martes, 16 de junio de 2026

    Expansión con desaceleración

    CAPÍTULO II | Actividad económica

    Por Gonzalo de León (*)

    Al analizar la evolución de los componentes de la demanda agregada, se observa que el aumento de la absorción interna fue el factor que impulsó su avance. El consumo creció interanualmente 8% y, al igual que en 2010, fue el motor más destacado de la expansión de la demanda agregada –explicó 85% de su crecimiento–, consecuencia de su gran participación y su importante avance.
    Al igual que en el año previo, en 2011 el aumento del ingreso disponible de los asalariados fue clave para estimular el crecimiento del consumo, aunque hubo diferencias. Mientras que en 2010 se destacó el alza de la cantidad de empleo y el salario real prácticamente no varió, en 2011 ocurrió lo contrario: el empleo no experimentó mayores cambios –la economía estuvo funcionando en un nivel cercano al pleno empleo– y se observó una significativa mejora del salario real: según los datos preliminares, el salario real promedio para el sector privado registrado creció en 2011, 7%.
    Por otra parte, las reducidas tasas de interés reales también jugaron a favor de la expansión del consumo. Se destacó el avance de las ventas de bienes durables, como electrónicos y automóviles –sirva de referencia el hecho de que los patentamientos se incrementaron interanualmente en 29%–, alentadas por promociones instrumentadas por comercios y bancos. También estimuló al consumo la suba del gasto público, canalizado mediante consumo efectuado directamente por el Estado y a través de transferencias al sector privado –como las jubilaciones y los pagos en concepto de la Asignación Universal por Hijo–.
    La inversión también mostró un importante avance en el último año, de 15% –lo que la ubicó como el componente de la demanda con un mayor avance interanual–. En su crecimiento intervinieron diversos factores, como las bajas tasas de interés en general, los créditos a tasa subsidiada para empresas –como los denominados “créditos del Bicentenario”–, la mayor obra pública típica de los períodos preelectorales y la búsqueda de seguridad que hizo volcar importantes volúmenes de ahorro privado hacia la inversión inmobiliaria.
    Las exportaciones de bienes y servicios tuvieron un modesto avance en términos reales –estimado en 5%–, debido a un crecimiento significativo de las ventas de productos industriales y, en menor medida, a un aumento de las exportaciones de productos agropecuarios, parcialmente compensados por menores envíos de combustibles.
    En tanto, las importaciones tuvieron un avance mucho mayor –de 21%–, con importantes subas en todas las categorías de bienes. Como resultado de esto las exportaciones netas en términos reales tuvieron una baja –es decir, contribuyeron negativamente al crecimiento de la demanda agregada–.
    Esta evolución estuvo vinculada a la paulatina reducción del tipo de cambio real y a la fuerte expansión de la demanda local, que dejó menores saldos exportables a la par que generó necesidad de importaciones tanto de bienes de consumo como de insumos y bienes de capital.
    Un sector paradigmático de esta dinámica fue el energético, con exportaciones que cayeron 26% en términos reales e importaciones que avanzaron 54% –resultado de una demanda interna creciente y una producción local declinante–. Sin embargo, y gracias a una favorable dinámica de los términos de intercambio durante la primera mitad del año, la balanza comercial de bienes y servicios medida en dólares corrientes solo sufrió un deterioro moderado, en torno a US$ 2.000 millones.
    Si se hace un análisis de la oferta agregada, se observan avances tanto en la producción de bienes como en la producción de servicios. Aunque prácticamente todos los sectores aumentaron su valor agregado, aquellos que tuvieron una mayor expansión fueron los más directamente relacionados con el consumo.
    De hecho, comercio fue uno de los sectores que más aumentó su valor agregado durante 2011, solo superado por la intermediación financiera –también vinculado al consumo, típicamente mediante la financiación de compras mediante tarjetas de crédito o préstamos personales o prendarios–.
    La industria y la construcción tuvieron crecimientos importantes, mientras que “agricultura, caza, ganadería y silvicultura” tuvo avance menor –sobre estos sectores se expondrá más adelante–.
    La única actividad que presentó una contracción en su valor agregado en el último año fue el de minas y canteras, producto de notorias caídas en la producciones de petróleo y gas natural –la primera cayó 9% y la segunda se redujo 5 %–.

