miércoles, 1 de abril de 2026

    ¿Quién es quién en el ranking ecológico? (parte iv)

    La subsidiaria local de la norteamericana Great Lake transforma, en su planta de Ensenada, el coque de petróleo y lo comercializa como insumo para la industria del aluminio. El control del polvillo que se levanta, sobre todo, en los días de viento, forma parte del proceso productivo cotidiano y constituye materia permanente de relación con el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, encargado de vigilar que las partículas no excedan los cánones permitidos.

    El vicepresidente de Copetro, Juan Carlos Fronza, admite que “toda actividad industrial lleva implícito un cierto grado de contaminación ambiental cuyo impacto debe minimizarse con las inversiones necesarias en cada caso”.

    Esta empresa construyó hace 10 años en la zona del puerto de La Plata la planta de calcinación del carbón residual de petróleo, en la que destinó 25% de la inversión al tratamiento de sus efluentes.

    Desde entonces, sus ejecutivos afirman que se realizan permanentemente mejoras tecnológicas en la instalación y en el proceso productivo a fin de reducir al mínimo las emisiones, que de todos modos se ajustan a las normas vigentes sobre control ambiental.

    Fronza señala que las empresas argentinas, en general, comprendieron la importancia de defender el medio ambiente y desarrollan programas de comunicación, entrenamiento del personal e inversiones en planta, que en el caso específico de Copetro se traducen en un plan trienal que abarca todas las áreas.

    En tal sentido, destaca la necesidad de aunar esfuerzos entre el Estado y las empresas para la conservación del medio ambiente, como se está haciendo en la provincia de Buenos Aires, gracias a la creación de un comité de autocontrol que comparten los municipios de Berisso, Ensenada y La Plata, junto con las compañías del polo petroquímico del puerto platense.

    “La ecología no puede considerarse un costo más del negocio, sino una responsabilidad primordial para toda empresa”, concluye Fronza.

    Duperial.

    UNA VENTAJA COMPETITIVA.

    El gerente de Comunicaciones Internas e Institucionales de Duperial, Gustavo Pedace, considera que, a diferencia de Europa, no pueden identificarse en la Argentina cordones industriales que, por su magnitud, entrañen focos de contaminación. Sin embargo, existen casos puntuales, como el del Riachuelo, que si bien no son nuevos recién comienzan a ser percibidos a partir de la presión por parte de los medios. “Y como la percepción es la realidad, hoy ésta se encuentra teñida de verde”, afirma.

    La empresa acaba de traer al país al experto inglés en la materia Richard Robson, de ICI PLC, para disertar en Mendoza, Rosario y Buenos Aires sobre comunicaciones relacionadas con el medio ambiente.

    En el Reino Unido, el tema se maneja al máximo nivel de la compañía. Tanto es así que su director ejecutivo, Denis Henderson, se encargó de comunicarles en persona a los 130 mil empleados que redoblarían los esfuerzos para el mejoramiento del medio ambiente, a pesar de lo cual no pudieron en algunos rubros soportar la carga impositiva europea por contaminación ambiental y tuvieron que desprenderse de una de sus líneas fuertes: la producción de fibra de nailon, que pasó a manos de Du Pont.

    Pedace subraya que, por ser subsidiaria de ICI, Duperial está sometida a estrictas políticas de mejoramiento, con plazos de realización y auditorías permanentes, no sólo con los efluentes, sino en lo referente al aprovechamiento de los combustibles y la energía.

    Precisamente, diferencia entre las empresas argentinas que hicieron punta, por lo general, a las subsidiarias de multinacionales, y a las que vieron la oportunidad del negocio, de las que se subieron al carro verde por moda o para obtener ventajas.

    “Tiene un costo elevadísimo posicionarse como empresa amiga de la naturaleza, y ello requiere de una performance de riesgo. En Duperial apostamos a la comunicación comunitaria, con los vecinos y con científicos y periodistas especializados, no porque nuestra realidad no sea mostrable, sino porque destinamos la inversión que supondría una comunicación más masiva a la sustitución de tecnología de procesos”, afirma el ejecutivo.

    La baja rentabilidad por la que atraviesa la petroquímica conspira contra las intenciones de mejoramiento, ya que las inversiones configurarían un “costo ambiental”. La política internacional del grupo, según Pedace, es que sus empresas cumplan prioritariamente con las normas del país en el que están situadas, y luego con el estándar global que hace que cada planta nueva se construya con los requisitos ambientales más exigentes.

    Propone encarar un trabajo en conjunto entre las empresas y el Estado para armonizar la legislación, a condición de que los privados no antepongan la defensa de su interés por encima del comunitario y que, sin delegar su rol regulador, el Estado comparta la responsabilidad.

