No hay, en la Argentina, precedentes de una vocación de poder tan manifiesta como la que evidencia el actual ministro de Economía. Otros titulares de esa cartera tocaron el cielo con las manos con sólo alcanzar la posición.
A Domingo Cavallo no le basta. Aunque el paso por Economía pueda ser una posición riesgosa para quien tenga aspiraciones políticas de alto vuelo, el jefe de la Fundación Mediterránea la percibe como un escalón más hacia el puesto más encumbrado.
No está mal tener ambición política. Es un error hacerlo tan evidente.
Menem necesita a Cavallo, hasta las elecciones e incluso después. Pero una personalidad como la del Presidente puede resentir competencia temprana.
La racionalidad indica que debe ser paciente, pero el temperamento puede obligarlo a sacar de en medio al personaje que, según propias palabras de Menem ,”no es un superministro”. Haría bien Cavallo en disimular sus objetivos antes que desencadenar una crisis prematura. Le ahorraría una
conmoción al país y se haría un favor a sí mismo.
Hay que Darle Protagonismo al Congreso.
Olvide por un momento lo que dicen las encuestas, sus preferencias o aversiones políticas, y especialmente las anécdotas que abundan sobre la actividad parlamentaria. Concéntrese en esta perspectiva: en los próximos 90 días habrá elecciones para renovar parcialmente la Cámara de Diputados.
Cualquiera que sea el resultado y lo más sencillo de pronosticar es que el oficialismo no contará con la actual cómoda mayoría , lo que está realmente en juego es la esencia de la actividad legislativa. Las cámaras no pueden ser un apéndice del Ejecutivo, usadas para convalidar decisiones no debatidas.
El Congreso debe ser, por definición, el gran ámbito de debate de los temas de fondo, el generador de proyectos de ley misión que últimamente fue resignada en beneficio del Poder Ejecutivo , y el efectivo contralor de los actos de gobierno. Esta tarea de recuperar el protagonismo que le asigna la Constitución, supone que los partidos lleven sus “primeras espadas” al debate, sin perder de vista que éste es político en toda la acepción del vocablo , antes que técnico.
Discutir, deliberar, exponer ideas no significa ineficiencia automática, como muchos pretenden. El Congreso deberá modificar sus hábitos de trabajo; hay que sesionar más tiempo; hacer las tareas en comisión y llegar al recinto con posturas definidas y argumentadas. Hasta ahora, la minoría aun cuando sabía de antemano que sería derrotada en la votación nunca restó quórum y no atentó contra la gobernabilidad. Pero la mayoría la de hoy o la de mañana, no importa cuál no puede ser dócil instrumento del Ejecutivo o de un líder partidario.
El Interesante Caso de la Deuda Italiana.
El gobierno italiano no es un modelo de austeridad en el gasto público. El volumen de lo que adeuda lo coloca tercero en el ranking mundial, detrás de EE.UU y de Japón. En 1990, el déficit presupuestario fue igual a 11% del PBI, y la deuda acumulada es el doble de la que tienen los demás gobiernos de la CEE.
Pero hay una importante diferencia con otros países: apenas 4% de lo que se debe está en manos de acreedores extranjeros. El resto, fue prestado por los italianos, especialmente por los pequeños ahorristas.
El panorama puede cambiar a breve plazo. Los ahorristas locales tienen ahora otras opciones y la tasa de ahorro interno está decreciendo (de 25% en 1979 a 14% del ingreso disponible en 1990). Muy pronto la presencia de inversionistas extranjeros será más notoria.
En Argentina es más difícil hacer esta comparación. De un lado por la forma en que se calcule el PBI, se tenga en cuenta o no lo que se supone aporta la economía informal. Según el criterio que se adopte, el PBI de 1991 puede estar en algún punto entre US$ 100 a 130 mil millones. Además está el problema de calcular la deuda total. Hay precisión en cuanto a la deuda externa, pero no ocurre lo mismo con la interna. Es probable que entre ambas arrojen una cifra cercana a 100% del PBI.
Entre los países industrializados, el campeón de los endeudados es Bélgica: la deuda representa 133% del PBI. En el caso de Italia, la relación es de 97%; en el de Holanda, de 80%; en el de Japón, de 68%; en el de EE.UU. de 51%; en el de Alemania de 43%; y en el de Gran Bretaña, de 40%.
