viernes, 3 de abril de 2026

    La calidad en las empresas de servicios (parte I)


    Desde hace más de cuatro décadas, las
    empresas de servicios prosperaron con organizaciones diseñadas
    de acuerdo con los principios de la tradicional fabricación
    en serie. En la actualidad, este modelo está anticuado.
    La imitación del modelo industrial termina por degradar
    la calidad del servicio que una empresa puede proporcionar, poniendo
    en movimiento un ciclo de fracaso que


    produce clientes insatisfechos, empleados desdichados,
    alta rotación de unos y otros… y, por tanto, menores
    beneficios y una productividad global más baja.


    En la actualidad hay empresas de servicios que están
    invirtiendo el ciclo de fracaso al situar en primer lugar a los
    trabajadores que están en contacto con el cliente y diseñar
    el sistema empresarial en torno de ellos. Como consecuencia, están
    creando un modelo que sustituye la lógica de la industrialización
    por una nueva lógica orientada al servicio. Esta es la
    lógica:


    * Valora las inversiones en las personas tanto como
    las inversiones en tecnología… y algunas veces más.


    * Utiliza la tecnología para apoyar los esfuerzos
    de los trabajadores de primera línea, no simplemente para
    vigilarlos o sustituirlos.


    * Hace que el reclutamiento y la capacitación
    sean esenciales para todo el mundo.


    * Enlaza la retribución con el rendimiento
    de los empleados en todos los niveles.



    La Empresa de Servicios Debe Estar
    Orientada al Servicio.



    Durante más de 40 años las empresas
    de servicios siguieron con éxito un modelo industrial basado
    en los principios de la tradicional fabricación en serie.
    En la actualidad dicho modelo está anticuado, es tan peligroso
    a largo plazo para la salud del sector de servicios y para la
    economía estadounidense


    como ya ha sido demostrado que lo es para la fabricación.
    Aquel modelo conduce inevitablemente a la degradación de
    la calidad de servicio que una empresa puede prestar, y pone en
    movimiento un ciclo de fracaso que es igualmente malo para los
    clientes, los empleados, los accionistas y el país.


    Entre sus síntomas están el descontento
    de los clientes, una alta rotación del personal, el estancamiento
    o la disminución de las ventas y poco o ningún aumento
    de la productividad de cada una de las empresas y de los servicios
    en conjunto.


    Como ejemplo, piénsese en una situación
    a la que tiene que hacer frente ahora McDonald´s. Desde el día
    en que Ray Kroc abrió su primer puesto de hamburguesas
    en 1955, el sistema de la empresa ha sido un modelo de servicio
    eficiente, no sólo para los explotadores de establecimientos
    de comidas rápidas sino también para los hoteles,
    almacenes minoristas, bancos y docenas de otros negocios en los
    que el contacto personal constituye una parte esencial de la entrega
    de valor a los clientes. Todos los aspectos de la actividad están
    diseñados para asegurar un servicio rápido, unos
    ambientes


    limpios y unos productos uniformes. No se deja nada
    al azar ni a la descripción individual: una franquicia
    de McDonald´s no puede decidir ya vender emparedados de atún
    (la cocina no tiene lugar para prepararlos) del mismo modo que
    un dependiente no puede sacar de la freidora demasiadas (o


    muy pocas) papas fritas.


    Las recompensas de este enfoque de producción
    en serie han sido enormes. Durante años, nadie en este
    sector industrial podía igualar el crecimiento y rentabilidad
    de McDonald´s. Luego, al final de los años ´80, cambiaron
    las cosas. McDonald´s pasó una época difícil
    buscando empleados satisfactorios,


    especialmente en los barrios residenciales. Los costos
    de construcción se dispararon, lo mismo que los precios.
    Por primera vez las ventas y los ingresos de explotación
    de muchos de los grandes almacenes minoristas norteamericanos
    empezaron a estancarse o incluso a descender. Atraídos
    por


    los competidores que ofrecían menúes
    más variados, precios más bajos o ambas cosas, los
    clientes desertaron y continúan haciéndolo. Y aunque
    McDonald´s trabaja con ahínco para recuperarlos, sus propios
    sistemas están limitando su capacidad para responder.


    La manera de pensar de una cadena de producción
    en serie no puede ayudar a las tradicionales empresas de servicios
    como McDonald´s, que ahora se enfrentan con una presión
    sin precedentes por parte de los nuevos competidores. Atraer y
    conservar a los clientes de hoy exige un enfoque


    fundamentalmente distinto, uno que invierte lo que
    denominamos el ciclo de fracaso. La premisa básica es sencilla:
    el antiguo modelo sitúa en último lugar a las personas
    que prestan el servicio a los clientes; el nuevo modelo pone en
    primer lugar a los trabajadores de primera línea y diseña
    el sistema empresarial en torno de ellos. Las consecuencias de
    esta inversión son profundas, como están descubriendo
    los directivos superiores en empresas como Dayton Hudson y Fairfield
    Inn, que han hecho de la prestación del servicio la característica
    sobresaliente de su estrategia competitiva.



    EL NUEVO MODELO.



    Está surgiendo un nuevo modelo de servicio
    que reemplaza al antiguo de industrializar cada elemento del negocio.
    En este nuevo modelo, las empresas:


    * valoran las inversiones en personas tanto como
    las inversiones en máquinas, y algunas veces más;


    * utilizan la tecnología para apoyar los esfuerzos
    de los hombres y de las mujeres de primera línea, no simplemente
    para vigilarlos o sustituirlos;


    * hacen que el reclutamiento y la capacitación
    sean decisivos tanto para los dependientes y los supervisores
    como para los directivos y los ejecutivos superiores;


    * vinculan la retribución a los rendimientos
    de los empleados en todos los niveles, no sólo en los de
    la cumbre.