    Pedace rescata los aportes técnicos que pueden realizar las empresas al respecto, ya que se está formando un management especializado con experiencias y conocimientos propios que adaptan las teorías internacionales a la realidad nacional. “La incipiente legislación, la toma de conciencia paulatina, la ética informativa son temas que nos van a ir convirtiendo en especialistas, por las propias características difíciles de desarrollo de nuestro mercado”, enumera.

    “La ecología es, definitivamente, una ventaja competitiva para la empresa, una inversión a largo plazo que define un posicionamiento estratégico pero que se desarrolla lentamente y a un costo muy elevado debido a la crisis del sector”, dice.

    Entre los planes locales de inversión específica de Duperial, destaca el trabajo en los efluentes líquidos con mejoramiento en las piletas de procesos y en los efluentes gaseosos de las plantas de ácido sulfúrico y sulfuro de carbono del complejo industrial de San Lorenzo, así como en la minimización de emisiones de dióxido de azufre a la atmósfera mediante la elevación de la chimenea. Esta última inversión sumó casi 600 mil dólares.

    Isaura.

    RECICLAJE PARA LA SEGURIDAD.

    La empresa petrolera invirtió $ 3,5 millones en una planta de tratamiento de efluentes líquidos que opera sobre la ría de Bahía Blanca. Los desechos sólidos, en tanto, son enterrados mediante un método llamado landfarming, y se aplica el reciclaje para seguridad ambiental.

    Los efluentes gaseosos se manejan mediante el permanente monitoreo de las chimeneas para dispersar multifuentes, que se validan a través de la cromatografía.

    Isaura participa en la financiación de becas de investigación del Instituto Argentino de Oceanografía y en programas de divulgación de la Fundación Vida Silvestre.

    Ipako.

    SE NECESITA UN MARCO POLITICO.

    La petroquímica perteneciente al grupo Garovaglio y Zorraquín fue una de las pioneras del país en materia institucional acerca de la protección del medio ambiente. Federico Zorraquín integró el selecto consejo de 48 ejecutivos internacionales del International Business Council for Sustainable Development que asistieron a la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, la llamada Eco ´92.

    En el ámbito local, la inquietud se plasmó en el seno del Consejo Empresario Argentino para el Desarrollo Sostenido, cuya vicepresidencia segunda ejerce actualmente Zorraquín.

    César Gioia, gerente de Relaciones Institucionales y Comunicación de Ipako, opina que el problema más crítico de contaminación que existe en el país es el de los efluentes líquidos. Junto con Agosba, la empresa de agua y obras sanitarias de la provincia de Buenos Aires, la compañía realiza un estudio

    en la materia y forma parte del Plan Integral de Administración de la Calidad de Agua de la ría de Bahía Blanca, donde se ubican dos de sus plantas industriales. Participa también del Instituto Argentino de Oceanografía, Agosba y del Instituto Nacional de Ciencias y Técnica Hídrica. Además, lleva a cabo mejoras en los sistemas y realización de nuevas instalaciones para el tratamiento de efluentes de todas las plantas.

    Una auditoría técnica realizada por Ipako en sus instalaciones determinó el recambio del extremo de un reactor de la planta flotante del polo petroquímico de Bahía Blanca por otro que evitará la liberación de partículas de polvo de polietileno a la atmósfera. Paralelamente, se instruye a los empleados para evitar que cometan errores en los procedimientos que deriven en contaminación.

    Gioia afirma que el papel del Estado es crucial, por cuanto se encargará de elaborar normas y leyes, así como de diseñar la política ambiental adecuada para el país. “Las empresas debemos colaborar con el gobierno proveyendo información sobre los riesgos potenciales, los efectos y las prevenciones

    de los procesos industriales, así como poniendo a su disposición toda la capacidad técnica y profesional de la empresa para la investigación. De este modo, ayudaremos a que las normas actúen sobre las causas en lugar de sobre las consecuencias”, exhorta.

    Ipako aboga por el premio a los esfuerzos en el cuidado del ecosistema, en lugar del fomento al pago de impuestos compensatorios, que resultan más económicos para la empresa que trabajar por tratar de modificar las causas de la contaminación.

    El Estado debería exigir a cada nuevo proyecto industrial la realización no sólo de evaluaciones previas para asegurar que su aplicación y la tecnología contribuyan al desarrollo sostenible, sino también estudios que contemplen toda la vida útil de la planta y su destino final cuando caiga en la obsolescencia, opina.