    El último trimestre de 2011
    Pese a lo positivo que fue el panorama en materia de crecimiento durante buena parte de 2011, debe señalarse que hacia finales de año se observaron señales de advertencia. Aunque el nivel de actividad continuó siendo muy bueno, se observaron signos de de­sa­celeración y las perspectivas para 2012 se deterioraron.
    Por una parte, el contexto externo desmejoró. La situación de Europa es un gran dolor de cabeza para el mundo, que ya redujo el crecimiento económico mundial y que puede complicarse aún más.
    Dado el bajo nivel de endeudamiento de la Argentina y la reticencia mostrada por las autoridades locales a colocar deuda en los mercados internacionales, el impacto a través del canal financiero es bastante limitado, pero más importante es el impacto a través del canal comercial.
    En este sentido, debe destacarse que los términos de intercambio, que venían creciendo ininterrumpidamente desde mediados de 2010, se estabilizaron hacia mitad del año pasado, para caer posteriormente –lo que estuvo asociado a la caída del precio de las materias primas exportadas por la Argentina, consecuencia a su vez de la desaceleración del crecimiento global–.
    Por otra parte, la desaceleración de Brasil tuvo consecuencias directas sobre algunos sectores –típicamente sobre la industria automotriz–: hacia final de 2011 las exportaciones de vehículos mostraron una contracción interanual lo que impactó en los niveles de actividad del sector, que tras crecer por encima de 20% en los primeros meses del año tuvo un crecimiento nulo en noviembre y una caída en diciembre de 21%.
    En los últimos meses del año también se produjo un shock de origen interno, como fue la agudización de la salida de capitales con posterioridad a las elecciones del 23 de octubre. El sensible incremento de la demanda de dólares por parte del sector privado y la caída de los depósitos bancarios, en un contexto de mayores controles sobre el mercado cambiario, tuvieron como contrapartida una suba de la tasa de interés –la Badlar Bancos Privados aumentó casi 50% durante el mes de noviembre– y debilitó las demandas de otros mercados, lo que colaboró para de­sa­celerar el ritmo de expansión económica.

    Menor confianza del consumidor
    Aunque la crisis cambiaria aparecía como superada hacia finales de diciembre y las reservas del Banco Central comenzaron a recuperarse, otras variables no corrieron igual suerte. Por ejemplo, la confianza de los consumidores mostró una caída sostenida en el último trimestre –acumuló una baja de 11%–, y en diciembre presentó la primera caída intera­nual desde el año 2009.
    Aunque las bajas se produjeron desde una base de comparación históricamente elevada, el hecho de que se hayan observado tres meses con caídas sucesivas es un llamado de atención: la menor confianza de los consumidores podría impactar negativamente en la trayectoria del consumo que, como señalamos anteriormente, fue el motor de la expansión económica durante los últimos años.
    En este sentido, la medición de la Universidad Di Tella acusaba en el último mes del año una caída intermensual de 8,6% en la predisposición a adquirir automóviles y casas y una baja de 8,3% en la predisposición a adquirir electrodomésticos. De hecho, en diciembre los patentamientos de vehículos, que habían crecido a una tasa interanual promedio de 31% en los primeros 11 meses del año, tuvieron una baja, que aunque fue marginal –inferior a 0,1%– no deja de ser llamativa (es la primera contracción interanual desde octubre de 2009). Y la recaudación en concepto de IVA DGI –que depende fuertemente del nivel de actividad– creció interanualmente en diciembre apenas 13,5%, mientras que en los primeros 11 meses del año había acumulado un incremento de 32,9 %.
    Por otra parte, la inversión experimentó una desaceleración hacia finales de año. Sirva de referencia el hecho de que las compras al exterior de bienes de capital, que en términos reales crecieron interanualmente 29% en los primeros tres trimestres del año, se expandieron solo 6% en noviembre. En lo relativo a exportaciones netas, se destacó el menor crecimiento de las importaciones –vinculado a la desaceleración de la actividad económica local, como así también a las mayores medidas proteccionistas implementadas por las autoridades locales–.