    Por último, para justificar estas inversiones,
    en la nueva lógica se utilizan datos innovadores que la
    contabilidad y el sistema de medición tradicionales no
    buscan: los costes agregados de la rotación de clientes
    o de empleados, por ejemplo, o los mayores márgenes de
    beneficio que pueden proporcionar los clientes asiduos.


    Hasta ahora, ni una sola empresa ha reunido todas
    las piezas de este nuevo modelo de servicio. Pero la lógica
    interna ya está viéndose con claridad: los trabajadores
    capaces que están bien adiestrados y justamente retribuidos
    proporcionan mejor servicio, necesitan menos supervisión
    y es mucho más


    probable que permanezcan en el puesto de trabajo.
    Como consecuencia, es probable que sus clientes estén más
    satisfechos, vuelvan más a menudo y quizá incluso
    compren más de lo que harían de otro modo. Para
    cada una de las empresas, esto significa una mayor competitividad.
    Para los Estados


    Unidos en conjunto, significa la creación
    de puestos de trabajo de servicio de primera línea que
    puede llevar más trabajadores a la corriente principal
    de la vida económica.


    Más de 45 millones de personas (o aproximadamente
    42% de la población activa de EE.UU.) están empleados
    en servir alimentos, vender artículos en establecimientos
    minoristas, realizar trabajos administrativos en empresas de servicios,
    limpiar hospitales, escuelas y oficinas, o proporcionar alguna
    otra forma de servicio personal. Estas son las ocupaciones que
    suponen la mayor parte del crecimiento de los puestos de trabajo
    norteamericanos en los años ´80, un patrón que continuará
    por lo menos hasta fin de siglo. Sin embargo, en su mayor parte,
    estos puestos de trabajo están deficientemente pagados,
    no conducen a ninguna parte y en lo que se refiere a la salud,
    la pensión u


    otras prestaciones complementarias aportan poco si
    es que aportan algo. Muchos son verdaderamente puestos de trabajo
    sin ninguna oportunidad de progreso (véase el cuadro "Los
    puestos de trabajo sin oportunidad de progreso").


    Durante largo tiempo, los demógrafos enmascararon
    esta realidad. A medida que los que nacieron en el "baby
    boom" y las mujeres casadas pasaron a la población
    activa, parecía razonable creer que éstos eran principalmente
    primeros empleos para adolescentes o una fuente de ingresos suplementarios
    para las familias en las que hay dos asalariados. Ahora, sin embargo,
    ya no es así. El número de jóvenes que llegan
    al mercado de trabajo ha disminuido bruscamente, mientras que
    muchas, cuando no la mayoría, de las mujeres se ganan el
    sustento y a menudo son también solteras o separadas. La
    realidad es que las personas que están detrás de
    las cajas registradoras, de los


    mostradores y de los aspiradores de polvo son adultas.
    El trabajo que están desempeñando es cada vez más
    probable que sea su forma permanente de empleo.


    Además, para muchos trabajadores del sector
    de servicios, lo que es permanente es el trabajo en sí,
    no un determinado puesto de trabajo. La vieja lógica industrial
    ha creado una nueva clase de trabajadores emigrantes en los Estados
    Unidos: unos 16 millones de trabajadores de servicios, según


    cifras del Ministerio de Trabajo. Como los trabajadores
    del campo que van de granja en granja, estas personas viajan de
    un empleo de corto plazo a otro de la misma condición desmotivándose
    cada vez más con cada traslado. Algunas veces son despedidos
    porque el rendimiento es insuficiente. Pero a menudo se los deja
    a propósito que se marchen antes de que se cualifiquen
    para los cinco o diez centavos más por hora que la antigüedad
    de tres meses exigiría.


    Los directores generales y sus directivos superiores
    son responsables fundamentalmente del bienestar en sus empresas,
    no del bienestar de la sociedad en general. Pero en el ciclo de
    fracaso coinciden las dos. En la actualidad, un puñado
    de precursores ha optado por romper el ciclo al


    reconocer y recompensar el valor que proporcionan
    sus trabajadores de servicios de primera línea.


    Los resultados hasta ahora son alentadores. Normalmente
    los empleados ganan más y disfrutan de sus empleos más
    que los de empresas comparables. Los patronos informan de tasas
    más altas de satisfacción de los clientes y de conservación
    de los mismos, de menor rotación del personal y de mayores
    ventas. Estas empresas, preferidas en sus sectores, están
    delimitando posiciones fuertemente competitivas basadas en un
    sistema que produce un servicio uniformemente bueno… y que los
    competidores ligados al viejo modelo industrial serán incapaces
    de igualar.



    Los puestos de trabajo sin oportunidad de progreso
    dominaban muchas de las industrias del sector de servicios que
    más crecieron en los años ´80…



    Puestos de Puestos sin Crecimiento Crecimiento


    trabajo añadidos oportunidad del salario
    horario de la producción


    en 1989 de progreso * real medio 1979-1989 1979-1989






    Restaurantes 1.857.000 93.7 % -2.1 % -0.5 %


    Tiendas de comestibles 887.000 91.7 -3.1 N/A


    Oferta de personal 824.00 81.2 -0.3 -4.4


    Hoteles 529.000 91.5 -0.2 -1.1


    Servicios de construcción 321.000 95.9 -1.3
    -2.1


    Grandes almacenes 178.000 91.7 -1.3 N/A



    Fuente: Ministerio de Trabajo de EE.UU, Oficina de
    Estadística del Trabajo.


    * En los puestos de trabajo que clasificamos como
    sin oportunidades de progreso, el empleado medio tiene como máximo
    un diploma de segunda enseñanza.