Gracias a los incas se convirtió en periodista. El plan belgraniano de coronar a uno, propuesto en el Congreso de Tucumán, impulsó, 142 años después, al entonces estudiante de abogacía Narciso Binayán Carmona a revisar textos y archivos y escribir su primer artículo sobre el asunto.
Soltero, “pero con vocación abstracta por el matrimonio”, Binayán nació un lunes tempestuoso de septiembre de 1928, a la hora del té, en Buenos Aires. Es, según el horóscopo chino, Dragón, pero jura que el único fuego que lo alimenta es el de la historia.
Descendiente por vía materna de la princesa Barbola Coya Inca (presente también, según dice, entre los ancestros de los presidentes Roca y Avellaneda y de los chilenos Frei y Pinochet), la vocación genealógica parece, en Binayán, más que un gusto una fatalidad, materializada en cientos de artículos.
Uno de ellos, sobre el Africa negra, ha recorrido el mundo y pronto se convertirá en libro, pero no antes de la aparición de otro sobre la genealogía en la Argentina, que presentará en la próxima Feria del Libro. “Habrá sorpresas”, promete con una sonrisa, mientras de sus carpetas resbalan hojas con árboles y ramas familiares.
Por ejemplo, la de los descendientes del profeta Mahoma que viven en la Argentina, entre ellos Enver El Kadir, abogado y ex dirigente peronista de la línea combativa, o de los antepasados libaneses de los Sapag, los Saadi y los Romero Feris.
También ha investigado, naturalmente, las raíces genealógicas del presidente Carlos Menem quien, por vía materna, procede de una importante familia de magistrados de Yabrud, en Siria, descendientes de una dinastía Akil, dispersada por los turcos y que reinó al norte de Irak hace más de 1.000 años.
Entre proyectos y comentarios, una mucama, tataranieta de un jefe mapuche, sirve el café con pizcas de canela. Y aparecen nuevas carpetas, esta vez con el material que Binayán publicará en 1993: Descendientes de reyes en América hispana. De reyes venían Magallanes, Cortés, Pizarro y Jerónimo Luis de Cabrera, fundador de Córdoba y antepasado, a su vez, de Roca, Avellaneda, Alberdi, Lugones, Silvina y Victoria Ocampo, Arturo Capdevila, Cortázar y la esposa de Mario Firmenich, Elpidia Martínez Agüero.
“La sangre ata y desata muchas cosas. Sarmiento y Facundo fueron primos, y muchos hechos históricos tuvieron que ver más con las familias que con la política”, explica.
Curiosamente, los Binayán no tienen escudo familiar, porque poseerlo “no forma parte de las tradiciones nacionales americanas”. Por lo tanto, decide inventarlo. Como su apellido significa “hijo del edificio” y la casa de sus mayores era muy grande, dibuja una de piedra con una puerta enorme y dos de las famosas rocas grises de Van, el pueblo donde nació el abuelo Mgdich, que al llegar a la Argentina eligió llamarse simplemente Juan.
