martes, 28 de abril de 2026

    Los envases alemanes no irán a la basura

    Alemania se colocó a la vanguardia de los ambientalistas europeos al implantar un sistema nacional de reciclaje de envases único en el mundo. La flamante reglamentación no tardará en crear nuevas fuentes de trabajo porque obliga a reducir los desechos o fabricar nuevos productos a partir de ellos.

    Se calcula que dentro de algo más de dos años, el 80% de los 11 millones de toneladas de envases que actualmente circulan por el país habrán sido recuperadas.

    La aplicación de la medida se da progresivamente. Desde diciembre dejaron de tirarse y quemarse los envases que sirven para transportar mercadería. A partir de abril ocurre otro tanto con los “envases de venta”, y en enero de 1993 se afectará al “envase del producto”.

    Pero no es fácil implementar una ley tan revolucionaria. En la fase que afecta a los “envases de transporte”, los fabricantes de envases, los de productos y los comerciantes no se ponen de acuerdo sobre quién cargará con el costo anual ($625 millones) de recolectar y transportar las 2.300.000 toneladas de materiales. Tampoco ha quedado claro qué se entiende por envase de transporte, de producto y de venta.

    Consumidores, industriales y comerciantes formaron una compañía independiente, la Duales System Deutschland, que supervisará la recolección y reciclaje de la basura. La DSD vende las licencias para usar su logo: el “punto verde”. Quienes la obtienen están autorizados a colocar el símbolo en sus

    envases, señal que indica que serán recogidos y reciclados.

    Sesenta compañías europeas e internacionales presentaron quejas contra la ley alemana, acusándola de restringir el libre movimiento de la mercadería dentro de su jurisdicción y de ser ecológicamente defectuosa por no considerar la energía que insume en la recolección y el reciclaje. Entre ellas, una empresa holandesa que representa los intereses de 40 mil compañías de transporte y logística también denunció ante la Comunidad Europea que la carga financiera de cumplir con la ley es más alta para las empresas extranjeras que para las alemanas.

    Tampoco los ambientalistas alemanes se muestran conformes. Jan Bongaerts, presidente del Instituto de Política Ambiental en Bonn, afirma que no entiende cómo van a hacer para reciclar los envases artificiales. “La industria -dijo- no está capacitada para hacer nada significativo con ellos.” La asociación de fabricantes de envases plásticos en Alemania acaba de formar una organización -la VGK, según siglas alemanas- que se responsabiliza del reciclaje de estos envases. El conflicto está latente porque, para fin de año, las plantas de clasificación y reciclaje deberán procesar 400.000 toneladas de plástico y la DSD ya amenazó con revocarles la licencia si no se halla una solución.

    Zorraquín da con la lata ecológica.

    En algún lugar del sur del Gran Buenos Aires se emplazará una fábrica, de la que aún no se conoce el nombre, para abastecer de envases de lata de aluminio y de tapitas inviolables de polipropileno, todo reciclable dentro de los cánones ecológicos que empiezan a aplicarse en Europa y Estados Unidos, a

    las plantas embotelladoras de Coca Cola en Monte Grande, de Pepsi en Barracas y de Quilmes en la localidad homónima.

    Lo que sí se sabe es que dentro de un año emergerán de sus entrañas 1.400 “latas” de aluminio por minuto, con una producción anual de 600 millones de unidades, más 1.000 millones de tapas con faja de seguridad de polipropileno, para las botellas de plástico PET de un litro, litro y medio o dos litros de bebidas colas tan en boga en la Argentina desde hace dos años.

    Los socios son Garovaglio & Zorraquín de Argentina, y la firma líder mundial en el ramo, Crown & Cork de Estados Unidos, que destinarán US$ 35 millones a la construcción de la planta. Federico Zorraquín, a cargo del proyecto industrial y director ejecutivo de la firma Saiar, dijo que existe un amplio mercado en crecimiento en el consumo de bebidas gaseosas, tanto por su practicidad para el hogar como por el potencial que encierra el negocio de las máquinas expendedoras.

    En tal sentido, Rafael Farace, de Buenos Aires Embotelladora (Pepsi Cola), comentó que el consumo de las bebidas soft en la Argentina es de unos 80 litros por habitante y por año, mientras que en México es casi el doble y en los Estados Unidos es algo así como el 136% superior.