domingo, 21 de junio de 2026

    Edgardo A. Silveti

    “Señor ministro, no puede existir una nación sin industria, pero tampoco puede existir una industria sin educación”, afirmó Manuel Herrera, el nuevo secretario de la Unión Industrial Argentina durante una reunión con funcionarios del Ministerio de Educación encabezados por el profesor Salonia. Las palabras de Herrera son citadas por los directivos de la UIA como un ejemplo de que de ahora en adelante una de las principales preocupaciones de la entidad será contribuir a mejorar el sistema educativo. Para diseñar iniciativas concretas se decidió que un grupo de trabajo formado por empresarios, a cuyo frente está Luis Maria Blaquier, y hombres del área educativa bajo la dirección de Aldo Carreras, el presidente del CONET, se reúnan todas las semanas para analizar problemas de todo tipo.
    Algunos temas ya están sobre el tapete. La evaluación de la calidad de la enseñanza universitaria, la elaboración de los perfiles de necesidades de personal técnico y profesional que necesita la industria, el crédito fiscal para promover la enseñanza técnica, el sistema dual de enseñanza, y la
    concientización sobre la importancia de la industria como creadora de valor económico.
    Sin embargo, sería un error suponer que la preocupación por un tema como la educación significa que en la UIA se respire un aire de tranquilidad. La reciente puja por la conducción que dicho sea de paso significó pérdida de poder empresarial para el grupo Bunge y Born y ganancias para la Organización Techint despertó un clima de susceptibilidad muy grande. Ese ambiente quedó en evidencia cuando el economista Artana (FIEL) expuso sus polémicas ideas sobre el dumping y criticó posiciones de algunos industriales. La reacción de los directivos de la UIA indicó que el autoritarismo no es patrimonio exclusivo de los militares, sino que también está presente entre algunos dirigentes
    empresariales.
    Tal vez, cuando se hayan calmado los espíritus, se comprenda que la mejor manera de rebatir una idea es exponer otra mejor.
    En otro orden de cosas, una de la primeras tareas de envergadura de la comisión directiva fue organizar una visita a Tierra del Fuego para que, junto con legisladores y funcionarios del gobierno central, evalúen sobre el terreno el régimen de promoción. Hay que contestar muchos interrogantes:
    ¿Vale la pena el sacrificio fiscal que hace el país y los sobreprecios que paga el consumidor? ¿Cuáles son las contrapartidas? ¿Todo lo que se hace está mal? ¿Hay algo para rescatar? ¿Es cierto que todas las fábricas del Sur tiene “rueditas”?
    Se trata de un nuevo estilo para enfrentar los problemas de los industriales y que se puede resumir en “tornar el toro por las astas”. En el caso concreto de los regímenes de promoción sectorial o regional, la UIA siempre se hizo la distraída y evitó jugarse por una posición concreta.
    No siempre hay coherencia. Recientemente la UIA emitió un quejumbroso comunicado sobre el aumento de las importaciones, pero no tuvo el valor de poner por escrito lo que sus dirigentes dicen en los pasillos: el Plan de Convertibilidad nació con atraso cambiario y la nueva escala de aranceles de importación, con niveles cero o más bajos que el de los países europeos, son las dos puertas de la apertura.
    Si la UIA quiere reclamar por esta situación Tendrá que enfrentar al iracundo ministro Cavallo, o si no deberá asumir el rol que tanto le criticaron a Montagna. Mirar para otro lado.
    “No vamos a ser simplemente contestatarios de las medidas oficiales”, aseguran los directivos de la UIA, y agregan: “junto a cada crítica, vamos a proponer una solución alternativa”. En este caso la deuda es encarar un estudio sobre el valor agregado de la industria y los niveles arancelarios de otros países. Lo concreto es que, por el momento, asumieron el rol contestatario.

    Reconversión Siderúrgica
    SOMISA ES CASI “IMPRIVATIZABLE”
    Con suerte, pasaría al sector privado en 1992.
    Hay exceso de personal.

