viernes, 1 de mayo de 2026

    Los rojos serán inevitables

    Para muchos, el sector financiero es el pato de la boda en el actual proceso de ajuste. La banca es el único sector de la actividad económica que sintió el impacto de una asombrosa deflación del precio de la mercadería que maneja, en este caso concreto, el dinero. Mientras que otros rubros tuvieron un cierto oxígeno para aumentar los precios, o en el mejor de los casos los congelaron, los bancos acusaron el derrumbe que se produjo en un abrir y cerrar de ojos de una tasa de interés activa que de dos dígitos mensuales pasó a ser levemente superior al 2% mensual.

    Según los expertos bancarios, la mayoría de las entidades necesita un spread mínimo entre 3 y 4 puntos mensuales para cubrir sus costos. Con una tasa de interés que apenas llega a ese nivel en el mejor de los casos, la nueva situación significa que todos los bancos estarán en rojo los próximos meses.

    Para peor, el ministro Cavallo no tiene simpatía alguna por el sector; y no es para menos, ya que fue severamente criticado por los banqueros cuando en 1982, y al frente del Banco Central, estatizó la deuda externa privada argentina y por la vía de una rebaja en las tasas de interés licuó la deuda de las empresas, provocando una transferencia de ingresos del orden de los US$ 15.000 millones. Su paso por el poder desató una de las más formidables olas inflacionarias, algo que los hombres de la industria financiera siempre le echaron en cara.

    Por si fuera poco, muchas de las ideas de Cavallo en el campo económico, formuladas a lo largo de los años desde la Fundación Mediterránea, fueron rechazadas por los bancos por su escasa practicidad, como fue la propuesta de una amplia reforma del sistema impositivo.

    Dejando de lado antiguos enfrentamientos, los bancos hoy en día están dispuestos a dar la batalla en apoyo del programa económico, porque la perspectiva de alcanzar la estabilidad es el premio mayor.

    “La situación de los bancos va a ser muy difícil durante varios meses”, admitió Roque Maccarone (ADEBA-Banco Río). Opinó que no hay que exagerar la situación porque, como contrapartida, la mayoría de las entidades privadas está muy capitalizada y por ello podrá afrontar las pérdidas. “No estamos frente a una crisis del sistema financiero, pero sí habrá un proceso de redimensionamiento y tal vez fusiones. Todavía es muy temprano como para arriesgar pronósticos concretos.”

    Para este banquero no hay dudas acerca de la importancia que puede tener el nuevo plan económico.

    “Dadas las características de las medidas no tenemos que asumir el papel de espectadores que ven el partido desde las tribunas, sino que lo tenemos que jugar en la cancha, haciendo el máximo esfuerzo para que triunfe. El éxito significará que estaremos en otro país, con estabilidad y crecimiento.”

    “En el corto plazo -comentó Manuel Sacerdote (ABRA – Banco de Boston)- los bancos la pasaremos mal porque no tendremos ni volumen de operaciones ni spread suficiente, pero si a largo plazo logramos la estabilidad y retomamos el crecimiento, bien valen todos los esfuerzos”. Para Sacerdote, la estabilidad será como un reto a la profesionalidad de los banqueros, ya que permitirá el

    lanzamiento de nuevos productos, lo que impulsará la competencia. “En este corto plazo miraremos con mayor detenimiento el negocio de las tarjetas de compras y ofreceremos créditos para el consumo en australes o en dólares ”

    Primer y Tercer Mundo

    “Desde el punto de vista práctico -aseguró Steven R. Darch-, el sector financiero tiene mucho que ganar con el actual programa económico, ya que las autoridades buscan reducir y eliminar la perversa volatilidad a la que estaba sujeta esta actividad. Era casi enfermante el proceso de paso de tasas de depósitos a 7 días, para saltar a la compra de dólares o de Bonex para el corto plazo. Creo que la Argentina está avanzando en un proceso hacia la estabilidad que no será fácil ni tan rápido como se piensa, pero es fundamental para el país.”

    Por supuesto también hay protestas, sugerencias y opiniones de las autoridades. “Con la actual tasa de interés y spread todo sucede como si fuéramos bancos del Primer Mundo -señaló Maccarone-, pero estamos sujetos a encajes bancarios de países del Tercer Mundo.” En efecto, el encaje de la

    cuenta corriente es del 80%, mientras que los depósitos a plazo intransferibles en australes oscilan entre el 27% (para siete días) y el 5% (para 30 o más días). En moneda extranjera, los depósitos en caja de ahorro y a la vista tienen un encaje del 30%, mientras que se aplica un 5% para los plazos fijos de 30 a 359 días. Para los depósitos en dólares por más de 360 días el encaje es nulo.

    Señales claras

    Según Eugenio Pendas, director del Banco Central, hay consideraciones prácticas que explican el alto nivel de los encajes; por otro lado, estima que a los valores nominales hay que descontarles el encaje técnico y no se puede ignorar la retribución que reciben los bancos. “Una disminución del encaje

    provocaría expansión monetaria y ella se puede volcar a los precios en momentos en que Economía está haciendo grandes esfuerzos, con éxito, para bajarlos. Por otra parte, el nivel de los encajes es un mensaje muy específico del Banco Central para el alargamiento de los plazos de los depósitos que

    tanto daño hace al sistema financiero y a la economía en general. Los plazos de siete días están severamente penalizados, mientras que los de 30 días o más tienen un premio conveniente. Tal vez haya una disminución en el tiempo, cuando se haya avanzado en el programa de estabilización.”

