miércoles, 29 de abril de 2026

    Los lavarropas al sol

    Nunca se había visto en estas playas una variedad semejante de lavarropas automáticos como la que atosiga actualmente los salones de venta de artefactos para el hogar. Entraron en pocos meses más de 35 marcas importadas, por US$ 37 millones, para disputarse una demanda que, en el mejor de los casos, rondará las 265 mil unidades en 1993.

    Hasta hace menos de dos años, cuatro exponentes vernáculos (Drean, Aurora, Philips y Eslabón de Lujo) se repartían “pacíficamente” los 150 mil clientes anuales promedio que se resignaban a pagar de más y equiparse con tecnología atrasada por lo menos ocho años en comparación con los monstruos fabricados en el hemisferio norte.

    Hoy, la ecuación se invirtió. Se ofrecen más vueltas en el centrifugado, programas con exclusión de agua caliente y demás chiches específicos a valores más bajos y en cuotas. Philips Whirlpool, Longvie, Candy, Coventry, Kenya, Indesit, Peabody, White Westinghouse, Sintall, Ariston/Zanella y otros “peso pesados” saltaron la valla del “lavapirulo” importado vastamente promocionado por Aurora para pelear las 240 mil ventas estimadas para este año.

    “El crecimiento de la demanda fue abastecido por empresas que estaban en el ramo y se lanzaron a producir, y por los importadores ocasionales de siempre que trajeron de Europa y Rusia aparatos que no cuentan con asistencia técnica”, explica Daniel Agrimbau, gerente de Marketing de Whirlpool Argentina, empresa que a nivel internacional adquirió la línea de grandes electrodomésticos de Philips.

    Según afirman en Sanargo, con el stock remanente podrían fabricantes locales e importadores irse más de un año de vacaciones.

    Algo parecido se escucha en Argentrom (subsidiaria de Zanella), donde a partir de noviembre comenzarán a fabricar los Ariston en San Luis. “Cuando salimos en junio, las condiciones no eran iguales a las de fines del año pasado; la fuerte proliferación de productos se sumó a cierta quietud en las ventas”, expresó el gerente de Marketing, Mariano Maers.

    Pero nadie se cruzará de brazos. Las encuestas dan 80% de hogares que todavía no cuentan con su lavarropas automático y hacia allí se dirige la artillería publicitaria. Ya en el primer semestre se invirtieron US$ 4,5 millones en avisos, casi lo mismo que en todo 1991, según cifras de Auditores Publicitarios.

    Para ganar esta guerra, los vendedores no trepidarán en sacrificar una porción de sus ganancias.

    Mariana Bonadies.

    Comer afuera.

    La promoción de un salón internacional de la alimentación a realizarse en mayo próximo en Buenos Aires (Mercofood `93) hizo hincapié en una encuesta del organizador de la muestra, la International Trade Marketing Services, según la cual de las 1.200 empresas alimenticias del país, sólo 25 ó 30 realizan con periodicidad alguna exportación.

    Presentándose como potenciadora del caudal exportador de ciertas industrias en la Argentina, la subsidiaria del World Trade Center (uno de los líderes mundiales del intercambio comercial) ubicó en 19% del total las ventas al exterior de alimentos, y reveló que 73% de éstas se concentran en una veintena de compañías, de las que sólo Molinos y Alpargatas despachan productos que no son commodities.

    Pero la otra cara de la moneda quedó al desnudo cuando, a pesar de atribuir un claro perfil exportador al sector alimenticio, le señaló “un preocupante crecimiento de las importaciones: 281% contra 35% de sus exportaciones”.