Una compañía que hasta hoy mantenía una imagen impecable debe clausurar su planta por decisión judicial, acusada de contaminar el ambiente con la emisión de sustancias tóxicas. El caso puede resultar familiar para los lectores que recuerden episodios recientes de esta naturaleza, ocurridos en el país. Pero lo cierto es que el tema tiene vigencia más amplia. En el mundo actual, ninguna empresa está exenta de éste y otros riesgos.
Puede sufrir los efectos de un desastre o catástrofe natural, fuera de su capacidad de control; puede tener un accidente ecológico o verse obligada a retirar un producto del mercado por error grave en el proceso de producción o por sabotaje interno o externo. Puede sufrir un atentado terrorista o delictivo, que afecte la integridad física de sus empleados; o ser víctima de un chantaje o de un robo de secretos industriales.
Los riesgos son frecuentes e inmensos. Aún así, son muy pocas las compañías que tienen un plan para enfrentar desastres o un programa de reacción y de contención del daño ante circunstancias de este tipo.
El planeamiento para una crisis eventual se está convirtiendo rápidamente en un tema caliente en la estrategia de management. La falta de previsión ha provocado enormes pérdidas y daños irreparables para empresas que tenían sólido prestigio. Hay cierto mecanismo psicológico en contra de la previsión. Es como que pensar en la posibilidad de un desastre pudiera llamar a la catástrofe. Se recurre entonces a la técnica del avestruz: mejor ignorar el riesgo como si fuera ajeno a la vida de la empresa.
Una reciente investigación realizada en Gran Bretaña demostró que solamente una de cada tres empresas tiene diseñado un plan para reaccionar ante una crisis ecológica. Cuando se trata del daño que supone la alteración de los productos que ofrecen, solamente una de cada cuatro firmas saben qué hay que hacer para minimizar el riesgo. Es altamente probable que la proporción de compañías sin programa adecuado sea todavía más alto en la Argentina.
Una estrategia completa para enfrentar estas crisis de management debe ser desarrollada en forma interdisciplinaria por estudios de abogados, consultoras especializadas y especialistas en relaciones públicas y publicidad. Es también una nueva oportunidad de negocios para estas actividades.
En materia ecológica, la planificación para superar eventuales crisis está en pleno desarrollo.
Comienza a elaborarse un indicador de riesgo ecológico, que contempla las dimensiones de un eventual impacto ambiental desfavorable; la logística y la infraestructura necesarias para conjurarlos, y los riesgos derivados de la investigación y el desarrollo de nuevos productos.
En los ámbitos académicos y empresariales se empieza a hablar de la “lección de Kalundborg”. En esa pequeña ciudad de Dinamarca funciona una usina eléctrica, una refinería de petróleo, un laboratorio farmaceútico y una fábrica de cartón-yeso. La interdependencia ecológica lograda es admirable:
sustancias con potencial contaminante se reciclan y son usadas por todos o varios de los actores.