    Perspectivas para 2012

    Continuidad en la política y algo de “sintonía fina”

    En lo que respecta al desarrollo de este año, debe señalarse que el nuevo gabinete designado para acompañar a la presidenta Cristina Kirchner en su segundo mandato hace prever continuidad en el rumbo general de la política económica, aunque con una profundización de las medidas intervencionistas y proteccionistas.

    Señal de esto es el espaldarazo que recibió el secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno en la conformación del nuevo equipo de gobierno –fue ratificado en su cargo y una estrecha colaboradora suya fue nombrada al frente de la flamante Secretaria de Comercio Exterior–.
    Sin embargo, se prevén ajustes, algunas medidas de “sintonía fina”, según las palabras de la jefa de Estado. La trayectoria del último año, con un tipo de cambio “planchado” –depreciación algo por debajo de 8% con una inflación en Estados Unidos de 3% anual– y otras variables, como el gasto público, la base monetaria y el salario nominal, creciendo entre 30 y el 40% anual no es sostenible. Es por ello que esperamos cierta convergencia entre la tasa de depreciación del peso y las tasas de crecimiento del segundo grupo de variables.
    Estimamos que el tipo de cambio continuará siendo la principal herramienta antiinflacionaria del Gobierno por lo que, aunque probablemente se acelere la depreciación del peso, prevemos que la aceleración será limitada y que caerá el tipo de cambio real.
    Por otra parte, esperamos un menor ritmo de crecimiento de variables como la base monetaria y el gasto público. En este sentido, hacia final de año el Gobierno anunció una paulatina disminución de subsidios sobre los servicios públicos y el traspaso de los subterráneos a la Ciudad de Buenos Aires –lo que implicó una reducción del gasto para el Estado Nacional y un aumento de tarifas para los usuarios–, a la par que varias provincias anunciaron medidas de ajuste fiscal.
    Algunas omisiones del Gobierno Nacional, aunque menos resonantes, fueron en igual dirección: el no pago de un plus de fin de año –que en diciembre de 2010 había beneficiado a jubilados y pensionados–, la no renovación de exenciones de impuestos sobre los combustibles, y la no prolongación de subsidios a algunos sectores de la cadena agroalimentaria.
    Todo esto tiende a reforzar las cuentas públicas a la par que reduce el ingreso disponible del sector privado. En lo que hace a la política monetaria, estimamos una desaceleración del crecimiento de los agregados. De hecho el programa monetario presentado por el Banco Central estima una desaceleración de la tasa interanual de crecimiento del agregado M2 –que incluye el circulante en poder del público más los depósitos en cuenta corriente y caja de ahorro–: proyecta que la tasa al cierre del primer trimestre de 2012 será de 31%, mientras que al cierre del año será de 26% –menores a las tasas observadas en 2011, que promediaron 34%–.

    Guillermo Moreno

    Dosis de incertidumbre
    Pese a la previsibilidad de las líneas generales de la política económica, el año 2012 tendrá una buena dosis de incertidumbre, tanto de origen externo como interno. En el contexto externo, el futuro de Europa tiene un papel preponderante. De mantenerse la crisis europea en el nivel actual, tendrá un impacto moderado en el comercio exterior de la Argentina, de manera directa –hacia el Viejo Continente se destina alrededor de 18% de las exportaciones del país– e indirecta, por un menor crecimiento de nuestros principales socios comerciales.
    La desaceleración de la actividad en Brasil –que ya se observó a finales de 2011– reducirá su demanda por nuestras exportaciones industriales a la par que redundará en mayores intentos de firmas brasileñas por colocar sus productos en nuestro mercado –y en este sentido podría perjudicar a los productores locales de bienes sustitutos–.
    La desaceleración de China influirá en el precio de las materias primas exportadas por la Argentina –el precio de la soja acumuló en los últimos cuatro meses de 2011 una baja superior a 15%, aunque partiendo de un nivel históricamente muy elevado–.
    Sin embargo, no puede descartarse que la situación europea se agrave sensiblemente y a la par se agraven sus consecuencias. Por ejemplo, que una eventual cesación de pagos de Grecia desate el pánico en los mercados financieros mundiales y perjudique al desempeño económico global.
    Un potencial conflicto militar en el Golfo Pérsico –es creciente la tensión entre Estados Unidos e Irán– podría disparar una suba del precio del petróleo y perjudicar los términos de intercambio de la Argentina: nuestro país, que era exportador neto de energía, se ha convertido en importador neto –es decir, el precio del petróleo ha pasado del numerador al denominador de los términos de intercambio–.
    Por otra parte, tal como señalamos antes, el impacto directo de un agravamiento de la crisis global a través del canal financiero sería bastante limitado, pero no debe olvidarse el potencial impacto sobre las expectativas: un deterioro de la situación internacional impactaría negativamente en las expectativas de los agentes locales, incrementando el ahorro precautorio y colaborando con la desaceleración de la demanda.

