Encontrar la raíz profunda de su época fue acaso la idea central de la obra de Amancio Williams (1913-1989), poeta de las formas estructurales y del espacio y uno de los grandes arquitectos de este siglo. Amigo de Le Corbusier y de Gropius, con quien ideó una nueva sede para la embajada de Alemania, Williams creó, como él decía, para “armonizar la vida de los hombres”, tanto el diseño de un mueble como la colosal “Ciudad que necesita la humanidad”, estructura lineal continua que iría desde La Plata hasta las cataratas del Iguazú, o un nuevo aeropuerto, o viviendas como su célebre casa del arroyo en Mar del Plata, o el recordado monumento del Primer Congreso Mariano Interamericano (1960) y la impresionante cruz de casi 200 metros de altura que sería emplazada en el Río de la Plata.
Sin embargo, la mayoría de sus estudios y proyectos, convertidos en materia de estudio, no llegaron a ser plasmados. Destino curioso para un arquitecto que, a despecho de cualquier realidad hostil, ha reverdecido sus lauros especialmente a partir de la exposición sobre su obra realizada en 1990 en el Centro Cultural Recoleta. Allí renació, estimulada por las autoridades municipales y los artistas, la idea de construir, finalmente, uno de sus proyectos más notables: un auditorio para Buenos Aires.
Williams realizó los estudios para esta sala entre 1942 y 1953. Su estructura, construida en hormigón armado, trabaja con la unidad de una cáscara de huevo. Tanto la sala que tiene la forma de un trompo como el anillo que la rodea están situados a unos 15 metros del suelo, de modo que podría pasar un parque por debajo. El público entra por tres accesos donde están las boleterías y sube por escaleras mecánicas y ascensores hasta el anillo en el que se encuentran el foyer y los servicios.
Como la sala es de planta circular, el público se instala en solamente 16 filas que permiten la ubicación, con óptimos niveles auditivos y visuales, de por lo menos 4.000 personas. El espacio creado no sólo se presta para oír música; su forma también es adecuada para representaciones teatrales o de danza y otros espectáculos.
Actualmente, mientras se estudia la factibilidad económica del proyecto, premiado en la Exposición Internacional de Bruselas en 1958, se discute cuál sería el mejor lugar para su emplazamiento: los terrenos del Centro Nacional de Exposiciones y el Italpark, la Costanera Sur o el predio ubicado entre las avenidas Cerviño, Bullrich y del Libertador.
