martes, 26 de mayo de 2026

    Las mujeres de IBM

    Ellen Hancock, vicepresidenta y gerente general de la división sistemas de comunicaciones de IBM, es la ejecutiva más senior de la compañía, sobre un total de 350.000 empleados. Según el Financial Times, es una de las mujeres que más alto ha llegado en el mundo de los negocios y tiene bastantes posibilidades de suceder al CEO, John Akers, cuando éste pase el bastón de mando.

    Pero Hancock no es una rara avis en el muy masculino universo de Big Blue. En la Argentina, otra mujer, Susana Malcorra, gerente de ventas al sector público de IBM Argentina (1.650 empleados), también ocupa uno de los puestos más encumbrados (el quinto o sexto) en la jerarquía local.

    Mientras en muchísimas corporaciones internacionales las ejecutivas chocan contra un invisible techo de cristal que les impide seguir ascendiendo como sus colegas hombres, IBM parece estar realmente comprometida con la política de igualdad de oportunidades.

    “Durante años, IBM deliberadamente trabajó para asegurarse de que las mujeres avanzaran en la empresa”, dice Hancock. “En mi caso, hubo momentos en los que sentí que estaba lista para dar otro paso y otros en que la compañía me dijo: Te empujaremos un poquito más.”

    Según ella, en la empresa hay muchas mujeres gerentes de primera y segunda línea y jefas de división que están listas para ocupar cargos senior.

    Una de ellas es Susana Malcorra, quien afirma: “Realmente siento que me tratan como un par, en las buenas y en las malas. Nadie tiene especial consideración conmigo por el hecho de ser mujer”. En 1985, Malcorra pasó un año en la sede de IBM en Mount Plaisant, Nueva York, asistiendo al Managers Acceleration Program, un programa diseñado para ejecutivos con gran potencial de crecimiento dentro de la empresa.

    Varias cosas unen a Hancock y Malcorra. Desde su temprana vocación por las ciencias y la matemática, hasta su pasión por el trabajo y la determinación de tener éxito. Pero hoy, en momentos en que IBM enfrenta una feroz competencia de empresas más pequeñas y dinámicas que amenazan con convertir al gigante azul en un pesado dinosaurio, ambas se encuentran al frente de dos áreas críticas para la supervivencia de Big Blue.

    El caso Hancock.

    La división Networking Systems (Sistemas de Redes), que conduce Ellen Hancock, es un negocio de US$ 5.000 millones que ocupa a 12.000 empleados. Entre las compañías más grandes de Estados Unidos, 62% utiliza el Systems Network Architecture (SNA o Arquitectura de Sistemas de Red) de IBM para conectar a sus computadoras entre sí. El problema que enfrenta Hancock es que, con 18 años de existencia, el SNA está envejeciendo rápidamente y necesita incorporar la tecnología de punta de los años ´90.

    En la última década, como IBM dominaba los sistemas de redes, subestimó el enorme éxito que iban cobrando sistemas alternativos que conectaban computadoras personales entre sí, sin la necesidad de los costosos mainframes. El SNA estaba diseñado para la era anterior a las PCs, cuando los equipos centrales interconectaban terminales bobas que no podían procesar información por su cuenta.

    Para recuperar el tiempo perdido, IBM anunció en marzo el inminente lanzamiento del Advanced Peer-to-Peer Networking (APPN), una extensión del SNA que reduce la dependencia de los equipos centrales. Abandonando su tradicional sistema cerrado, IBM también se apresta a lanzar una computadora especial, la 6611 Network Processor, compatible con sistemas de redes de otras marcas.

    Para entrar al siglo XXI pisando fuerte, los científicos e ingenieros de IBM están trabajando a toda máquina en un nuevo dispositivo llamado Planet, que permitirá mover 10.000 millones de bits por segundo (aproximadamente 350.000 páginas), para que las redes puedan transmitir texto, datos, voz e imágenes tridimensionales de video.

    El problema, dicen los escépticos, es que el SNA no puede transmitir a esa velocidad. En un artículo de la revista Business Week, Tom Garrity, director de comunicaciones centralizadas de Litton Industries, preguntaba: “¿Podrá (IBM) presentar un producto que sea realmente útil?”. Este es el gran desafío de Ellen Hancock.

    El caso Malcorra.

    Los problemas de Susana Malcorra son de dimensiones menores y aparentemente mucho menos complejos, pero de su exitosa solución depende que IBM Argentina mantenga el liderazgo en el mercado local.

    Malcorra trabaja en la división marketing, al frente de un equipo de 65 personas (10 de ellas mujeres) que se ocupa de las ventas al sector público. Tradicionalmente IBM ha sido el proveedor casi monopólico del Estado. Según datos de la Subsecretaría de Informática, IBM absorbe 86% de sus compras de servicios y equipos de computación. Algunos analistas calculan que el Estado ha sido un cliente de por lo menos US$ 100 millones anuales, aproximadamente una quinta parte de la facturación de la Big Blue local.

    Desde que se hizo cargo del sector en 1985, Susana Malcorra supo navegar exitosamente en aguas turbulentas. El Estado quebrado demoraba los pagos, y tras las hiperinflaciones, simplemente dejó de pagar. Paradójicamente, las privatizaciones y la apertura (que Malcorra aplaude abiertamente) se han convertido en su mayor dolor de cabeza, ya que, al pasar a manos privadas, las grandes empresas públicas han ido dejando a IBM como único proveedor. Según diversos analistas, las compañías privatizadas se irán pasando a sistemas más abiertos, compatibles con otras marcas y, en algunos casos, más baratos.

    Pero Malcorra niega rotundamene que su compañía esté perdiendo mercado. “Telefónica y Telecom son grandes clientes de IBM. Es probable que la apertura y las privatizaciones hayan generado más competencia, y que en las oficinas de nuestros clientes uno no vea todo blue. Pero también es cierto que hay más oportunidades de negocios. Por ejemplo, Entel estaba en una situación de subsistencia; en cambio, las telefónicas privadas ahora están invirtiendo millones. La torta se ha agrandado.”

    IBM ha logrado anudar importantes contratos de servicio y equipamiento con Aerolíneas Argentinas, con varios bancos oficiales y, sobre todo, con la Dirección General Impositiva (DGI), donde el nuevo sistema informatizado de recaudación fue totalmente montado por el gigante azul.

    Malcorra dice que ahora ya no tiene que batallar con la falta de pago del Estado y sus empresas, ya que muchas de sus cuentas se pagan con préstamos internacionales. “El Banco Mundial está poniendo dinero en todas las áreas que ayudan al saneamiento del Estado. Claramente, la informatización es clave, sobre todo en el área de recaudación”, afirma.

    Y a quienes pronostican que IBM perderá terreno debido a su pesada tecnología de mainframes y sistemas cerrados, Malcorra responde: “Estamos trabajando mucho con sistemas abiertos. La DGI es un buen ejemplo: tiene todo montado en base a sistemas abiertos”.

    A fin de año, cuando casi todas las empresas públicas ya estén en manos privadas, el balance de IBM Argentina será un buen indicador para saber quién ganó la partida: Susana Malcorra o la competencia.


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