    Menos margen de maniobra
    En lo que hace al frente interno, la evaporación del superávit fiscal, el agotamiento de cajas no convencionales –como en su momento fueron las AFJP estatizadas– y la renuencia a –o la imposibilidad de– recurrir al endeudamiento dejan a las autoridades con menores márgenes para afrontar una eventual crisis con políticas fiscales expansivas.
    En tanto, la elevada inflación que aunque tuvo una muy ligera tendencia decreciente se ubica por encima de 20% anual y tiene características inerciales, deja poco margen para alentar la actividad con una política monetaria expansiva sin que ello derive en una aceleración indeseable de los aumentos de precios. Adicionalmente, la tradicional propensión de los argentinos a dolarizar sus carteras en momentos de incertidumbre hace que una aceleración de la expansión monetaria –y una consecuente aceleración de la depreciación del peso– como medidas aisladas no sean recomendables como estimulantes de la demanda agregada: es probable que estimulen un deslizamiento del público hacia el dólar, que impactaría adversamente en el consumo y la inversión.
    Por otra parte, el marcado deterioro de la relación entre el Gobierno y un sector del sindicalismo hace prever complicaciones en materia de negociaciones salariales, lo que vuelve más imprevisibles los acuerdos paritarios de este año. Y permite estimar un aumento de la conflictividad social, máxime cuando trascendió que las autoridades se proponen que el incremento nominal de los salarios sea inferior al de los últimos años. El factor climático también siembra dudas: la sequía que afectó a importantes áreas del país hacia final de 2011 y comienzos de este año hace temer por los rindes de la futura cosecha, y en consecuencia por las exportaciones del complejo agrícola y los ingresos fiscales en concepto de tributos que se aplican sobre el sector –retenciones–.
    Sin embargo, y dado que la Argentina es un destacado productor mundial, una merma de su producción tendrá un efecto alcista sobre las cotizaciones de las materias primas en cuestión, por lo que una suba de los precios compensaría parcialmente la baja en las cantidades.

    Aspectos positivos
    Entre los puntos a favor con los que cuenta la Argentina para enfrentar el año 2012, se destaca el hecho de que el país cuenta con un bajo endeudamiento y un tipo de cambio administrado –dos características seguramente ansiadas por varios países desarrollados–, y que sus términos de intercambio se encuentran en un nivel históricamente alto y las tasas de interés internacionales en un nivel históricamente bajo.
    Adicionalmente, debe señalarse que el actual Gobierno ha mostrado en el pasado tener una buena dosis de adaptabilidad, de avanzar “paso a paso” con ciertas medidas económicas. Por ejemplo, hace unos años se dio marcha atrás con quitas de subsidios que se habían anunciado –por lo que es de esperarse que la quita anunciada para este año sea administrada de tal manera de evitar un excesivo impacto en los niveles de consumo y actividad–.
    Las autoridades también mostraron en la crisis desatada a finales de 2008 su voluntad de recurrir a medidas para contener sus efectos –se otorgaron créditos a compañías a cambio de un compromiso de estas a no realizar despidos y fue lanzada la Asignación Universal por Hijo–, por lo que es de esperarse que si la situación internacional se agrava muestren capacidad de reacción.
    En definitiva, comparándolo con 2011 –al menos con la primera parte del año–, estimamos para 2012 menor crecimiento de nuestros principales socios comerciales, términos de intercambio más flojos, tipo de cambio real más bajo –factores que perjudicarán las exportaciones netas–, una política fiscal menos expansiva, mayores tasas de interés y mayor incertidumbre –que perjudicarán al consumo y a la inversión–. En definitiva, un menor crecimiento de la demanda agregada. Y si bien es cierto que la inversión se encuentra en niveles relativamente elevados –y en este sentido juega a favor de la expansión de la oferta–, no menos cierto es que buena parte de esta es inversión residencial, que la producción agrícola de 2012 se encuentra amenazada por la sequía, y que la producción de hidrocarburos es declinante.
    Es decir, no se espera un comportamiento extremadamente positivo de la oferta que compense la desaceleración de la demanda. En consecuencia, estimamos que continuará la desaceleración de la actividad económica que se evidenció en los últimos meses de 2011. Sin embargo, y de no mediar un fuerte deterioro de la situación global, el crecimiento en 2012 será positivo y la economía argentina tendrá así su tercer año de expansión consecutiva.

