Pacto entre ricos y pobres.
Un compromiso global entre economías prósperas y en desarrollo propuso el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas. El acuerdo debería lograr, para el 2000, educación universal básica para hombres y mujeres; atención de salud elemental y agua potable para todos; eliminación de la desnutrición, y acceso -al menos en 80%- a la planificación familiar. Se intentará crear empleos como para absorber el crecimiento de la fuerza laboral y reducir la pobreza absoluta en 50%. El beneficio no es sólo para los países más atrasados. Los industrializados tendrán ventajas: cooperación en materia ecológica y en control de tráfico de drogas, menos presión inmigratoria y menos riesgo de conflicto. ¿Cómo se financiará este plan? La propuesta es destinar 3% anual del gasto militar de todos los países, a través de la década. Se estima que se recaudaría US$ 1,5 billón (doce ceros).
Infraestructura en el Sudeste Asiático.
Son los países con mayor tasa de crecimiento económico en el mundo. Pero su futuro está amenazado: el nivel de expansión agotó las posibilidades de la infraestructura existente (comunicaciones, transporte y energía). Este grupo de países puede dar el salto cualitativo y llegar a los niveles de calidad de vida de los países industrializados. Pero para ello es preciso una inversión de US$ 600 mil millones. Muchas ciudades están a punto de colapsar; los puertos no dan abasto; hay escasez de mano de obra en algunos sectores; y aumenta el daño ecológico. La inversión en infraestructura puede ser útil en momentos de recesión en muchos de los países compradores de bienes de estos mercados.
Desigualdad de los negros en EE.UU.
En 1990, la población negra de EE.UU. tuvo un ingreso total de US$ 263 mil millones (más o menos, el PBI brasileño), 5,2% más que en 1988. El sector de mayores ingresos de la población negra (más de US$ 50.000 anuales) se cuadruplicó entre 1967 y 1989. En el mismo período, los ingresos de los blancos crecieron más rápido, y la tasa de pobreza entre los negros aumentó de 30,7 a 32,2%. La brecha entre negros ricos y pobres se agrandó, y el ingreso de la familia negra, como porcentaje de lo percibido por una familia blanca, descendió de 61 a 56% (último informe del Population Reference Bureau de EE.UU.).
Reinventar el gobierno.
Si EE.UU. pretende seguir siendo la potencia hegemónica, debe asumir el post-modernismo, o admitir lo diferente que es la sociedad actual. Ello implica una transformación radical de la burocracia y del gobierno. Ese es el mensaje de los ideólogos de George Bush en la administración pública, bajo la evidente influencia de un libro reciente: Reinventig Government (David Osborne y Ted Gaebler, editado por Addison Wesley, US$ 22,95). La tesis es que los servidores públicos están atrapados en estructuras organizativas que ya no funcionan. Así como modernismo se asocia con producción masiva, uniformidad y predictibilidad, post-modernismo se vincula con flexibilidad, libre elección y responsabilidad personal. Los diez principios de reforma pasan por tratar a los ciudadanos como clientes, estimular la competición entre proveedores de servicios, descentralizar las decisiones, y concentrarse más en los resultados que en lo que se produce.
Comercio mundial.
En 1992, el volumen del comercio mundial crecerá en casi 4%, más que el producto bruto global. En 1991 el crecimiento fue de 3%. Las tres grandes potencias comerciales tuvieron cambios notables en la balanza comercial durante el año pasado. EE.UU. prácticamente eliminó el déficit comercial; Japón duplicó el superávit; y Alemania registró su primer déficit desde 1981. Los seis grandes países asiáticos (China, Corea, Hong Kong, Malasia, Singapur y Taiwán) aumentaron sus exportaciones de 10 a 20%, y sus importaciones de 8 a 30%. La ex URSS tuvo una caída de 20% en las exportaciones, y de 25% en las importaciones.
Incertidumbre europea.
En Italia, el electorado votó contra el gobierno y los partidos políticos. Con la misma intención lo hizo en Alemania y en Francia. Solamente en Gran Bretaña, el partido en el poder retuvo posiciones, a pesar de los malos vaticinios de las encuestas. Se votó en contra del centro derecha, pero también del centro izquierda. Las ganancias fueron para los radicales, recién llegados, grupos regionales. En el continente hubo un momentáneo resurgimiento de la ultraderecha. Estar muchos años en el gobierno no es hoy sinónimo de estabilidad y permanencia. En todas estas elecciones, hay algo que
pasó inadvertido: el reclamo de una política económica -para tener más crecimiento, menos inflación y menor desempleo- es una demanda imposible de satisfacer. Los políticos han perdido o delegado el poder de influir en la marcha de la economía nacional. Ese es el precio pagado por las ventajas de la integración comunitaria. El margen de maniobra, en cada país, se ha reducido.
Nuevo desafío para el G7.
Durante la década pasada la reunión de las siete grandes economías occidentales permitía acordar políticas macroeconómicas, imprimir una dirección y un ritmo a los negocios mundiales. Ese escenario se transforma con velocidad. La influencia económica era tripolar: EE.UU., Japón y la Comunidad Europea. Hoy hay otros interrogantes sin respuesta. Por ejemplo: a) qué puede pasar con la economía de la ex URSS; b) hasta qué punto la unificación alemana es un éxito; y c) a pesar de que los japoneses dicen que todo está bajo control, se temen los efectos del reciente hundimiento bursátil. La creciente interdependencia de la economía mundial hace que el eventual desarrollo de cada una de estas cuestiones afecte a todos los países industrializados -ni que decir a los otros.
“Política industrial”.
En Estados Unidos se permite ya hablar de “política industrial”, un tabú durante la década pasada. El casi seguro candidato demócrata, Bill Clinton, tiene varias ideas sobre el tema, y comienza a explicitarlas. Si estas medidas se implementan, se alterará sustancialmente la naturaleza de la relación entre el gobierno federal y el mundo de los negocios. La novedad de Clinton es que en lugar de propiciar un gran acuerdo entre gobierno, sindicatos y gran empresa, reemplaza a ésta por la pequeña empresa. Facilidades crediticias e impositivas estarían a disposición solamente de las firmas pequeñas.
ADEMAS.
* A pesar del pronunciado descenso en los valores de la Bolsa de Tokio, no hay ningún indicio de que haya comenzado la repatriación de capitales. Los fondos japoneses invertidos en el exterior -en especial, bonos del Tesoro estadounidense- siguen sin novedad.
* Se sentía temor ante el potencial financiero, comercial y tecnológico de Japón. Ahora se ha comprobado que también genera inquietud la posibilidad de una caída de la economía japonesa, tras el hundimiento del índice bursátil en Tokio.
* Japón y no Alemania está en la mira del G-7. Los socios industrializados reclaman a los japoneses un fortalecimiento de la demanda interna, habida cuenta del amplio superávit comercial y de la declinante tasa de crecimiento. Alguien debe hacer el papel de locomotora de la economía mundial.
* Alemania y Japón acordaron que ambos países deben jugar un papel más activo e importante en política internacional, acorde con su potencial económico. Las dos naciones intentan tener un papel decisivo en la conformación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
* Estados Unidos parece estar en el camino seguro para salir de la recesión, mientras Alemania se encamina hacia ella. Los motines raciales en Los Angeles son síntomas de la crisis del capitalismo liberal, y las divisiones dentro de Alemania ilustran las dificultades de unificar una nación por la vía rápida.
* Según el Banco Mundial, las reformas económicas internas aseguran que habrá mayor crecimiento durante esta década en los países en desarrollo. Se estima que habrá un crecimiento anual per capita de 2,9% comparado con 1,2% durante la década pasada.