    La empresa reclama un marco político generado con urgencia por el Estado para definir y cuantificar las conductas agresivas con el ambiente e instrumentar los medios para el cumplimiento de las normas. Las empresas, por su parte, tendrán que concientizar a toda la gerencia de que debe ser

    parte del proceso de transformación compatible con el desarrollo sostenible. No se trata de una cuestión que únicamente concierne a la gerencia industrial.

    Según el vocero de Ipako, el desarrollo sostenible debe considerarse un negocio porque abre nuevas y múltiples oportunidades, según la industria, los mercados a los que sirve y los productos que ofrece.

    Determinados cambios en el proceso de producción pueden lograr ahorros en los insumos, apoyados exclusivamente en el concepto de desarrollo sostenible. Y en cuanto a los mercados, Gioia afirma que Ipako trabaja juntamente con los clientes, en su calidad de usuarios o compradores industriales, en productos que a la larga aplican el concepto. Un ejemplo se da con las compañías transformadoras de resinas plásticas y con las que utilizan envases rígidos de acero y plástico o flexibles de tejido sintético y filme.

    En el campo de la nueva competencia, la ecológica será la más intensiva e importante del siglo próximo, dice. En las industrias procesadoras de recursos, como por ejemplo la del acero o la del cemento, la inversión para el control de la contaminación ocupa 10% del total. Es recuperable, ya que los productos y la empresa estarán mejor posicionados en el mercado internacional.

    En las nuevas tecnologías, concluye Gioia, no puede separarse fácilmente la parte ambiental de la mejora de la productividad. Por lo tanto, el costo puede llegar a ser cero.

    Liquid Carbonic.

    MAYOR CONCIENCIA, MAS INVERSIONES.

    Horacio Romaña está a cargo de la gerencia de Comunicaciones de Liquid Carbonic, una empresa multinacional dedicada a procesar los gases industriales, una actividad a la que en el hemisferio norte se asigna prioridad en créditos específicos, como los del Banco Mundial, para el cuidado del

    medio ambiente.

    El ejecutivo opina que en la Argentina el mayor problema de contaminación está en las cuencas hídricas, por lo que la empresa lleva un estricto control de efluentes adecuado a las normas vigentes.

    Liquid Carbonic también presta servicios a terceros en cuanto al análisis de efluentes líquidos y en la reducción de la alcalinidad hasta valores no agresivos al medio. Romaña considera que, en general, existe hoy una mayor conciencia acerca de la importancia del cuidado ambiental, que se traduce en

    un nivel de inversiones de consideración.

    Descarta prioridades fijadas de antemano, ya que las decisiones de inversión en la materia abarcan todo aquello que tenga por objeto evitar agresiones al medio ambiente.

    La política ambiental y su regulación, entiende Romaña, corresponden al Estado, como responsable del bienestar de la población. Queda para las empresas, según su óptica, promover y estimular todo lo relativo al cuidado del medio ambiente. En tal sentido, menciona la organización de un seminario

    internacional sobre gestión ambiental por parte de la Asociación Petroquímica Latinoamericana junto con el Departamento de Industria y Comercio de Gran Bretaña, a realizarse a fines de agosto en Buenos Aires.

    Indica que los países más avanzados marcan el rumbo y que la especialización llegará con el tiempo a estas latitudes. El management de esta materia será parte de la estructura empresaria argentina, una vez que se cubra la etapa de estudio y capacitación.

    Mc Donald´s.

    LA CAMPAÑA DE BIG MAC.

    La corporación desarrolla a nivel internacional una agresiva campaña de utilización de insumos menos contaminantes en los envases y fomenta todos aquellos que sean reciclables.

    También en la Argentina, los envoltorios de los famosos Big Mac se realizan con papel crudo, es decir, sin el proceso de blanqueado con cloro que, devuelto al agua, resta oxígeno e intoxica plantas y peces.

    Más de la mitad de los envases que no entran en contacto con las comidas que emplea McDonald´s en el país proviene de materiales reciclados. Las medidas incluyen la prescindencia del papel que envuelve las pajitas y los cubiertos y el uso de bolsas de papel para las papas fritas.

    En estudio se encuentra el rediseño del vaso para las bebidas y la reducción de los envases y servilletas para economizar el empleo de los materiales no reciclables.

    Para disminuir los residuos sólidos orgánicos que generan sus locales se estudia una combinación de reciclado y elaboración de compost (que se aplica a la fertilización de tipo orgánica), y ya en el país cultiva proyectos para transformar el aceite usado en jabón, usar detergentes biodegradables y

    reciclar los bidones de jarabe.

    Monsanto.

    NI UN COSTO, NI UN NEGOCIO

    .