    Construcción

    Crecimiento generalizado

    En un contexto de tasas de interés reales pasivas claramente negativas durante buena parte del año y de limitadas oportunidades de inversiones financieras atractivas –dada la gran incertidumbre global– los ladrillos volvieron a ser un refugio elegido por muchos ahorristas argentinos.

    Todos los segmentos del sector mostraron fuertes alzas en 2011. La obra pública y las inversiones residenciales traccionaron la actividad. Hacia final de año se observó una desaceleración y para 2012 proyectamos un menor crecimiento.
    El crecimiento de los valores en dólares de las propiedades observado en los últimos años –en 2011 los precios en Capital Federal registraron avances en torno a 10% respecto al año previo– convirtió a la inversión en inmuebles en una atractiva combinación de seguridad y rentabilidad. Esto continuó impulsando la actividad inmobiliaria y de la construcción. Por otra parte, la mayor realización de obras públicas típica de un año electoral dio un impulso adicional al sector. Los indicadores de actividad de la construcción señalan una sólida expansión interanual cercana a 9%, en línea con lo observado en 2010.
    El Índice Construya –elaborado por Grupo Construya a partir del nivel de actividad de 12 empresas representativas del sector de la construcción– acumuló al mes de noviembre de 2011 un avance interanual de 10,1%. Por otra parte, el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) elaborado por el Indec acumuló en igual período un alza de 9,3%.
    Todos los bloques que componen el ISAC mostraron en 2011 alzas interanuales elevadas y muy parejas: la mayor alza correspondió a obras viales –asociada con la mayor obra pública antes mencionada–, con un alza de 12%, mientras que la menor fue para edificios para viviendas, con un avance de 8,4%.
    Respecto a 2010 se observó una importante desaceleración en construcciones petroleras, algo esperable, dado que en dicho año el bloque se había expandido casi 50% –lo que a su vez se relacionaba con el derrumbe que había experimentado en 2009, en el marco de la crisis global –.
    Por otra parte, distintos datos puntuales del sector confirman el fuerte crecimiento que los índices citados señalan. Por ejemplo, los despachos de cemento Portland superaron holgadamente las 10 millones de toneladas, y tuvieron una expansión interanual de 13%, por encima del crecimiento que había mostrado en 2010, que fue de 10,2%.
    Los datos del mercado laboral confirman el fuerte crecimiento del sector: el personal en relación de dependencia registrado en el sector tuvo en 2011 un avance de 10%. En tanto, la superficie a construir registrada por los permisos de edificación para la construcción de obras privadas en 42 municipios relevados por el Indec creció interanualmente 7%.
    Hacia finales de año se insinuó una desaceleración del crecimiento del sector, en el marco de un proceso similar en toda la actividad económica. El Índice Construya, que venía de experimentar un crecimiento interanual de casi 15% en el tercer trimestre, creció 4,1% en noviembre –y la serie desestacionalizada de ese índice mostró una caída hacia final de año–. Los despachos de cemento, que crecieron en septiembre 18% respecto a igual mes del año anterior, desaceleraron su avance a 7,7% en octubre y 4,6% en noviembre.
    En definitiva, 2011 puede caracterizarse como un muy buen año para el sector construcción, aunque con una desaceleración en los últimos meses. El hecho de que el año electoral haya quedado atrás, los indicios de austeridad del Gobierno y la proyectada desaceleración del nivel de actividad económica hacen prever para 2012 un ritmo de expansión más moderado para el sector.

