viernes, 1 de mayo de 2026

    Se espera estabilidad en el mediano plazo

    Divisas.

    Durante el primer año del Plan Austral y los primeros tramos del Plan Primavera, la cotización del dólar se mantuvo prácticamente estable ante el enorme atractivo que ofrecían las tasas de interés.

    Algo parecido ocurrió de julio a diciembre del año pasado y todo indicaría que podría volver a repetirse si el plan aprobado recientemente por el Congreso tiene éxito. La seguridad de que el gobierno volcará a la plaza todos los dólares que le soliciten a 10.000 australes, induce a los operadores a desprenderse de sus tenencias de billetes e intentar mejores rendimientos en otras alternativas de inversión.

    Sin embargo, y en razón de la pronunciada caída nominal de las tasas de interés, la venta de billetes por parte de pequeños y medianos inversores no tendría en esta ocasión una gran magnitud, teniendo en cuenta que los rendimientos en australes no ofrecen grandes diferencias con los que brindan las operaciones a plazo fijo en dólares.

    Por este motivo es muy probable que a partir de abril vuelva a producirse un aumento importante de los depósitos en dólares dentro del sistema, que ya antes de promulgarse la convertibilidad habían alcanzado una evolución muy satisfactoria. De US$ 947.000 millones que alcanzaban en marzo del año pasado, subieron a 2.097 millones en setiembre y a 2.619 millones en diciembre, para acercarse en enero a los US$ 3.000 millones, nivel que volvieron a superar ligeramente en febrero, a pesar de la fuerte suba experimentada por la divisa en enero.

    Los rendimientos que se pueden obtener por importes de hasta US$ 10.000 ó 20.000 oscilan en el 7% para los plazos de 30 días, que para 60 días se elevan al 7,5% y a 90 días al 8%. Ello en el mercado libre, es decir, donde el único aval es del banco que recibe el dinero. En cambio, los depósitos realizados por cuenta y orden del Banco Central, o sea en los que las entidades que los reciben son simples intermediarias, los rendimientos se elevaban entre 0,5 y 1% sobre los mencionados.

    Oro.

    Para los inversores que dan preferencia a la seguridad antes que a la rentabilidad, el oro ofrece una gran atracción, aunque en los últimos tiempos perdió parte de sus atractivos. Ello quedó demostrado en el reciente conflicto del Golfo, cuando su cotización estuvo lejos de reflejar la gravedad de la crisis.

    Si bien el 24 de agosto la onza troy alcanzó el pico de los últimos meses con US$ 414,80, al poco tiempo ya había perdido posiciones, a tal punto que en oportunidad de iniciarse el conflicto armado bajó a US$ 367, nivel al que tampoco pudo sostenerse; a fines de marzo se transfería a US$ 355,50. ¿Cuáles son los motivos para que los inversores ya no miren a este metal con la pasión de antes? Básicamente, las serias dificultades de balanza de pagos de la Unión Soviética, uno de los principales productores del mundo y que por los problemas financieros que padece no tiene otra alternativa que salir a vender grandes partidas del metal para hacer frente a sus necesidades de

    importación de alimentos.

    Pese a lo expuesto, los analistas consideran que toda cartera financiera debe estar integrada por este metal, aunque la proporción varía de acuerdo con el grado de riesgo que se desea asumir. El oro en los últimos años no brindó rentabilidad, pero sí seguridad y liquidez, aunque en nuestro país esto último es relativo porque no goza de un mercado amplio.

    Si bien su cotización a nivel internacional se mantuvo con muy pocas oscilaciones, los que compraron en momentos de fuerte presión de la oferta y vendieron en los tramos iniciales de la crisis del Golfo, obtuvieron beneficios superiores al 15% en dólares en poco más de tres meses.

    Actualmente se considera que, por debajo de los US$ 350 la onza, hay una gran resistencia de los poseedores a desprenderse del metal, mientras que el techo se lo ubica en los US$ 380.

    Fundamentalmente en Argentina, las principales transacciones con oro se realizan a través de monedas de distintos países, en especial el mexicano, que tiene un contenido de oro de 1,2057 onza. Por lo tanto, para determinar con exactitud el precio de la moneda en dólares, hay que multiplicar esa cifra por el valor de la onza. Al importe resultante debe sumarse entre 1 y 2,5% en concepto de acuñación, que también fluctúa de acuerdo con las condiciones de plaza.