó reiteradamente, era un craso error. Hacer depender todo de la apertura indiscriminada, de un sesgo
fuertemente importador y no exportador, de la desindustrialización y la dependencia de la llegada de capitales a la
Argentina pone en evidencia un modelo que no supo cambiar a tiempo y que no supo dotar a la convertibilidad de un
proyecto sostenido de crecimiento económico.
Para Alvaro Alsogaray, la confianza en el plan económico ha disminuido algo con relación a la que tenía hace pocos días
la opinión pública e incluso en muchos economistas.
Pero la pelea de fondo se dio, sin duda, entre el titular de Economía y el presidente del Comité Nacional del radicalismo,
básicamente alrededor de la idea de la dolarización. Es un costoso truco mágico que ni siquiera es eficaz para devolver al
gobierno la cuota de credibilidad que se ha perdido, afirmó Raúl Alfonsín. Si los mercados transitoria o definitivamente
se han calmado, es más bien la consecuencia de la ayuda que Estados Unidos ha prometido a México después de la
devaluación, y no por las promesas de dolarización de nuestro ministro de Economía. Que no se convierta en virtud lo que
son maniobras defensivas ante la emergencia. El camino de la estabilidad con crecimiento y equidad no se construye
huyendo hacia adelante.
Cavallo, fiel a su estilo, no se privó de comparar al ex presidente radical con Fidel Castro, por no entender el valor de la
libertad. No contento con esto, tampoco vaciló en calificarlo como un pobre hombre que no entendió que la economía se
dolarizaba en su gobierno porque no había convertibilidad.
En medio de los dardos oficiales, Alfonsín avanzó en su análisis. Nuestro objetivo es, guardando el necesario equilibrio que
la hora nos sigue demandando a todos los argentinos, alertar sobre la magnitud y los costos que la determinación de
dolarizar tiene para el futuro de nuestra economía. En efecto, más allá del alto contenido político de la decisión, la
dolarización total está llamada a tener un impacto económico y social de vastas proyecciones para las perspectivas de largo
plazo y por ende no debería llevarse adelante sin un exhaustivo análisis de sus posibles implicancias.
Costos, Riesgos e Hipotecas
En el largo plazo se adopta una perspectiva miope que lleva a renunciar para siempre a una institución que ninguna
economía desarrollada y moderna o que se pretende tal ha descartado, advirtió el dirigente radical. Nos referimos a
la existencia de un sistema monetario y financiero nacional. El intento de resolver un problema que se sitúa en el presente
comprometiendo las perspectivas de desarrollo futuro constituye un grave error que el conjunto de la sociedad argentina
terminará pagando caro. Pero, además, hay costos tangibles en el corto plazo. La dolarización total nos lleva a perder el
único recurso del Estado nacional que no implica una presión sobre el consumo o las actividades productivas: los intereses
sobre nuestras reservas internacionales. Hoy los mismos pueden significar alrededor de US$ 1.000 millones por año; un
monto de proporciones significativas si se lo compara con las necesidades de la salud pública, de la educación, de la
previsión social o de la seguridad de los ciudadanos.
La supuesta solución que adopta el gobierno, en lugar de atacar las causas de nuestros males, elimina algunos de sus
efectos inmediatos en el plano cambiario por vía de una decisión de extrema gravedad económica y política: la desaparición
de nuestro signo monetario.