    Con suerte, pero con mucha suerte, y si no aparecen graves problemas políticos ni sindicales, SOMISA podría ser privatizada recién para mediados de 1992. A esta conclusión han llegado los funcionarios de la nueva intervención y quienes tienen a su cargo esa tarea en el Ministerio de Defensa, a poco de revisar con alguna prolijidad los papeles que les dejó el anterior presidente.
    En sólo dos años la empresa ha tenido tres conducciones diferentes Hugo Franco, Juan Carlos Cattáneo y, ahora, Jorge Triaca con una característica común: ninguno conocía la empresa en profundidad en el momento de asumir el cargo. Si bien es cierto que SOMISA nunca brilló como una empresa ejemplar en productividad dentro del sector industrial argentino, no se puede dejar de reconocer que sus anteriores presidentes mantuvieron una continuidad que significó importantes avances en el manejo empresario. Tanto el general Rivera, durante la administración militar, como el ingeniero Magliano, durante el gobierno radical, estuvieron al frente de SOMISA durante cinco años cada uno, pero llegaron con una ventaja muy grande, como que eran hombres del sector siderúrgico y conocían la empresa.
    Esto es importante porque la recomendación del Banco Mundial para todos los procesos de privatización se puede sintetizar en que primero hay que poner orden en la casa, y luego vender lo más rápido que se pueda.
    Para ello hay que conocer qué se tiene entre las manos.
    Lo primero que hay que clarificar es que dentro de la empresa hay dos sectores diferentes. Uno con un alto horno, máquina de colada continua, acería eléctrica LD moderna, y un aceptable tren de laminación en frío. Son inversiones de cientos de millones de dólares que deben ser rescatadas siempre que se establezca una meta de producción realista, tal vez de 1,5 millón a 1,8 millón de
    toneladas anuales, destinada a satisfacer una declinante demanda interna y para cubrir dinámicas oportunidades en “nichos” del mercado internacional siderúrgico. La”otra” SOMISA es la que hay que desechar. Una tarea indispensable, y sin la cual la empresa resulta invendible, es reducir la actual
    dotación de 12.065 personas a un nivel mucho menor. La productividad en Japón, Estados Unidos o Alemania muestra que por cada tonelada de chapa laminada en frío se necesitan seis operarios, mientras que la planta de San Nicolás tiene trece.
    Por si fueran pocos los problemas, las deudas en moneda extranjera superan los US$ 700 millones, de los cuales casi US$ 350 millones corresponden a la famosa deuda externa, razón por la cual en su momento habrá que pedir el “waiver” correspondiente a los con 12.065 agentes bancos extranjeros.
    La confusión en torno de la empresa aumentó en 1990, cuando se decidió que la dirección, conducción y administración financiera de la sociedad debían depender del Ministerio de Economía, pero que el proceso de privatización quedaba en manos del Ministerio de Defensa.
    El 70% de la producción debe ser exportado ante el clima recesivo del mercado interno, por lo que se estima que el atraso del tipo de cambio implicará que la deuda continuará creciendo en los próximos meses. Y si bien la deuda en moneda extranjera supera, como queda dicho, los US$ 700 millones, no es despreciable la deuda en moneda local: era de 1,32 billón de australes al 31 de marzo de este año, según la Sindicatura General de Empresas Públicas (SIGEP).

    LA EDUCACION ES LA PRIORIDAD
    Miguel Angel Diez
    Por abrumadora mayoría entre 12.000 directivos de empresas en 25 países de seis continentes, la calidad de la educación es considerada como el hecho social más significativo que afecta al desenvolvimiento de los negocios.
    También es la opinión dominante que las empresas deben involucrarse en todo esfuerzo por mejorar el nivel educativo.
    Las conclusiones surgen de la encuesta realizada por la “Harvard Business Review”, con la participación de MERCADO para Argentina que se publicará íntegramente en nuestra próxima edición , y que tiene el sugestivo título de “Trascendiendo las fronteras de los negocios”.
    77% de los entrevistados cree que los empresarios deben cumplir un papel muy activo en la mejora del sistema educativo. 18% piensa que las empresas deben limitar su contribución a respaldo financiero. Apenas 5% dice que el mundo de los negocios no debe mezclarse en este asunto. Un gran número de consultados percibe que hay campo para que las empresas y sus directivos realicen aportes sustanciales al mejoramiento concreto de la educación.
    Era previsible la respuesta positiva de empresarios latinoamericanos y de países en desarrollo, que a diario sufren las consecuencias paralizantes de no contar con los recursos humanos en la cantidad y calidad requeridas para incrementar la productividad y absorber los cambios que supone la incorporación de nuevas tecnologías en el proceso fabril.
    Lo singular es que la reacción es también concluyente en el grupo de países que integran el pelotón de vanguardia. Los que responden que el educativo es el problema social más preocupante, representan 80% de la muestra en Estados Unidos; 76% en Alemania y 65% en Japón. Los que aseguran que los empresarios deben asumir responsabilidad primaria en aportar soluciones a esta situación, suman 84% en Estados Unidos; 89% en Alemania y 57% en Japón.
    En Argentina, tenemos un doble y nuevo problema. En primer lugar, la necesidad de contar con pericia y conocimientos en nuevas actividades y en técnicas complejas adaptadas para modernizar tradicionales procesos productivos. Un obrero siderúrgico o del sector automotor, por ejemplo, no
    tiene más remedio que familiarizarse con principios de computación y con el control de robots, que ya son presencia usual en todo ámbito de trabajo. Lo mismo vale y con mayor razón para las nuevas especialidades que exige el veloz crecimiento del sector servicios.
    La segunda vertiente del problema es más dramática: hay un deterioro general del nivel educativo; un abultado índice de deserción escolar y una creciente marginalidad. ¿Qué pasará si el país comienza a crecer y hay que incorporar fuerza laboral malformada en la última década?
    Con urgencia hacen falta ideas y acción. Mucha acción. Todos los sectores, pero especialmente la industria, deberán auspiciar o patrocinar investigación aplicada, establecer íntimos lazos con las universidades y, si fuera necesario, fundar y sostener centros politécnicos. La publicidad y el marketing también deberán aportar a esta cruzada. En ello nos va a todos el futuro.