    Energía
    Se promueve el compre extranjero

    Por Daniel Gustavo Montamat (*)

    El déficit total de la balanza energética del año 2011 rondará los US$ 4.000 millones (se incluye la electricidad). Para el corriente año es posible que ese déficit se duplique, transformándose en una amenaza para el equilibrio de las cuentas externas.
    El crecimiento exponencial de los subsidios energéticos a partir del año 2005 es una de las principales causas que explican la licuación del superávit presupuestario y la desmesura en el aumento del gasto público con el consiguiente impacto inflacionario. La reducción de subsidios planteada por el Gobierno puede contribuir a mejorar el balance de las cuentas públicas del presente ejercicio, pero como los precios de la cadena energética siguen sin variación, es esperable que la oferta nacional siga declinando y que haya que suplir la brecha con mayores importaciones.
    La reducción de subsidios implica un alza de las facturas de gas y electricidad para los usuarios de esos servicios y es razonable que las nuevas tarifas tengan algún impacto sobre los consumos residenciales (efecto elasticidad precio del consumo energético). También es esperable que una economía cuyo crecimiento tiende a desacelerarse sea menos demandante de energía. Sin embargo, previendo una declinación productiva del gas natural doméstico de unos 5 millones de metros cúbicos día y un aumento moderado del consumo de entre 4/5 millones de metros cúbicos día, va a ser necesario aumentar la importación de gas de Bolivia (para el año próximo está previsto que el abastecimiento alcance los 13 millones de m3/día) y aumentar la importación de gas natural licuado.
    El Gobierno ya lanzó y abrió una licitación por 80 barcos metaneros (33% más de las cargas contratadas en 2011). El rubro de importaciones de productos derivados también seguirá creciendo, aunque a menor ritmo que en los dos últimos años, debido a las perspectivas de ralentización económica.
    Todavía habrá un saldo favorable en el balance de petróleo debido a la exportación de crudos pesados y a la falta de un régimen de importación de crudos livianos para optimizar la capacidad de refinación local. Si el déficit de la balanza comercial energética trepa a US$ 8000 millones, el desbalance energético será una espada de Damocles para la balanza de pagos.
    Como lo advertimos desde hace años, la inconsistencia de la microeconomía energética podía llevarse puestos los superávits gemelos que dieron consistencia a la macroeconomía de la posconvertibilidad.
    Los vasos comunicantes de la energía y la economía han retroalimentado un circuito explosivo:
    1) la declinación productiva local se traduce en crecientes importaciones de energía que demandan divisas y reducen el saldo de la balanza comercial;
    2) los productos importados (gas natural y derivados petroleros) tienen precios internacionales mucho más caros que los precios que permite absorber la canasta de precios y tarifas internas. La diferencia se ha cubierto con subsidios presupuestarios crecientes que han deteriorado las cuentas públicas;
    3) el costo fiscal de esos subsidios que antes se financiaba con recursos impositivos, ahora requiere financiamiento con emisión inflacionaria de dinero;
    4) el aumento de la inflación abarata el dólar, que a su vez se usa como ancla para evitar subas mayores del nivel general de precios;
    5) el dólar barato penaliza la producción local y promueve las importaciones. A su vez, alienta la especulación y promueve la fuga de capitales añadiendo dudas sobre la solvencia de la balanza de pagos;
    6) la política de reducción de subsidios puede contribuir a equilibrar las cuentas públicas y a reducir la inflación para frenar la apreciación cambiaria, pero no implica recomposición de precios y tarifas para la industria energética;
    7) las importaciones de energía siguen creciendo, minando el equilibrio de las cuentas externas y retroalimentando el circuito;
    8) mayores importaciones implican nuevos subsidios o nuevos reajustes tarifarios que no mueven las señales de precios de la producción nacional.
    Es un sector donde los anuncios de “sintonía fina” no cierran. Se requieren replanteos estructurales que se traduzcan en la implementación de una política de estado.

    (*) Daniel Gustavo Montamat es economista.

    Servicios públicos

    Las comunicaciones a la cabeza

    En 2011, se produjo un importante crecimiento del consumo de servicios públicos, en línea con lo observado en el año previo. Se destacó el avance de telefonía –fija y móvil–. Los accesos a Internet también mostraron una fuerte expansión.

