Si en 1980 los argentinos consumían productos alimenticios equivalentes a un nivel de 100; en 1990 consumieron 110; pero en ese mismo lapso la población creció 11%. En otras palabras, en los últimos diez años somos más y consumimos menos. Esta es una de las varias conclusiones que surgen de una investigación de la firma A.C. Nielsen, sobre evolución de la demanda de productos alimenticios en los últimos años. Otra conclusión: las variaciones de la demanda están fuertemente relacionadas con la suerte que han corrido las sucesivas políticas económicas; concretamente, hay una correlación estricta entre grandes caídas de la demanda y épocas de hiperinflación.
El trabajo de Nielsen está basado en una muestra estable de negocios representativos; se realiza un recuento del stock inicial de cada producto, se suman las compras del período y se resta el stock final. Las mediciones son bimestrales, con paneles minoristas que cubren con su información 96% de la población del país. Este estudio incluye 59 categorías de productos, de las cuales 31 corresponden al sector alimentario, 11 a artículos de tocador y 17 de limpieza. El conjunto es lo que se denomina canasta total, cuya evolución se aprecia en el gráfico. El año 1982 refleja un descenso de la demanda, directamente relacionado con la Guerra de Malvinas. Los años 1989 y 1990 muestran en forma dramática las consecuencias de un período signado por espasmos de hiperinflación. Como resultado del plan de convertibilidad, 1991 comienza a mostrar cifras positivas (ver gráfico) con respecto al año anterior. Aunque esta evaluación se refiere a la canasta total hay que señalar que la
evolución de la demanda en el área específica de la alimentación se mantiene dentro de las mismas tendencias.
Si se toma la información referida a la canasta total, se observan dos momentos notorios de máxima retracción de la demanda en los últimos diez años. Esos momentos corresponden a los bimestres marzo/abril y mayo/junio de 1990, en los cuales (comparados con igual período del año precedente) la demanda cayó, respectivamente 29,7 y 24%. El otro período de retracción severa es el que corresponde a los bimestres junio/agosto y setiembre/octubre de 1989 (comparados con datos iguales de 1988), cuando la demanda descendió respectivamente 17,2 y 23,6%. En contraposición, en la década un período de incremento de la demanda en forma sostenida se registró en la segunda mitad de 1986 (con relación al mismo lapso de 1985); en los tres últimos bimestres de ese año la demanda creció, sucesivamente 16,8%, 16,4 y 18,5%.
En el cuadro 1 se puede apreciar con más detalle la evolución, tanto de la canasta total como de la referida específicamente al sector de alimentación, éste último desagregado en categorías básicas. Este cuadro examina lo sucedido entre mediados de 1989 y mediados del presente año; el análisis se registra por bimestres y nuevamente se observan las retracciones generadas por los dos períodos hiperinflacionarios, con una caída de la demanda del 30,5% en febrero marzo de 1990. Sin embargo en el mismo período de 1991 se produce una recuperación de 22,4%. Producto del plan de convertibilidad, continúa la curva ascendente hasta alcanzar 29,7% en abril mayo de este año.
Entre otros hechos salta a la vista que la población, en períodos económicos difíciles, responde con una mayor retracción en el área de las bebidas alcohólicas y no alcohólicas y relativamente con menor retracción en el caso de los lácteos y las infusiones.
Información suministrada por A.C. Nielsen Argentina S.A.
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