La Patagonia tiene toda la tierra que le falta a Europa. Desde los albores del siglo viene cobijando en su regazo a una camada de inmigrantes españoles e italianos, sobre todo, que la guerra y la escasez de espacio expulsaron hacia la joven América. Los descendientes de muchos de ellos son hoy los dueños de la mayoría de las 5.000 chacras que se encolumnan, flanqueadas por álamos, en la franja comprendida por los ríos Negro y Neuquén y las vías del ferrocarril Roca. Las aguas bañaban las 100 mil hectáreas plantadas con manzanas y peras, principalmente, y el tren llevaba la fruta al puerto de Bahía Blanca para embarcarla hacia el otro lado del Atlántico.
Es como si los italianos, holandeses, alemanes, suecos y franceses, destinatarios de los cajones cerrados en el Alto Valle, hubieran tendido un puente por el océano.
La región colonizada por el general Roca vierte en el mercado internacional 800 mil toneladas de manzanas y peras, que representan en divisas unos 150 millones de dólares.
El negocio era floreciente hasta que las condiciones cambiaron. Surgieron con todo Nueva Zelanda, Sudáfrica y Chile ofreciendo mercadería y los compradores europeos, que antes pagaban sin chistar lo que viniera en el granel, se volvieron exigentes con las variedades libres de virus, tamaño, color y empleo de pesticidas.
El ciclo se va cerrando porque se requieren capitales para voltear arbolitos de la vieja tanda y plantar los que se cotizan sin problemas. Los productores que viven de la cosecha no se pueden dar el lujo de conseguir, como mínimo, 1.500 dólares por hectárea para la reconversión y esperar al cuarto año para empezar a vender.
Como la transformación es inexorable, las grandes compañías locales del sector se van ampliando, pero con una tendencia ya manifiesta a buscar socios extranjeros que no sólo aporten el dinero sino la estructura comercial en los centros de consumo.
La nueva generación italiana tomó la iniciativa. Como sus ancestros, miran a América, pero ya no para radicarse sino para extraer los frutos de la tierra.
El empresario Franco Bocchi, dueño de una organización mayorista que abastece 1.800 supermercados en Italia, Alemania, Suiza y los Países Bajos, compró el 47% de la mayor exportadora argentina de fruta, Expofrut (facturó US$ 100 millones el año pasado), e invertirá US$ 10 millones en cuatro años.
Sus campos en el valle argentino se trabajan ya como las 100 mil hectáreas modelo de las que se nutre en Bálsano, Italia. Donde normalmente se colocan 1.250 plantas en una hectárea, las técnicas de conducción y el riego por microjet le permiten llegar a las 1.650. La inversión va de 5.000 a 6.000
dólares por hectárea, que amortiza en cinco años.
Junto con él y detrás se amasa una corriente de joint ventures que propicia el tratado con Italia, gracias a los créditos a 10 años pagaderos desde el tercero a un costo del 6% anual.
Graneros free .
El decano de la Escuela de Administración de Massachusetts, Lester Thurow, acaba de aconsejarle a la Argentina que aproveche la oportunidad de “cultivar vegetales y frutas para vender a contraestación, ya que Europa, Japón y Estados Unidos tienen el dinero y las necesidades de esos bienes, que van a valer más que el simple cultivo de granos”.
Casi como si lo hubieran adivinado, ya algunos chacareros del país se encuentran trabajando dentro del Programa Nacional de Producción Orgánica, perteneciente al Instituto Argentino de Sanidad y Calidad Vegetal (que funciona en dependencias de la Junta Nacional de Granos), en la siembra con métodos orgánicos de vegetales ecológicos para colocarlos en los países ricos, que pagan sobreprecios de hasta un 40% para que los libren de pesticidas y fertilizantes.
Ya hay peras y manzanas libres de contaminación, embaladas en el Alto Valle de Río Negro por Eduardo Schoultnes, que pasaron por el filtro del Registro Nacional de Certificadores de Productos Orgánicos, lo mismo que frambuesas cosechadas en El Bolsón y granos en el territorio bonaerense.
Las perspectivas son halagüeñas, debido a que se estima que la demanda de vegetales plantados con abonos orgánicos para el 2.000 ocupará el 20% del total.
Medios.
Tendrán La Razón.
Para fines de este mes Federico Peralta Ramos se propone sacar de nuevo La Razón en sus ediciones 5ta. y 6ta. La condición es que le quede el título limpio de la quiebra que se le sigue a la empresa, con su edificio, talleres gráficos y 1.200 exonerados, para lo cual las partes deberán acordar judicialmente. La conducción del proyecto, financiado por Carlos Spadone, se le confió a Juan Alemann y las impresiones se harán en los talleres de Ambito Financiero.
