domingo, 5 de abril de 2026

    Nancy Molina: cambiar para vivir

    La empresaria del año.


    NANCY MOLINA: CAMBIAR PARA VIVIR.


    La Asociación Iberoamericana de Mujeres Empresarias (AIME)
    acaba de entregar su distinción anual.


    En esta ocasión, la elegida fue una mujer que dirigió
    un duro proceso de reconversión en un sector -el de
    los seguros- enfrentado a una crisis que amenaza con devorar incluso
    a los más fuertes.


    En el negocio de los seguros no es habitual encontrarse con una
    empresa de corredores conducida por una mujer; por lo menos así
    se encargó de hacerlo notar John Thorpe, presidente de
    IES Ltd. del Lloyds de Londres, durante su visita a Buenos Aires,
    en junio. Quien suscitó este comentario es Nancy


    Molina, directora de Broker´s Asesores de Seguros, 38 años,
    madre de tres hijos y flamante Empresaria del Año, tras
    ser elegida por la Asociación Iberoamericana de Mujeres
    Empresarias.


    Molina está convencida de que este premio le llega en una
    etapa de madurez de su vida en la que puede aplicar uno de sus
    axiomas preferidos: "Todo puede modificarse y perfeccionarse".
    Con esta premisa, en 1990 propuso cambios profundos en la estructura
    de Broker´s, la empresa familiar fundada hace 30 años por
    su padre, Carlos Molina, y que reconoce una estirpe en el negocio
    de los aseguradores que se remonta a su bisabuelo William Perkins
    y a su abuelo Armando Comellas.


    Tras la muerte de su padre, en 1986, le tocó a ella comenzar
    a timonear el downsizing y la transformación de la empresa,
    con el desafío de lograr nuevos negocios y emprendimientos
    renovadores en áreas de riesgo. Redujo la planta de personal
    de 120 a 15 empleados, cambió el equipamiento informático
    de la empresa, y en la actualidad Broker´s incursiona en los seguros
    de vida cuando siempre se habían dedicado a las coberturas
    totales.


    Esa visión de futuro les permitió adelantarse con
    respecto a otras compañías del sector que están
    en plena reconversión. Pero la innovación es una
    constante que la atrapa desde los 23 años, cuando con su
    hermano Marcelo fundaron Green Plan en 1973 e introdujeron en
    la Argentina las primeras


    pólizas en dólares para cubrir automóviles,
    lo que les permitió captar una porción importante
    de mercado, que era la venta de automóviles a través
    de créditos prendarios.


    "Con Green Plan, que fue un éxito que aún hoy
    se recuerda, comprendí que era muy difícil conducir
    una empresa y seguir una carrera. Todavía hoy me arrepiento
    de no haber terminado, siempre pienso que voy a volver a estudiar
    pero me atrapan los proyectos y sigo adelante. Pero, bueno, tuve
    la


    extraordinaria formación empresaria de mi padre, que me
    legó su ética y la transparencia en los negocios."


    – De todos modos no habrá sido fácil, sobre todo
    siendo una mujer, trabajar al lado de su padre.


    – Fue difícil. El tenía carácter fuerte pero
    creo que yo me gané su respeto. Era muy inflexible, pero
    respetaba a aquellos que tenían una estatura alta. Yo experimentaba
    igual, aunque no me lo permitiera. El era como los de su generación,
    los capitanes de empresas que todo lo podían y lo sabían.
    En realidad, el que me dio lugar fue mi hermano Marcelo, que me
    permitió hacerme cargo de Green Plan. Yo tenía 22
    años y hacía inversiones de US$ 200.000 o 300.000
    con total solvencia. Creo que hay algo innato en la condición
    de empresario.


