jueves, 2 de abril de 2026

    Las acciones esperan su turno

    Hasta ahora, los índices de rentabilidad obtenidos por las AFJPs fueron bastante parejos, como consecuencia de la

    política adoptada por la mayoría de ellas, especialmente las más importantes, de centralizar las inversiones en los

    títulos de renta fija y en los certificados de depósitos en los bancos. Las de menor envergadura intentaron diferenciarse

    de las más grandes a través de la concertación de inversiones con un mayor grado de riesgo.

    En el supuesto de un vuelco sustancial de las condiciones imperantes en los mercados, estas AFJPs, por su menor

    tamaño, disponen de una mayor movilidad y, por lo tanto, están en condiciones de capear el temporal con mayor

    facilidad que las grandes, que por su mayor dimensión no siempre pueden maniobrar con fluidez. Por eso optan por

    canalizar las inversiones hacia operaciones que le aseguren una rentabilidad razonable con muy escaso riesgo.

    Sin embargo, la mayoría de los especialistas coincide en pronosticar que, a medida que transcurran los meses y la

    cartera de inversiones se amplíe, las AFJPs no tendrán otra alternativa que comenzar a dirigir una parte de sus

    inversiones hacia el mercado accionario.

    Al principio, vaticinan los analistas, esa participación será muy tenue, con la intención, por lo menos por parte de las

    líderes, de que las oscilaciones bursátiles no incidan demasiado en la rentabilidad promedio de la cartera.

    Pero el interrogante es qué pasará si una AFJP de mediana envergadura decide jugarse a las acciones y compra por el

    máximo permitido por las disposiciones vigentes, con la intención de distanciarse sustancialmente del resto en la

    valorización de la cuota.

    Si la apuesta sale bien, conseguirá una poderosa herramienta de promoción para utilizarla en la captación de nuevos

    afiliados, tanto entre los que aún permanecen adheridos al régimen de reparto como entre aquellos que ya optaron por

    una AFJP, pero no se encuentran conformes con la rentabilidad obtenida.

    La guerra de la rentabilidad probablemente alcanzará su máximo nivel publicitario a partir de junio o julio, cuando las

    entidades rindan cuentas a los afiliados de las rentas obtenidas en el primer año de gestión.

    La Hora de Flexibilizar

    Para esa época es muy probable que la Superintendencia que las supervisa haya tomado alguna decisión destinada a

    flexibilizar la forma en que las AFJPs pueden canalizar las inversiones; con las limitaciones actuales, las posibilidades

    de colocación comenzarán a mostrar ciertos síntomas de saturación.

    La flexibilización podría darse incorporando nuevos rubros que favorezcan una mayor dispersión de las inversiones, en

    un marco de creciente competencia, que obligará a las empresas administradoras de las AFJPs a explorar nuevas

    posibilidades que las distingan del resto, aunque ello implique dotar a la cartera de una mayor dosis de riesgo calculado.

    La mayor fluidez en la selección de la cartera podría venir del sector inmobiliario, un rubro que el gobierno tiene

    especial interés en desarrollar. Con un adecuado encauzamiento de los fondos de las AFJPs, a través de la

    securitización y de las cédulas hipotecarias emitidas por los bancos privados, se contribuiría a paliar el problema de

    vivienda de amplios sectores de la población y además favorecer una diversificación razonable de las carteras de las

    AFJPs.

    En una etapa posterior, podrían ser autorizadas a expandir sus inversiones en el exterior, tanto en títulos públicos como

    privados, como ocurrió recientemente en Chile, que permitió a estas entidades expandirse a través de las importantes

    inversiones que las empresas de ese país efectuaron en el exterior, sobre la base de los abundantes fondos suministrados

    por las AFJPs, como las conocen en Chile.

    Nación

    La Garantía Es la Diferencia

    La AFJP del Banco de la Nación concluyó 1994 con 384.000 afiliados, equivalentes a 12% de los aportantes al sistema

    de capitalización.