Alto Perfil.
Acicateado por el éxito de ventas de Noticias, Jorge Fontevecchia prepara un programa de inversiones de US$ 6 a 7 millones para sacar nuevas revistas. En carpeta tiene un proyecto caratulado “Caras”, con el que piensa salir a competir con Gente.
Imágenes de radio.
Luego que Atlántida comprara el paquete de Continental a través de
Telefé, se sacudió el diario La Nación y se quedó con Del Plata. Los editores de la calle Bouchard apuntarían a conquistar para sus filas, el año próximo, a Mariano Grondona y Magdalena Ruiz Guiñazú.
Foro de Clarín y Canal 13.
El 20 y 21 de octubre, en el hotel Libertador Kempinski, organizan el Foro Internacional de Medios que tratará la creatividad en los medios de comunicación. Sobre Marketing de Medios disertará Don Schulz, profesor de Northwestern University; la segmentación de la audiencia, por Joe Philport, vicepresidente y director internacional de investigación de Young & Rubicam USA; la sensibilidad publicitaria de una marca, por Alice Sylvester, vicepresidente de Asociate Media Research Director de Walter Thompson; la creatividad, qué es y cómo uno puede beneficiarse de ella por Washington Olivetto, presidente de W/Brasil de Publicidad; cómo los directores de medios de agencias de publicidad pueden contribuir con creatividad a los mensajes por
José Sirvent, vicepresidente de Carat-Barcelona; el club de lectores, una herramienta para ganar lectores y anunciantes por Alejandro Arze Scarneo, gerente comercial del diario El Mercurio de Chile; los medios del marketing directo por Martin Meyer, presidente de Meyer & Meyer Direct; Who is
Who en el mercado porteño, conclusiones sobre una investigación de la Asociación Argentina de Marketing acerca de cómo determinar los niveles socioeconómicos, por Norah Schmeichel, presidente de Sygnos, y una presentación de comerciales de televisión por Juan Ramón Gujis.
Congreso Argentino de Marketing.
La marca es la clave.
Por Ruth Andrada.
Socia directora del Estudio Prisma.
En los tres intensos días que duró el congreso organizado por la Asociación Argentina de Marketing, el tema convocante, “Claves para competir”, se desarrolló en 27 exposiciones, varias de ellas en simultáneo. Como suele suceder en estos casos, se concretaron muchos encuentros informales,
aprovechando la presencia de algunos marketineros de otras ciudades argentinas, así como la de expositores extranjeros (norteamericanos, brasileños, algunos europeos y un chileno).
Hubo varias exposiciones estimulantes, de aquellas en las que yo estuve, que no fueron todas. Y no lo digo por las de los personajes más famosos, como Stan Rapp o Philip Crosby, excelentes expositores ambos, pero a quienes me parece más productivo leer, dado el carácter y amplitud de los temas que abordan, así como el hecho de que repiten lo que ya escribieron. Más bien me refiero a otras que, teniendo un alcance más recortado, mostraban un grado importante de elaboración. Incluyo en esa categoría la charla del consultor francés George Chitochine, que explicó brevemente sus teorías acerca de las marcas, las categorizaciones que utiliza para entender el funcionamiento de
los mercados y diagnosticar las causas del desempeño insatisfactorio de un producto, en un contexto caracterizado, por una parte, por el poder que le da a la distribución su concentración creciente y, por otra, por un comprador a quien 35 mil metros cuadrados de productos juntos pueden poner en estado de shock.
También me llamó la atención lo que dijo Penelope Queen acerca de los métodos de investigación que utiliza su agencia (Saatchi & Saatchi) para desarrollar marcas o relanzarlas: una batería consistente, que recupera algunas de las más sólidas y lamentablemente poco practicadas tradiciones norteamericanas, como los aportes de aquel grupo de la Universidad de Chicago que formó Social Research Inc., en los años ´60, para articularlas con herramientas estadísticas que se desarrollaron después, ajustándolas con inteligencia a los nuevos problemas.
En síntesis, el Congreso Argentino de Marketing puede considerarse un aporte muy importante, que deja una experiencia para aprovechar en la próxima edición: la necesidad de concentrar la agenda en pocos temas que pudieran tratarse entonces con mayor tiempo y profundidad, a lo que también ayudaría contar de antemano con una copia de las exposiciones, si es que para ese momento ya podemos permitirnos esos lujos del Primer Mundo.