Amenaza con Ser Verdad el Pacto Andino.
Tras 22 años de intentar la integración, y con magros resultados para mostrar, la promesa de los cinco presidentes de los países del Grupo Andino de contar con un área de libre comercio el año próximo, y un real mercado común en 1995, fue recibida con escepticismo. No hay que subestimar el intento: además del camino recorrido, hay ahora nuevas circunstancias y una atmósfera favorable con la que no contaron los precursores.
Las cinco naciones (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia) planean llegar a un mercado único de 90 millones de habitantes (la mitad del Mercosur) en un proceso con dos velocidades, que tome en consideración los problemas de los socios más pequeños. Así, mientras los otros cuatro eliminarán antes de fin de año los aranceles internos excepto para una lista de 50 productos
“sensitivos” por cada país , Ecuador demorará la aplicación de las normas de la zona de libre comercio hasta julio de 1992. Del mismo modo, Venezuela, Colombia y Perú adoptarán el sistema arancelario externo común en 1993, mientras que Bolivia y Ecuador lo harán en 1995.
El Pacto Andino, además de la prolongada historia de negociaciones, tiene ventajas sobre otros esquemas de integración para llegar a acuerdos. La mayor parte de su comercio exterior es con terceros países, lo que refleja el peso de las ventas externas de petróleo y minerales, cuyos principales mercados están fuera de la región.
Lo verdaderamente revolucionario es que los cinco gobiernos aceptaron la “supranacionalidad” de las normas comunitarias, subordinando la porción de soberanía nacional que haga falta en cada caso.
45% de las exportaciones andinas se colocan en EE.UU., mientras que las importaciones de este país representan 38% del total. La relación es de 16% y 23% en el caso de la CEE; de 5% y 12% para Latinoamérica; de 4% y 6% para Japón; y de 4% y 5% para el comercio intra andino. En 1990, los cinco exportaron por valor de US$ 30 mil millones, e importaron por US$ 18 mil millones.
El ejemplo del Mercosur, el acuerdo trilateral (Colombia, Venezuela y México) y la perspectiva de negociar como un bloque con EE.UU. para ingresar en la “Iniciativa para la Américas” ha obrado como el gran incentivo para acelerar el paso.
El papel de EE.UU. en Europa.
En Washington hay un “proyecto de poder” mundial para el mantenimiento de la paz global. Los europeos pretenden repensar su defensa en términos continentales, pero Estados Unidos no piensa abandonar posiciones: quiere el auxilio de sus aliados de la CEE, reformular y no matar la Otan, y cree que en verdad la misma Europa necesita ser “estabilizada” por la presencia de efectivos de la Unión. Según William Taft, representante estadounidense en la Otan, en una intervención en el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, así es cómo ve su papel EE.UU.: Washington quiere que Europa asuma más responsabilidad por los asuntos mundiales, preparando su adiestramiento en colaboración con EE.UU.
Los norteamericanos se han hecho cargo de mantener la paz global, inclusive mediante la “proyección de poder”.
La OTAN no sirve para proyectar poder militar, ya que es de naturaleza defensiva y se concentra sobre un espacio geográfico.
* Puesto que Europa no está todavía lista para estas tareas, EE.UU. y otras naciones, tal vez Gran Bretaña, deberán cumplir esta función de paz mundial con efectivos nacionales o de coaliciones de naciones.
* Pero la Otan debe persistir además, porque es lo único que puede equilibrar el tamaño y el potencial de la Unión Soviética.
Los europeos prefieren jugar un papel directo en materia de defensa, promoviendo la Unión Europea Occidental como eje de la coordinación de los asuntos bélicos.
Tampoco en el plano económico hay posibilidades de coincidencia entre EE.UU., Japón, Alemania y otras economías de Europa occidental. La tesis de Estados Unidos es que habrá una enorme demanda de capital; que las economías de vanguardia deben retomar el crecimiento para responder
a ese reto; y que Alemania y Japón deben reducir el control sobre el circulante. Sus aliados y socios comerciales no están de acuerdo. La verdadera razón por la que los europeos y japoneses se hacen los sordos, es porque quieren crecimiento aunque sea moderado con nula o escasa inflación.