    La AFJP Nación, cuyo capital se encuentra en 99,9% en poder del Banco de la Nación, se diferencia de las restantes por

    asegurar a sus afiliados una renta anual en pesos. La garantía es uno de los aspectos que contribuyó a que la AFJP

    chilena Provida desistiera de su intención de participar en el proyecto como socia. Actualmente cumple sólo una

    función asesora y de producción de software, a través de un convenio con el Banco de la Nación. Las posibilidades de

    que al finalizar el contrato, en 1999, Provida se incorpore como socia se consideran bastante remotas; debería suplantar

    por otro medio la actual garantía que el artículo 40º de la ley de creación del régimen de capitalización otorga a los

    afiliados por intermedio del Banco de la Nación.

    A fines de junio, cuando culminó el proceso de afiliación, Nación contaba con 155.000 afiliados, que al 30 de

    noviembre último se elevaron a 370.000, incluyendo los 45.000 que le correspondieron por la cuota de indecisos que a

    partir del 30 de septiembre fueron prorrateados entre todas las AFJPs del sistema. En diciembre sumó otros 15.000,

    con lo que la cifra final del año llegó a 385.000 afiliados, equivalentes a 12% de los 3,2 millones que se encuentran en

    el sistema de capitalización.

    Según el gerente general, Julio R. Valdés, en los tramos finales de diciembre se observó una caída en el ritmo de

    afiliación que venía registrándose hasta noviembre.

    Los cálculos originales de la empresa preveían alcanzar para esa fecha un nivel de 500.000 aportantes, sobre la base de

    captar 10% del mercado potencial, estimado entonces en 5 millones de afiliados. Lo que ocurrió, sostiene Valdés, es

    que el mercado inicial resultó muy inferior al esperado, a pesar de lo cual mejoramos nuestra participación de 10 a

    12%.

    Expectativas de Crecimiento

    Valdés considera que durante este año el mercado continuará creciendo a un ritmo promedio de 70.000 afiliados mensuales,

    que provendrán de los que se incorporan por primera vez a la fuerza laboral y de los que optaron por el régimen de reparto y

    que paulatinamente se pasarán al de capitalización. En estas condiciones, estima, se encuentran 500.000 personas, con edades

    que oscilan entre 18 y 45 años. Con respecto a las de mayor edad, que optaron por el régimen de reparto, las posibilidades de

    que se trasladen al régimen de capitalización son más difíciles de prever, aunque a medida que el nuevo sistema se consolide es

    factible que una parte de esa franja de afiliados también decida incorporarse al régimen de capitalización.

    Sobre la base de estas consideraciones, Valdés opina que a fines de 1996 los afiliados a las AFJPs se elevarán a más de

    5 millones. Nuestra intención es continuar manteniendo la actual participación. Si eso se cumple, para esa fecha los

    afiliados a Nación se elevarían a 600.000.

    De la actual masa de afiliados, 24,4% son autónomos con ingresos medios mensuales que oscilan entre $ 350 y $ 400,

    aunque el promedio general de la cartera se eleva a $ 620.

    En materia de rentabilidad, Valdés sostiene que la política de Nación es asegurar a los afiliados un crecimiento

    sostenido, que para el primer año de actividad se estima entre 9,5% y 10%. Una parte significativa de sus inversiones

    (47%) está integrada por cédulas hipotecarias rurales emitidas por el Banco de la Nación, el único instrumento

    financiero existente en el mercado que, según Valdés, cumple con el objetivo de contribuir a fomentar las actividades

    regionales. El resto de la cartera está constituida por títulos públicos (14%), certificados bancarios de plazo fijo (27%) y

    cuotas partes de fondos comunes de inversión de renta fija.

    En la constitución de esta AFJP el Banco Nación invirtió $ 40 millones. El pico máximo de empleados alcanzó a 2.000,

    a los que se agregaron 1.500 contratados entre el personal del banco. Actualmente esa cifra se redujo a 900 (600

    promotores y 300 empleados).

    A fines de noviembre la cartera de inversiones de Nación ascendía a $ 34 millones, que al 31 de diciembre Valdés

    estimaba en $ 47 millones.