El sector automotor atraviesa por su mejor momento. Durante 1993 creció 30% con respecto al año anterior, y se batieron todos los records, tanto en producción como en ventas al mercado interno, exportaciones, importaciones y productividad.
En distintas proporciones, este fenómeno se produjo como consecuencia de un número de factores: la demanda insatisfecha existente, el déficit de ventas acumulado con Brasil, los atrasos en la entrega de unidades por parte de los planes de ahorro en los dos últimos años y el creciente interés por acceder al título de propiedad de un auto que surgió a partir del incipiente crédito prendario.
Este es el cuadro que surge de un análisis competitivo de la industria automotriz realizado por Nelson Pérez Alonso, director ejecutivo de la consultora Claves.
El informe señala, además, que en 1994 persistirán esas condiciones favorables. “De mantenerse las variables económicas, se espera una mejora en el nivel de producción de las terminales locales. La antigüedad del parque y el establecimiento de alternativas de financiamiento son elementos con peso suficiente para que esta industria siga creciendo.” Este año comenzará a operar la terminal General Motors, que producirá pick-ups destinadas a abastecer al Mercosur e importará automóviles de Brasil. Las japonesas Mazda y Toyota son las empresas con mayores posibilidades de establecerse, y -al igual que la filial norteamericana- fabricarán vehículos utilitarios e importarán automóviles al 2% de arancel.
Según el estudio de Claves, en 1994 el mayor porcentaje de movimientos del mercado local se registrará con aquellas unidades cuyo valor oscila entre US$ 15 y US$ 20 mil, y el crédito permitirá concretar la mayor parte de las operaciones de venta.
De Compras por Brasil
El informe destaca que en 1993 la importación alcanzó su pico con el ingreso al país de 110.000 vehículos. Dentro de esa cifra se incluyen las unidades que las terminales radicadas introdujeron bajo la figura del “importador oficial”, para no tener que compensar las cifras de ingreso con otra igual de exportaciones. También llegaron desde más allá de la fronteras novedades tecnológicas, como la inyección electrónica, que comenzaron a ser adaptadas en los vehículos de producción nacional. El principal proveedor de las importaciones vernáculas de automotores es Brasil. De allí proviene 41% de los vehículos que ingresan al país. Le siguen Japón con 15% y (con menos de 10% de participación cada uno), Corea, España e Italia (ver gráfico).El régimen de importación instaurado por el decreto 2677/91 establece normas y beneficios que difieren según sea el importador una terminal radicada en el país, una terminal no radicada o un particular. Los particulares tienen dos opciones. Una de ellas les permite importar vehículos pagando un arancel de 20% más un sobrearancel en la licitación.
Por la segunda opción pueden ingresar autos homologados con aquellos importados o fabricados por las terminales locales, con un arancel de 20%, pero sin restricciones de cupos. El costo final resulta levemente inferior al del mismo vehículo comprado en el país, pero no cuenta con garantía. Para importar un auto bajo la segunda modalidad hay que absorber un costo adicional que oscila entre 70% y 100%, por fletes, seguro, tasa de estadística, embarque, manipuleo y otros impuestos internos. Por ejemplo, un vehículo cuyo valor FOB es de US$ 10.000, terminará costando US$ 17.455 si viene de Chile o US$ 20.521 si es de origen europeo.
Todo por la Integración
Las terminales locales realizan grandes esfuerzos para lograr economías de escala, integrándose con filiales brasileñas en la producción de determinadas unidades, como el Fiat Tempra: un vehículo importado de Brasil, con motor TIPO hecho en Argentina. En la actualidad, las terminales que mejor se integran son Autolatina, Mercedez Benz, Scania y en menor medida Sevel, ya que Peugeot no
produce autos en Brasil (Cuadro 1). Ciadea, a pesar de no contar con su contraparte en el vecino país, mantiene contactos con General Motors. Exporta la Trafic bajo la marca GM e ingresa Chevettes y GM 500.
En líneas generales, el mercado automotor interno de Brasil es muy interesante para la industria argentina, dado su volumen (14 millones de unidades) y el desarrollo alcanzado durante 1993, que dejó atrás la tendencia recesiva de los últimos años.
Sin embargo, en las condiciones actuales de la economía argentina, exportar a Brasil no es rentable, teniendo en cuenta el tipo de cambio y la efervescencia del mercado interno, que coloca la demanda en niveles superiores a la oferta.
De allí la tendencia de los últimos años, que llevó a los fabricantes locales a complementar la demanda con la importación de unidades, más que a buscar mercados externos. Esa modalidad se revirtió en forma significativa -pasó de 3.946 unidades en 1991 a 16.870 en 1993- recién cuando la Secretaría de Industria intimó a los fabricantes locales a equilibrar las cifras de importación con las de exportación, a través de la resolución 244/93. A fines de 1993, los fabricantes argentinos y brasileños firmaron un protocolo, que acordó un intercambio comercial de 35 mil vehículos y 3 mil camiones para este año y prorrogó el plazo para compensar el déficit de ciclos anteriores, que sumados al de 1993 totalizan 16.600 unidades, de las cuales 12.600 corresponden al período 1991- 1992 y 4.000 a 1993.
El Ahorro Hace Crecer.
En 1993 el crédito favoreció notablemente el incremento de la demanda y se expandió con diferente intensidad según los segmentos: incipiente en el de automóviles y algo más avanzado en el mercado profesional de carga y pasajeros.
Los planes de ahorro, por su parte, fueron la vía por la que transcurrieron 37% de las entregas de unidades. Los modelos que mostraron el mayor grado de actividad en este rubro fueron el Renault 9 (con 18,6% de participación en las suscripciones), el clásico Renault 12 (con 12,2%), el Volkswagen Senda (11,6%) y el Fiat Vivace (10%).
En el transcurso de este año, las terminales ofrecerán mejores sistemas de financiación como parte de sus estrategias comerciales, lo cual plantea un nivel de competencia más intenso que el de 1993.