    Los impuestos son muy altos, afirmó Sacerdote, y ello obstaculiza las operaciones con cheques, la venta de divisas y de acciones. Las autoridades reconocen este tema y tienen en carpeta reducir en forma muy significativa la carga impositiva.

    Para Darch, éste es el momento como para que los bancos y las autoridades piensen y pongan en práctica medidas que permitan la real creación de un mercado de capitales. Un aspecto crucial -aseguró- es rediseñar las Obligaciones Negociables aligerándolas de la carga impositiva que tienen.

    Las tortas de los banqueros Los 200 bancos, con sus 1.500 sucursales luchan entre sí para conseguir porciones más grandes de dos tortas. Una está sazonada con australes y es cada vez más chica, mientras que la otra tiene como condimento los dólares y muestra un crecimiento importante.

    En la actualidad, en el mercado de la moneda local los banqueros manejan una masa de dinero de A 60.000 millones, de los cuales el 35 % son depósitos a plazo fijo; el 30 % son en cuentas corrientes y un 25 % cajas de ahorro. El 10 % restante está constituido por otros depósitos.

    La otra torta tiene una dimensión de US$ 3.300 millones, de los cuales el 10 % ha sido captado por los bancos comerciales y sólo el 4 % restante fue capturado por el Banco Central. En setiembre del año pasado los depósitos en moneda extranjera eran de US$ 2.000 millones, mientras que a principios de 1990 oscilaban en 1.000 millones. Entre marzo de 1990 y marzo de este año el

    volumen se ha triplicado. El 75 % está colocado a plazo fijo, mientras que a la vista alcanzan el 21 %.

    UNA POLITICA PARA LA ECONOMIA

    Carlos Floria

    Es usual y aceptado que los sistemas políticos democráticos necesitan de una economía política. No es del todo cierto que para poner en marcha un sistema democrático sea preciso el contexto de una economía sólida. Pero es cierto y comprobado que para consolidar en el tiempo un sistema democrático la existencia de una economía en crecimiento sostenido es un requisito fundamental.

    Una mala política económica aumenta inevitablemente la “temperatura” política, y la temperatura elevada afecta la salud del sistema.

    Pero así como se necesita una buena economía para la salud de la política, es preciso que la política favorezca las condiciones para el desempeño de la economía.

    Más allá de las polémicas que se desarrollan en tomo de la política económica del ministro Cavallo y su equipo, la gestión iniciada por el ex Ministro de Relaciones Exteriores se presenta como una empresa compacta cuyas fisuras que según parece existen pueden ser soldadas. El contexto político de gobierno complica objetivamente la situación.

    Contribuyen a este hecho público varios factores. El primero, si se quiere, pertenece a la biografía del justicialismo. Una breve lectura de la historia contemporánea demostraría que el peronismo ha tenido la dudosa “virtud” de llevar sus cuestiones faccionales internas cuando le ha tocado gobernar.

    al nivel del Estado. Los años ´50 y ´70 fueron expresivos en ese sentido. Las luchas por el poder, la pugna entre facciones internas, incluso en el pasado relativamente reciente la lucha armada, tuvieron sede en graves querellas internas que llegaron al Estado y desde éste volvieron sobre una sociedad

    perpleja y sometida a presiones sin cuento que los protagonistas del mando y sus entornos no hacían sino complicar. Lo que está sucediendo entre quienes están en el candelero pertenece, en parte, a esa tradición.

    El segundo factor no es del todo ajeno al primero, pero pertenece a la naturaleza misma de la política. La solidez de los sistemas se prueba a través de unos pocos indicadores políticos, ciertamente menos abundantes que los que disponen los economistas para sus análisis pero no por eso menos significativos. Uno de esos indicadores es el tema de la sucesión. Según se maneje el problema de la sucesión -con conflictos pero sin crisis, con crisis más allá de los conflictos, etc.-, el sistema padecerá poco en el primer caso y mucho en el segundo. Buena parte de lo que está ocurriendo en el nivel del gobierno tiene que ver con las dificultades respecto del manejo conflictivo

    pero peligrosamente crítico de la sucesión en el partido, en el gobierno nacional, en la pugna por las posiciones que resultarán de los comicios cruciales de 1991.

    El tercer factor hace al prestigio de la autoridad. De antiguo es sabido que la autoridad es necesaria para que exista entre los hombres cooperación y seguridad elemental. Si eso no existiese, no habría sociedad. “Fue el prestigio del fundador quien hizo aceptarse la organización. Es el prestigio de la

    organización el que sostendrá a los jefes que le sucedan.” Este principio de la legitimidad política contiene lecciones que los protagonistas parecen haber olvidado, y que la consolidación de una cultura política democrática necesita que recuerden cotidianamente.

    Cuidar del prestigio de los dirigentes no es sólo una cuestión para los gobernados: es primero una cuestión de los gobernantes.