    En un año marcado por un fuerte nivel de expansión del consumo, no es extraño que el consumo de servicios públicos haya mostrado un importante crecimiento. El Indicador Sintético de Servicios Públicos (ISSP) tuvo un crecimiento interanual de 10,9% –cifra estimada con datos a noviembre–, prácticamente idéntico al observado en el año previo –había sido de 11,1 %–.
    Si bien casi todos los bloques presentaron avances, se destacó la expansión de telefonía. De hecho, fue el único bloque del indicador que tuvo una expansión superior al promedio. Se registró un importante aumento de las llamadas de telefonía fija, tanto urbanas como interurbanas –de 8,3% y 11,2%, respectivamente–, a pesar de que las líneas en servicio tuvieron un aumento muy limitado a lo largo del año, de 1% –vinculado en gran medida a la construcción de nuevos inmuebles–.
    Por el lado de la telefonía celular, el desempeño fue aún más notorio. Aunque el crecimiento del número de aparatos en servicios mostró una desaceleración importante –aumentó 1,6% durante 2011 contra 8,1% en 2010–, hay que considerar que se ubicó en un nivel elevado, en torno a 58 millones de unidades, lo que implica un promedio de aproximadamente 1,5 aparatos por habitante.
    Y el crecimiento de la intensidad de utilización del servicio de telefonía móvil superó al importante avance observado en el año previo. Las llamadas se incrementaron en 2011 en 25,1% –contra 23,1% en 2010–, mientras que los mensajes de texto enviados crecieron 23,5% –contra 20,1% en 2010–.
    Por otra parte, en lo que respecta a conexiones a Internet, los accesos residenciales a banda ancha tuvieron un fortísimo crecimiento respecto al año anterior, de 44% –promedio de 2011 contra promedio de 2010, con datos a septiembre–, y el dato provisional indica que cerraron el año por encima de 7,5 millones.
    En lo que hace a accesos de organizaciones también se observó un alza significativa, y cerraron el año algo por encima del millón de accesos, lo que representó una suba intera­nual de 39%.

    Electricidad, agua, transporte
    En lo que respecta al bloque electricidad, gas y agua, se observó a noviembre un crecimiento de 5,6% en la demanda de energía eléctrica, un avance de 2,5% en el consumo de gas natural, y un ligero aumento de 0,4% en el agua potable entregada.
    En materia de transporte de pasajeros, se observaron significativas y generalizadas bajas en el transporte ferroviario, con una merma promedio de 8,2% en el servicio interurbano y una contracción promedio de 18,5% en el servicio urbano. Se destacó la baja de pasajeros en la línea Roca, superior a 30%.
    Sin embargo, fuentes del sector señalaron que la caída no fue tal y que lo que en verdad ocurrió es una fuerte baja en la cantidad de boletos emitidos –que es el insumo que utiliza la Comisión Nacional de Regulación del Transporte para calcular la cantidad de viajeros–.
    Esto se debió fundamentalmente a conflictos gremiales asociados a la falta de monedas, que hicieron que muchas boleterías permanecieran cerradas durante buena parte de las jornadas y en consecuencia los pasajeros viajasen sin abonar su correspondiente pasaje. Estas fuentes sostuvieron que la cantidad de pasajeros transportados sufrió un ligero aumento durante el último año.
    Por otra parte, se registró un avance de 5,6% en la cantidad de pasajeros de subterráneos, y un crecimiento de 5,9% en los pasajeros de colectivos de corta y media distancia del Área Metropolitana de Buenos Aires. Por otra parte, el transporte de pasajeros por vía aérea –afectado por la erupción del volcán Puyehue, que obligó a numerosas suspensiones de vuelos– avanzó 1,8%, producto de una merma de 8,3% en los servicios de cabotaje y un avance de 8,4% en los servicios internacionales.
    Las mencionadas perturbaciones sobre el tráfico aéreo también impactaron sobre los volúmenes de carga transportados por esta vía, que en 2011 mermaron interanualmente 10,9%, en tanto que la carga transportada en el servicio ferroviario prácticamente no sufrió modificaciones –avanzó solo 0,4%–.
    Esto determinó que el bloque transporte de carga –que solo contempla las dos modalidades recién señaladas y no otras como ser transporte en camiones o buques– tuviera una merma interanual de 1,1%. Por último, los vehículos pasantes por peajes en rutas nacionales avanzaron 8,1%, en tanto que los pasantes por peajes en los accesos a la ciudad de Buenos Aires crecieron 5%.
    Para este año estimamos que el consumo global de servicios públicos volverá a expandirse, aunque a un ritmo menor que en 2011. Esto será resultado principalmente de la proyectada desaceleración de la actividad económica en general.
    La reducción de los subsidios sobre algunos de estos servicios podría tener algún efecto contractivo sobre las cantidades demandadas, al encarecer el precio pagado por los consumidores. Este podría ser el caso, por ejemplo, de la energía eléctrica.
    Pero hay que señalar que algunos de estos servicios son sustitutos entre sí, de modo que el encarecimiento de uno podría incrementar la demanda de otro –por ejemplo, la suba de los peajes urbanos podría inducir a un mayor uso del transporte público de pasajeros–. Y que por otros se abona una tarifa fija independiente del volumen de consumo –algo que sucede con buena parte de los consumidores de agua corriente–. Considerando esto, proyectamos que la reducción global de la demanda de servicios públicos como resultado directo de la quita de subsidios no será de gran envergadura.

