LOTO, QUINI Y RASPADITAS.
La tentación semanal de pozos multimillonarios que sembraron el Loto y el Quini 6, y el pálpito inmediato de la raspadita que impusieron las provincias norteñas a través del Súbito y sucedáneos (EfeTé y Safé) fueron desplazando a las loterías y quinielas tradicionales en las preferencias del público.
Aunque estas últimas todavía se mantienen al frente de las recaudaciones, con US$ 16 millones al mes, las “raspaditas” del interior ya les pisan los talones con US$ 13 millones, mientras los “poceros” se sitúan en US$ 12 millones.
Los entendidos en juego advierten que las nuevas “vedettes” son hijas dilectas de la publicidad y parientas cercanas de las corrientes europeas que las inspiraron. De los US$ 12.263.865 que las “rifas, loterías y concursos” destinaron en total a publicidad entre enero y agosto último, la mitad correspondió a las novedosas modalidades de azar propuestas desde tierra adentro: el jujeño Súbito, la chaqueña EfeTé y la santiagueña Safé concentraron casi la tercera parte, con US$ 3.749.518 y el santafesino Quini 6 invirtió US$ 1.899.607, es decir, casi 16%.
MUCHAS MANOS EN UN PLATO.
La Lotería Nacional de Beneficencia y Casinos es una de las diez empresas que más facturan en la Argentina, con US$ 675,6 millones por año. Está por encima de la siderúrgica Siderca, de Aerolíneas Argentinas y de la agroexportadora Cargill.
Posee una red de distribución en todo el país que envidiaría cualquier fabricante de productos masivos: 1.788 locales sumados entre agencias y permisionarios. Emplea 4.444 personas en su administración central, Casino e hipódromos.
Sin embargo, a su actual interventor, Luis Russo Basile, no se lo ve radiante. “La existencia de tanta variedad de juegos es perjudicial y la dispersión de posibilidades genera competencia entre los estados provinciales”, reprocha, como respondiendo al último informe de la Sindicatura General de Empresas Públicas (SIGEP), que atribuye la caída en la recaudación a “la aparición en el mercado de numerosos competidores, que al aplicar políticas comerciales más agresivas que las de la Lotería Nacional ganan mercado relativo”.
Es que en los últimos cuatro años los ingresos por ventas del ente oficial retrocedieron 64% en moneda constante. La exitosa incorporación del Loto le permitió recuperar parte del terreno perdido.
“Habría que llegar a un acuerdo de organización y distribución de beneficios”, se esperanza Russo. “No es que se juegue más, sino que en este momento engaña el despliegue de campañas publicitarias de los distintos entes administradores”.
El funcionario acota que “en realidad hay muchos jueguitos que se reparten cifras poco significativas, que varían de acuerdo con las posibilidades del bolsillo. Porque, contrariamente a lo que la gente cree, en la medida en que hay plata se juega; de otro modo, no”.
En la entrevista concedida a MERCADO, en medio de la controvertida licitación del Hipódromo Argentino, Russo Basile dijo que lo ideal es que existan pocos juegos bien organizados. Puso como ejemplo a los Estados Unidos, donde hay tres variantes: raspadita, una especie de quiniela y un loto. “En el estado de Florida hay cerca de 12 millones de habitantes. El loto recauda
más de US$ 10 millones por semana. Cuando se juntan varios pozos se acumulan cifras que superan los US$ l00 millones.”
La transformación de la Lotería Nacional en sociedad del Estado apunta al objetivo de “reaccionar rápidamente ante la competencia, para mantener nuestra porción de mercado sin las trabas burocráticas típicas de los organismos dependientes”, señaló, tal vez poco convencido de llegar a un pacto de convivencia con sus colegas en la danza de la fortuna.
