Dos grandes del mundo de la computación -IBM y Microsoft- están afinando la puntería para trenzarse en una lucha a brazo partido por la conquista del mercado. Con el lanzamiento de una nueva versión del OS/2, que acaba de producirse, IBM desafía a Microsoft en su territorio más estratégico: el control de los sistemas operativos para computadoras personales.
Esta vez fue IBM la que lanzó el primer disparo, ya que Microsoft habitualmente tiene el monopolio del mercado de los programas que controlan las funciones básicas de las computadoras personales.
Paradójicamente, fue IBM, al elegir el sistema operativo DOS, de Microsoft, a comienzos de la década del ´80, la que puso a esta compañía en carrera. Hoy en día casi todas las computadoras compatibles con IBM vienen equipadas con DOS.
Microsoft consolidó su posición como principal proveedor de programas para computadoras personales con el Windows 3.0, un programa de gran éxito que trabaja con DOS para dar a las PC compatibles con IBM rasgos amigables, similares a los de las Apple Macintosh. Esto impulsó también el desarrollo del OS/2 de IBM, un sistema operativo que, para disgusto de esta compañía, no tuvo el éxito esperado como sucesor del DOS.
Microsoft declara haber vendido 10 millones de programas Windows 3.0 desde su lanzamiento en junio de 1990. Todavía más: está anunciando ya la puesta en venta de una versión más avanzada, el Windows 3.1, en medio de una avalancha de publicidad.
VELANDO LAS ARMAS.
En estas circunstancias, IBM parece estar intentando lo posible: destronar a Microsoft de su posición dominante como proveedor mundial del software para computadoras personales. Bill Gates, el joven y famoso presidente de Microsoft (ver recuadro), desestima al OS/2 como un débil contendiente y dice que su empresa va a vender por lo menos un millón de Windows 3.1 en mayo.
El desafío parece haber dado nuevas energías a IBM: el gigante de la computación está armando a sus 344.000 empleados en todo el mundo con material de promoción, al tiempo que lanzó una campaña de publicidad multimillonaria en dólares.
En medio de estas acometidas, el usuario probablemente se siente confundido por los mensajes que vienen simultáneamente de ambos lados, lo que dificulta juzgar los méritos de cada programa.
Dificultad que se acrecienta en la medida en que el OS/2 y el Windows parecen muy similares a primera vista. Ambos son amigables y funcionan con iconos que representan funciones y aplicaciones que pueden ejecutarse con una tecla o moviendo el mouse. Pero la real ventaja de esta nueva generación de sistemas operativos es su capacidad para operar el potencial de alta performance que traen los últimos modelos de computadoras personales.
TODO AL MISMO TIEMPO.
Ambos sistemas tienen la capacidad de trabajar, en forma simultánea, en más de una operación. “El OS/2 le permite liberar todo el poder encerrado en su PC”, dice James Cannavino, presidente de sistemas personales de IBM. Pero la capacidad de hacer varias cosas al mismo tiempo no es exclusiva de OS/2 sino que es también un rasgo de Windows.
Las verdaderas diferencias dependen del grado de dificultad que los usuarios pueden hallar para configurar una colección de programas que les permitan realizar simultáneamente funciones diversas.
Otra diferencia importante son los requerimientos de hardware: para el OS/2, IBM recomienda un microprocesador 386 como base mínima, con por lo menos 4 o preferentemente 8 Mbytes de memoria interna y con un disco rígido de 80 Mbytes.
Los usuarios también deben tener en cuenta que para fines de este año aparecerá el Windows NT de Microsoft, un sistema operativo que va a ser un verdadero competidor del OS/2. Sólo con esta versión NT Microsoft puede hacer frente a la capacidad del OS/2 de manejar el poder procesador de 32 bits del microprocesador Intel 486, que viene con las computadoras personales de última generación.
