miércoles, 29 de abril de 2026

    Pistas

    Chrysler

    SE BUSCAN ACCIONISTAS.

    En Wall Street, su calificación financiera ha descendido al status de los llamados “bonos basura”.

    Cerró el primer semestre de 1992 con una pérdida de US$ 553 millones. Y aun así, la compañía Chrysler, bajo la vigorosa dirección de Lee Iacocca, espera convencer a los inversionistas norteamericanos y extranjeros de que suscriban su emisión de nuevas acciones por US$ 400 millones.

    Iacocca insiste en que sobran razones para el optimismo: la recesión, que pulverizó las reservas de la empresa, parece haber concluido, se logró la meta (planteada en 1989) de reducir la base de costos en US$ 3.000 millones, y los nuevos modelos prometen ser un éxito de ventas.

    Pero, ¿es suficiente esto para aventar el fantasma de una nueva crisis. A diferencia de General Motors y Ford, que cuentan con una difundida presencia en el exterior, Chrysler depende fuertemente del alicaído mercado norteamericano. La compañía necesita, además, invertir una enorme suma (US$ 16.600 millones) antes de 1995 para renovar toda su línea de automóviles, utilitarios deportivos y camionetas.

    Por ahora, el destino de Chrysler parece depender de dos incógnitas. La primera es hasta cuándo permanecerá al timón el inefable Iacocca, el hombre que la rescató del desastre hace dos décadas, y que acaba de cumplir 67 años.

    El segundo interrogante es si Chrysler terminará absorbida por otro emporio automotor. Se sabe que Iacocca mantuvo prolongadas conversaciones con la Fiat italiana, hasta fines del año pasado. Las negociaciones naufragaron en medio de los vientos de la recesión, pero casi de inmediato comenzaron a escucharse rumores de que la compañía Ford estaba siendo cortejada con secretos planes matrimoniales.

    – Cervezas –

    SIN ALCOHOL, PERO, ¿CON SABOR?.

    Las destilerías norteamericanas llegaron tarde al prometedor mercado de las cervezas sin alcohol, pero ahora disputan el terreno palmo a palmo contra sus experimentados pares europeos.

    Los expertos auguran un aumento de 40% en las ventas de las cervezas sin alcohol durante 1993.

    Claro que esto no representa mucho, si se considera que esta variedad ocupa apenas 1% en las cifras totales del sector. Pero los beneficios, en términos de reforzamiento de las marcas, pueden ser importantes.

    El problema es que se requieren grandes inversiones en tecnología para lograr la meta que las destilerías vienen persiguiendo hasta ahora sin éxito: que la cerveza sin alcohol tenga el mismo sabor que el producto original. Si se consiguiera esto, la bebida de la espumita competiría con enormes ventajas frente a otras alternativas light.

    La firma norteamericana Stroh acaba de patentar un nuevo método, basado en la técnica de centrifugado, para producir su Old Milwaukee sin alcohol. El líder del sector en Estados Unidos, Anheuser-Busch (dueño de la marca Budweiser) utiliza, en cambio, un complicado procedimiento de separación a través de una membrana. Coors y Miller apelan al control de la fermentación. Otros fabricantes optaron por la solución más barata y sencilla: diluir un concentrado de malta en agua carbonatada. Pero esta última variedad encuentra despiadados críticos. Dicen que el producto es el mismo que obtendría cualquiera en su casa mezclando cerveza con soda de sifón.