lunes, 25 de mayo de 2026

    Ecología y crecimiento

    La población mundial aumenta aproximadamente en 90 millones de personas cada año y ya superó los 5.000 millones. Aun cuando el mundo pudiera albergar a un número de habitantes dos o tres veces mayor, esto representaría un riesgo muy alto para el equilibrio de todos los sistemas.

    En 1650, la población humana sumaba unos 50 millones de individuos y su tasa de crecimiento era de aproximadamente 0,3% anual. Se necesitaban, entonces, 250 años para que se duplicara. Hoy, el índice supera el 2%, lo que significa que el número total llegará al doble en 33 años.

    Se estima que para el año 2000 la Tierra tendrá 7.000 millones de habitantes. Si todos ellos pudieran adoptar las formas de vida de los países industrializados, la carga total de contaminación y degradación ambiental sería diez veces superior a la actual.

    El índice mundial del ingreso per cápita está dejando de incrementarse; por lo tanto es posible concluir que la economía no soporta este crecimiento demográfico.

    Por otra parte, recursos como el suelo y el agua se están degradando rápidamente y resultan cada vez menos disponibles.

    La apertura de nuevas fronteras agrícolas y polos industriales, en regiones o lugares donde no se ha reconocido previamente su efecto global desde el punto de vista ambiental, deja grandes espacios degradados, muchos de ellos abandonados tras emprendimientos fracasados por falta de una política ambientalista adecuada.

    Esta situación ha impulsado a muchos funcionarios, empresarios y comunidades de países en vías de desarrollo a poner en marcha programas dirigidos a mejorar o preservar el medio.

    Es necesario, sin embargo, comprender que los gobiernos, en su afán de crear nuevas fuentes de trabajo para su creciente población, o para ejercer su soberanía, ocupen nuevas áreas, tanto para la producción de alimentos como para la radicación de industrias, con graves consecuencias sobre el suelo, el agua y el aire.

    La recuperación de estos sistemas es muy lenta y costosa, especialmente cuando no fue prevista y no se analizaron los medios técnicos más idóneos para mitigar esos efectos. La tecnología moderna permite resolver muchos impactos negativos sobre el ambiente, especialmente si esta tecnología es

    solicitada antes de poner en práctica un proyecto o política de desarrollo.

    CUESTION DE TIEMPO.

    Cuanto antes se adopte un plan de este tipo, mayor será su efectividad y menores sus costos. Esto no sólo evitará daños mayores, sino que también orientará el logro del objetivo con un criterio más amplio de preservación del medio físico, biótico y antrópico, y permitirá obtener mejores rendimientos de acuerdo con el nuevo orden económico mundial.

    Factores que provocan el desequilibrio ecológico, como la contaminación atmosférica, de las aguas continentales, mares y océanos, la contaminación radiactiva, los residuos domésticos o industriales, el uso de agrotóxicos y el ruido, tienen que ser estudiados para medir sus efectos.

    De este modo será posible elaborar estrategias básicas, como la reducción de actividades contaminantes, el desarrollo de tecnología anticontaminante, el reciclado de productos y la elaboración o el perfeccionamiento de la legislación de control ambiental.

    Ha llegado el momento de unir esfuerzos del sector público, el privado, el ecológico, y de comunidades afectadas para discutir responsablemente las formas más adecuadas que permitan desarrollar los emprendimientos necesarios para mejorar los niveles de vida de los pueblos, preservando los recursos sin dañar -e incluso mejorando- el ecosistema.

    Este es un nuevo desafío. Las estructuras del pensamiento liberal, formado a partir de hombres como Montesquieu o Adam Smith, y también las del socialismo, a partir de Proudhon o Marx, ignoraban los problemas entre el hombre y la naturaleza, puesto que se concentraban en las relaciones humanas.

    Es muy posible que estos pensadores no hayan leído a Boileau cuando describía las enfermedades de París en el siglo XVIII y se quejaba del ruido, refiriéndose al trabajo matinal de los artesanos y al maullido de los gatos.