    Para el responsable de cuestiones ambientales de Monsanto, Fernando Rey, “es evidente, hoy en día, que el impacto de la contaminación en los cursos de agua, donde las descargas industriales no tratadas tienen un alto grado de participación, ha llegado a niveles insostenibles, con el riesgo que

    representan para diversas poblaciones, sin hablar del deterioro que ocasionan en la vida acuática”.

    Pero hay otras situaciones preocupantes, como la acumulación o mala e indebida eliminación de residuos sólidos y semisólidos, ya que el país no cuenta con infraestructura o equipamiento para ello; no existen rellenos de seguridad o incineradores en cantidad y calidad suficientes para ese fin.

    Rey señala que los procesos industriales, aquí o en cualquier país del Primer Mundo, produjeron y producirán residuos riesgosos, aun reconociendo que las nuevas tecnologías se orientan a evitar su generación o su reciclado inmediato. Y si no se dispone correctamente de ellos, contaminarán, como sucede hoy en la Argentina, advierte.

    El especialista hace hincapié en la contaminación de las napas freáticas por la mala disposición de los residuos sólidos y líquidos precolados a través del suelo. Tras prevenir que resolver este problema es tremendamente costoso, puntualiza que no hay solución si primero no se corrigen sus causas.

    Señala, por último, las contaminaciones gaseosas industriales, que no son tan significativas en el país frente al simple rubro que es el automóvil.

    “Nuestra empresa ataca todos los frentes. Tiene una planta de tratamiento de efluentes líquidos cuyos efluentes finales, que se descargan sobre el río Paraná, no son contaminantes ni afectan la vida acuática”, explica Rey. “Se encaró con éxito un plan de reducción de emisiones gaseosas y hoy sólo

    significan una décima parte del nivel registrado en 1987. Los residuos sólidos (no implican grandes volúmenes) se acumulan en tambores, bajo techo y sobre piso de concreto, hasta incinerarlos.

    Actualmente, estamos estudiando las napas freáticas y los primeros resultados muestran que están incontaminadas, consecuencia de una buena operación industrial por décadas.”

    El ejecutivo de Monsanto estima que el cuidado del medio ambiente representa un problema cultural, en primer lugar, ya que es inútil disponer de tecnologías de avanzada si no existe conciencia para aplicarlas. Expresa que la opinión pública educada en temas ambientales fuerza a las empresas a su preservación. La industria está accediendo a la comunicación o sensibilidad de la cuestión ambiental, y algo atrás vienen las inversiones, pero la misma presión pública o marco legal, o la competencia, forzará más y más a considerar el factor medioambiental al decidir inversiones.

    Esto es lo que viene haciendo Monsanto -subraya-, lo cual implica aplicar tecnologías no contaminantes. Las inversiones de ingeniería correctiva para eliminar fuentes de contaminación serán cada vez menores, aplicables sólo a plantas de generaciones anteriores. “En 1987 construimos nuestra planta de tratamiento de efluentes con una inversión de US$ 1,2 millón, y en promedio

    destinamos US$ 300.000 anuales en estudios e ingeniería correctiva sobre plantas anteriores a 1987″, precisa.

    Según el ejecutivo de Monsanto, aunque el Estado es el que debe trazar el marco regulatorio en diálogo con la industria, éste debe considerarse una condición mínima para que las empresas marquen una línea de superación. “En el futuro veremos que las empresas que queden atrás o tengan mala imagen en temas ambientales perderán mercado”, pronostica.

    Paralela a este proceso viene la rápida profesionalización de cuerpos gerenciales dedicados al medio ambiente. “Para nuestra empresa la ecología no es ni un costo ni un negocio. Simplemente la definimos como una condición o premisa básica para estar en el mercado. En la industria química, sin cuidado del medio ambiente no se puede permanecer en el negocio”, concluyó.

    Occidental Exploration of Argentina.

    PROGRAMA EQUIVALENCIA.

    La filial local de una de las petroleras líderes del mundo (la legendaria Oxy) redujo 80% de sus residuos tóxicos mediante un programa de protección ambiental que, además de efectuar un seguimiento científico del proceso, demandó la instalación de dos plantas de recuperación, tratamiento y reinyección de agua salada para evitar la contaminación de las napas de superficie en su yacimiento de Mendoza. El proyecto le demandó US$ 9 millones y forma parte del programa internacional Equivalencia, que cada filial de la corporación debe ejecutar.

    Las inversiones en el país destinadas al medio ambiente que declara la compañía ascienden a US$ 20 millones en 10 años, y para 1997 prevén el funcionamiento a pleno de sus programas.