viernes, 1 de mayo de 2026

    El club mas exclusivo del mundo

    Un nombre de origen bíblico, Les hénokiens (los enochianos), sirve de identificación a un discreto club privado en París, que sólo acepta como miembros a empresas que ostenten una historia de por lo menos 200 años, y que todavía estén en manos de los descendientes de sus familias fundadoras.

    La referencia a Enoch es obvia: el patriarca vivió, según el Viejo Testamento, 365 años.

    Opulentos tapices con escenas de caza, muebles dorados y hogares de mármol dan al ambiente un aire que recuerda a los exclusivos clubes de caballeros. Pero, tal vez para que los habitués no se alejen demasiado de la realidad, una abundante colección de animales embalsamados les recuerdan

    que son mortales.

    No es tarea fácil pertenecer al club. La mayoría de las empresas familiares no logran sobrevivir a la primera generación, mucho menos las ocho que hacen falta para llegar a los 200 años, según Dimitri Limont, el fundador de la asociación, quien concibió la idea 15 años atrás con Gérard Glotin, el entonces director ejecutivo de la compañía de licores Marie Brizard.

    La empresa dirigida por Glotin buscaba una forma de celebrar su 225º aniversario con bombos y platillos. Un cóctel o una cena no serían suficientes, se pensaba. Había que dar alguna señal más fuerte de respeto a mademoiselle Brizard, la fundadora de la compañía.

    Allá por 1755, esta empresaria salvó la vida de un viajante que venía del Nuevo Mundo y estaba perdido en Bordeaux. En agradecimiento, el hombre le dio la receta de un elixir supuestamente milagroso. A la bella Marie le gustó bastante el sabor dulce de la poción anisada, y decidió comercializarla. Así nació la empresa que el año pasado llegó a tener un movimiento de US$ 331

    millones.

    Hizo falta un año y medio de ardua investigación para averiguar si había otras compañías que cumplieran con las condiciones deseadas: bicentenarias, controladas por la familia fundadora y prósperas. Limont entró en contacto con más de 100 cámaras de comercio y embajadas. Se examinaron casi 200 empresas, pero sólo 30 resultaron aceptadas.

    Todas juntas, estas empresas acumulan más de 90 siglos de negocios. Gran parte de sus ingresos (US$ 2.600 millones por año) se obtienen en el extranjero. Actualmente, figuran entre los miembros el fabricante italiano de armas Pietro Beretta (14 generaciones, y proveedores de los accesorios

    favoritos de James Bond) y el hotel japonés Hoshi, de 1.276 años (46 generaciones y 100 habitaciones).

    Muchas empresas son fabricantes de vinos, de artículos de lana o astilleros. Y la explicación es sencilla: hace 200 años, papel, textiles, vino y banca eran los negocios más importantes.

    La asociación se reúne regularmente para discutir puntos de vista y lanzar nuevos proyectos. Uno de ellos se ocupa de apadrinar a empresas recién nacidas. El club también decidió celebrar la caída de la Cortina de Hierro ayudando a los antiguos dueños de Schneider & Berger, una firma de licores de la ex Alemania Oriental, a recuperar su empresa, expropiada por los comunistas.

    Un proyecto promovido por Limont nunca prosperó. Se trataba de dictar cursos con la historia mundial de las empresas familiares. Pero el club no consideró que tal tema fuera responsabilidad suya. Otra idea descartada fue la de fundar una asociación secundaria, para aglutinar a las empresas familiares que hubieran cumplido 100 años de vida y que siguieran en manos de la familia

    fundadora. Pero había demasiados candidatos.

    TODOS PARA UNO.

    Muchas negociaciones importantes se realizaron a través del club. La asociación ha sido testigo de peleas entre la propiedad familiar y la pública. Hace algunos años, varios socios estaban disfrutando de un vino de Alsacia de Hugel & Fils (establecido en 1639) cuando uno de ellos recibió una llamada

    telefónica en la que se le informaba que tendría que renunciar porque su empresa cambiaba de manos. Colgó el teléfono y contó la novedad al grupo. Todos cerraron filas y lo convencieron de que no se apresurara a volver a su casa. Se quedó todo el resto de la noche.

    En un estilo típicamente familiar, los enochianos discuten sobre cómo debe evolucionar la asociación. El momento difícil llega en octubre, cuando la organización, presidida por Ugo Gussalli Beretta, sobrino del difunto Giuseppe Beretta, Señor de los rifles, se reúne en Roma para decidir su futuro.

    Les Hénokiens no tienen reparos, por otra parte, en criticar a los británicos del Tercentenarians Club, donde las reglas son mucho más laxas: es suficiente que una empresa tenga 300 años de antigüedad y haya mantenido lazos de unión con la familia fundadora. No importa que haya sido vendida cien veces.

    El Tercentenarians es muy pragmático en este punto, y los franceses de Les Hénokiens no ocultan su desdén: “Se pasan el año entero preparando un gran festejo, en el que todo el mundo come y bebe a su antojo; eso es todo”, dicen de sus pares británicos.

    El Tercentenarians Club surgió cuando Hedges & Butler, el comerciante de vinos de Londres, llegó en 1967 a su 300º aniversario. Los representantes de 22 empresas de una edad similar se reunieron para celebrar con un almuerzo en las bodegas de la firma en Regent Street, Londres. El entonces primer

    ministro, Harold Wilson, fue el invitado de honor.

    Pero en algo coinciden franceses y británicos: los valores familiares disfrutan hoy de un renacimiento en términos de marketing. Las antiguas firmas han vuelto a estar de moda. Proyectan una imagen de prestigio y buena calidad.

    Ser miembro de Les Hénokiens es caro (la cuota mínima es de US$ 4.500 por año) pero es un privilegiado signo de distinción. “Representamos a una extraordinaria minoría en el mundo”, dice Limont con orgullo.

    Otros rechazan la idea con argumentos bastante razonables. El presidente de Fiat, Giovanni Agnelli, dijo una vez: “Nunca perteneceremos a Les Hénokiens. ¿Quién puede saber cómo será un auto dentro de 200 años?”.