    Nací en un ambiente donde es corriente abrochar negocios,
    sortear obstáculos, lograr los resultados, ser metódicos,
    donde es común pensar las respuestas. Mi padre era un tipo
    que se tomaba sus tiempos, cosa que yo le criticaba, y sin embargo
    me ayudó mucho en la vida, yo hoy me tomo mis tiempos,
    que son más cortos que los de su época. Cambio cuantas
    veces haga falta, doy marcha atrás si es necesario.


    – El ambiente de los seguros parece un mundo netamente masculino.
    ¿Cómo la afectó eso?


    – Al principio me daba mucho miedo manejarme con los hombres,
    porque nunca sabía qué iba a ver en mí el
    hombre que tenía enfrente, pero pienso que era un problema
    de inseguridad. Lo más importante es que nunca dejé
    de ser femenina, nunca me convertí en un hombre de negocios,
    yo soy una mujer de negocios, mantengo mi femineidad y toda la
    seducción que hace a la mujer, cuidando la distancia, porque
    los años me dieron la tranquilidad de poder sentarme con
    un hombre y saber que puedo aplicar mi seducción negociadora.


    – ¿Para hacer negocios es necesario seducir?


    – Creo que si uno es una persona seductora es mucho más
    fácil y, si está segura de sí misma, mejor
    aún. Yo no vendo un seguro, estoy vendiendo toda una imagen,
    toda la tranquilidad, la confianza de que conmigo el cliente va
    a tener el mejor servicio. Estoy siempre tan compenetrada de lo
    que digo


    que sé que lo transmito. En estos últimos tres años
    se incrementó bastante la cartera de la empresa con clientes
    importantes, todas cuentas que he traído yo. Me dedico
    personalmente a todos mis asegurados.


    Negocio Atendido por Sus Dueños.


    Nancy Molina habla con pasión. Insiste en que la agobia
    el estrés, pero de inmediato se entusiasma enumerando los
    futuros negocios que realizará en asociación con
    el grupo empresario Akropolis de su hermano Marcelo, que vive
    en México. También piensa que la globalización
    de la economía y la vigencia del Mercosur deben encontrar
    a su empresa preparada y ya está analizando la posibilidad
    de encarar una asociación con una firma de Puerto Rico.


    – ¿Cómo vivió la transformación de una
    empresa que llegó a ocupar cinco pisos y hasta tenía
    un comedor con mucama y cocinero?


    – En cierto sentido, fue una pérdida pero en la balanza
    ganamos mucho, porque el país ha cambiado y nos encuentra
    desarrollando nuevos negocios. Podemos hacerlo porque ya en 1985
    comenzamos a soñar con los cambios. En aquel momento yo
    les dije a todos: "Tenemos que pensar en una empresa


    atendida por sus dueños".


    La jornada de Molina comienza con sus tres hijos, Agustina (15),
    Patricio (12) y Delfina (12) a las 7.00 de la mañana y
    suele prolongarse hasta las 9 de la noche. Si uno de ellos se
    enferma, no duda, y se queda a acompañarlo.


    "Mis hijos están educados con un criterio empresario,
    saben que esto es una herencia, una cultura familiar. A ellos
    les va a tocar vivir una época difícil, ojalá
    puedan hacer lo que les gusta. Yo creo que me admiran enormemente
    porque he luchado toda mi vida y les planteo un buen nivel de
    exigencia.


    Me acompañan muchísimo e incluso, si es necesario,
    me ayudan en la empresa porque manejan las computadoras mejor
    que yo."


    – Los negocios son una búsqueda. ¿Qué hay al
    final del camino?


    – Varios años de terapia me han enseñado que a través
    de los negocios busco, por una parte, tener tranquilidad económica.
    La otra faceta -y la más personal- es que tengo que vivir
    en un permanente desafío porque soy apasionada. Le pongo
    una gran vida a lo que hago. Creo que este premio me va a permitir
    representar a muchas mujeres, tengo mucha conciencia social y
    espero poder hacer mucho por mucha gente. Quiero dar un mensaje
    distinto.



    Matilde Fierro.