¿Por qué un gigante como IBM se lanza a disputar esta guerra de programas, que ni en el mejor de los casos le aportará ingresos significativos para su enorme estructura económica? La respuesta habría que buscarla en el mercado de las computadoras personales, con su aluvión de clones, que han convertido a las computadoras en commodities. En estas circunstancias, la empresa que controle el software tendrá en sus manos, a largo plazo, el destino de la industria.
EL HOMBRE MAS RICO DE EE.UU.
Con una fortuna personal estimada en US$ 7.500 millones, William Gates III, 36 años, es el hombre más rico de Estados Unidos. Pero, aparentemente, no le gusta que se lo recuerden.
Fundador y accionista mayoritario de Microsoft Corp., Bill conserva todavía su rostro de mejor alumno de la escuela. Detesta que le digan lo que debe hacer con su dinero y le molesta la enorme carga de su riqueza. Cuando un asesor le sugirió no hace mucho que un hombre con un legado potencial equivalente al de los primeros Rockefeller debería pensar en hacer testamento, contestó:
“Por Dios, ¿y cuántos problemas va a heredar la persona que reciba todo esto?”.
Su vida de soltero es de relativo ascetismo. No tiene televisor para que no lo distraiga de sus lecturas. Le fastidia salir a comprarse hasta lo indispensable. Si necesita medias, o camisas, por ejemplo, le deja una nota a su casera. Una vez, después de perder un vuelo para asistir a una reunión impostergable, se negó a pagar los US$ 5.000 que le pedían para chartear un avión. (Aceptó cuando un colega ofreció compartir el gasto.)
Pero no todo es ahorro. Compró un modelo especial de Porsche en Europa por US$ 750.000, que no ha podido sacar del puerto, porque el auto no pasó la prueba de choque que exigen las autoridades de Estados Unidos; de modo que sigue andando en un Lexus modelo 1990.
En lo que concierne a las cuestiones financieras, Gates se resiste a seguir los consejos de los profesionales. Prefiere, en cambio, escuchar a amigos, parientes, y a su propio sentido común. Su hermana Libby está a cargo de su cartera de valores.
“La gente inteligente, con información adecuada, debería darse cuenta sola de las cosas”, argumenta.
“Yo no tengo por qué seguir el consejo de nadie. Soy perfectamente capaz de manejar mi dinero.”
El grueso de su riqueza está en las acciones de Microsoft, y allí se quedará, probablemente, por un buen tiempo más. El valor de la participación de Gates en Microsoft, incluso después de algunas ventas, se multiplicó por siete en los últimos cinco años. Las otras inversiones de Gates se limitan a otras empresas de computación y algunas de biotecnología. A mediados de los años ´80 Gates invirtió en Apple Computer, y de esa operación salió el dinero con que ahora financia la construcción de su nueva casa en Seattle (presupuestada en US$ 25 millones).
Bill Gates, como otros multimillonarios, ha desarrollado el gusto por las obras de arte, pero él ha pensado en una alternativa futurista. Formó una compañía para comprar los derechos electrónicos de las obras maestras de las artes plásticas. De esa forma, dice, podrá coleccionar arte en forma electrónica y disfrutarlo por televisión, en una gigantesca pantalla. Lo que no dice, pero seguramente proyecta, es adueñarse del prometedor mercado que se creará en poco tiempo con el avance de la yuxtaposición de imagen a la tecnología electrónica de computación. El futuro negocio puede llegar a darle tanto dinero como Microsoft.
Ha comenzado a interesarse en la actividad filantrópica. Se preocupa, como su madre, por el estado de la educación en el país y acaba de donar US$ 12 millones a la Universidad de Washington para tentar con un nuevo laboratorio al renombrado biólogo molecular Leroy Hood.
Pero a no equivocarse. Todavía, al menos, no está dispuesto a abrir su chequera para cualquier obra de caridad. Lo dice con meridiana claridad: “Tal vez cuando tenga 50 o 60 años, me dedicaré por entero a repartir mi dinero”.
