jueves, 2 de abril de 2026

    El jefe está en todas partes

    El ejecutivo al que María Elena Walsh ubicaba en sus canciones de hace una década entre “el sillón y el avión” se equipa ahora con computadoras portátiles, telefax y toda clase de sofisticados equipos electrónicos que ampliaron infinitamente su radio para atender los negocios.

    El viejo refrán de que “el ojo del amo engorda el ganado” resultó pisoteado por el paso de la artillería ofimática que le permite al empresario controlar, dirigir e informarse de las actividades de sus compañías sin entronizarse en el despacho.

    Las fotocopiadoras, la impresión láser, los ordenadores personales, los teléfonos móviles, el fax, el videotexto y hasta alguna enjuta expresión transmitida a su cuerpo gerencial mediante los enlaces por videoconferencias van tentando a cada vez más hombres de negocios a extender sus tentáculos

    por el mundo sin por ello complicarse la vida con trasbordos aéreos y agotadores periplos.

    El cadencioso meneo de su yate deslizándose por el Mediterráneo suele inspirar al múltiple británico Robert Maxwell en concebir ideas que, desde la soleada cubierta, le permiten acrecentar su fortuna. Un telefonazo, un trago y “plin, caja”.

    Cualquiera que haya intentado conseguir una entrevista con el dueño del emporio periodístico “News Corporation” (al que pertenece, entre otros, el diario “The Times”), Rupert Murdoch, puede dar fe de por qué le dicen “Dios”: no hace falta correrse hasta sus oficinas en Londres, Melbourne o Nueva York para agendarse, sino que siempre atiende “desde algún lugar”, porque “está en todas partes” aunque no pueda tocárselo.

    Sin contar con la saludable posibilidad de levantar el teléfono y hablar a cualquier sitio, los empresarios argentinos todavía no ingresaron en la moderna órbita de operar a la distancia. Se los ve seguido en los aviones, pero van y vienen. Hay algunos, como los Rocca (de Techint), que alternan su vivienda entre Argentina e Italia, u otros, como Jorge Born, que se maneja dentro del holding Bunge & Born desplazándose desde San Pablo hasta Buenos Aires, Caracas, Londres y Nueva York.

    Pero, en general, el atraso al que los sometió la crónica incomunicación que padece el país les legó el modus operandi de los “patrones de estancia”, que delegan la conducción mientras viajan por placer o para algún cometido específico, o se atornillan ataviados con sus botas y pañuelo al cuello

    en el escritorio del casco.

    LOS PIES FUERA DE LA TIERRA.

    Las desventuras tecnológicas tornan muchas veces incomprensible para los ejecutivos argentinos enterarse que existe un colega norteamericano, llamado Barry Johnson, que obtuvo un contrato multimillonario con una multinacional química para la compañía de seguros en la que trabajaba elaborando una fórmula específica de póliza, inspirada en el desastre de Bophal, en el avión que lo llevaba hacia el cliente. La desarrolló en el ordenador que posó sobre sus rodillas en pleno vuelo, llamó por teléfono a la sede de su compañía en Chicago para que realizaran sobre esa base el pliego de condiciones y enviaran por telefax la oferta antes de su arribo. Horas después se firmaba el

    acuerdo.

    Esta forma de management fuera del despacho se va imponiendo de la mano de los nuevos equipos de administración de empresas que aparecen en el mercado. En encuesta realizada hace dos años en una ciudad europea por una compañía de ordenadores y máquinas de escribir, 96 % de las personas

    consultadas afirmaba que el primer instrumento de trabajo era el teléfono, el segundo la máquina de escribir y el tercero la calculadora. La sorpresa consistió en que apenas 43 % incluía el ordenador personal, mientras 70 % elegía la fotocopiadora.

    Una compulsa similar efectuada este año en otra metrópoli del Viejo Continente arrojaba un resultado muy distinto: más de los dos tercios contemplaba el ordenador, 80 % reclamaba la fotocopiadora y siempre el corazón de las preferencias eran los teléfonos, aunque con accesorios tales como el contestador automático y el modem. La máquina de escribir y las calculadoras se desdibujaban, al tiempo que empezaba a perfilarse el telefax entre 37 % de los encuestados.

    FIGURITAS POR TELEFONO.

    La posibilidad de enviar una fotocopia por teléfono revolucionó las comunicaciones, como antes el télex había interrelacionado el mundo de los negocios por la economía y la comodidad en la transmisión de las informaciones.

    Un catálogo, un diseño, una muestra gráfica y hasta una foto pueden viajar por la línea telefónica a la misma velocidad que la voz por medio del fax. En Estados Unidos hay cerca de 3 millones de aparatos. En Japón hay una unidad cada 46 habitantes. Los europeos van más lentos en la incorporación de estos equipos, ya que el télex y el correo ocupan todavía un lugar importante en la modalidad de las comunicaciones, principalmente de Inglaterra y Alemania.

    Pero si un fax permite ir “a los papeles” sin que importen las distancias, los videotex dejan “verse las caras” de quienes quieren comunicarse a la distancia. Murdoch les habla por televisión cerrada a sus gerentes, les muestra gráficos, fotos, gesticula. Maxwell, desde su yate, celebra juntas con sus corresponsales en Europa, EE.UU. y Asia.

    Pueden teclear en su ordenador portátil toda una estrategia y transmitirla por modem, fax y videotex a cada una de sus sedes en todo el mundo sin definir su paradero. Les es posible hablar adonde quieran por teléfono desde un avión, barco o desde el auto. Reciben por los mismos medios y por telex la información que necesitan a cualquier hora.

    Para ellos no existe la tregua del descanso diario, de las vacaciones y de su vida personal, sencillamente porque vencieron al tiempo con el equipo ofimático que les permite ejecutar el management a la distancia.

    PARA ESTAR AL TANTO.

    Si usted es ganador en el mundo del deporte y con un “drive” supo definir más de un partido, encontrará en este libro propuestas que le servirán para aplicarlas en su gestión empresaria.

    Empresa y deporte -según los autores- se inscriben en una misma lógica de éxito, competencia, desempeño, triunfo. Saber controlar la ansiedad, el sufrimiento; administrar el estrés; nada que perturbe su objetivo: ganar. Testimonios de gerentes, directores y ejecutivos se entrecruzan aquí con

    otros que no vienen del mundo de las finanzas y la empresa, pero exitosos también en sus proyectos. Mike Tysson, Gary Kasparov, Michael Douglas, Oliver Stone, Alain Delon, Silvester Stallone, Ayrton Senna, Marcello Mastroianni y otros, cuentan sus experiencias. Tampoco están ausentes los políticos y el memorable debate Miterrand-Chirac, con las técnicas del socialista usadas para “inferiorizar” a su adversario.

    Toda empresa es un trabajo de equipo, en el que la comunicación, el talento de cada uno, la colaboración y la integración pueden ser como un “scrawn” en el rugby: el mejor en cada puesto, el grupo avanza y empuja en una misma dirección. Pero no tema: no es necesario ser un atleta, ni mucho menos campeón en su deporte preferido; sí le hará falta “furia de ganar, psicología de

    ganador”. Y también saber que no se puede triunfar sin trabajar. Un libro así no estorbaría en la biblioteca de Luis Barrionuevo. ¿No le parece?

    “TRIUNFAR. El espíritu y las técnicas del deporte aplicadas a la empresa.”

    Por Guy Missoum (doctor en psicología y profesor adjunto de educación física y deportiva) y Jean Luc Minard (diplomado en psicología clínica). Granica Ediciones. 285 págs., Barcelona, España.