    (*) Gonzalo de León es economista, graduado en la UCA.

    Balance y perspectiva del agro

    Un año que comienza bajo signos muy preocupantes

    Según lo informado por AFIP solo en concepto de derechos de exportación el sector agropecuario en sus eslabones primario e industrial contribuyó con 68% del total recaudado, lo cual se traduce en una participación equivalente a 7% del total de los recursos tributarios (aun sin computar Ingresos Brutos, Ganancias y otros impuestos).

    Por Andrea Conforti (*)

    En la anterior versión de este anuario, se cerraba el capítulo agropecuario puntualizando la incertidumbre que se cernía sobre el sector respecto del fenómeno de “la Niña” y sus posibles consecuencias en términos de rindes y producción de granos. Este año parece replicarse esta dinámica, con un 2012 que se inicia complicado, convocándose la Comisión de Emergencia Agropecuaria en la primera quincena de enero y definiéndose las acciones para paliar los efectos del estrés hídrico por sequía.
    Vale notar cómo el balance para el sector mueve el amperímetro para distintas variables de la macroeconomía argentina, especialmente en lo concerniente al ingreso de divisas, generación de empleo y recaudación impositiva.
    Antes de repasar el balance anual para el sector, señalamos dos elementos a modo de marco de referencia. En primer lugar, en el año 2011 presenciamos el lanzamiento del “Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial Participativo y Federal, 2010-2016 (PEA)”, que contó con la participación activa de 23 provincias, 53 facultades, más de 140 cámaras empresarias y 400 escuelas agrotécnicas, solo por mencionar algunos de sus protagonistas.
    De este proceso vale resaltar cómo se han consensuado metas de producción y exportaciones para 2016 y 2020. Si bien aún no pueden evaluarse los resultados finales del PEA en términos de programas y acciones tendientes al logro de estas metas, esta acción auspiciada por el Gobierno no solo tiende a desalentar las críticas al sesgo cortoplacista de la mirada sobre el ámbito productivo, sino que se inserta de manera consecuente según la evidencia regional, en donde todos los países del Mercosur sin excepción, se encuentran diseñando o bien implementando planes estratégicos para el sector agroalimentario y agroindustrial, con los antecedentes brasileños en la materia claramente marcando tendencia.

    Aportes legislativos
    En segundo lugar, merece destacarse que solo a fin de año –y en un rally de sesiones extraordinarias– se obtuvieron resultados sustanciales en materia legislativa, cuando se concretó la sanción de leyes sobre “Régimen de protección al dominio nacional sobre la propiedad, posesión o tenencia de tierras rurales” así como la nueva ley de trabajo agrario.
    Críticas mediante, la oposición –aún previo a la asunción de los nuevos legisladores y la consecuente mayoría oficialista– no logró la sanción de ninguno de los proyectos en carpeta, especialmente en relación con los derechos de exportación, uno de los temas con que la oposición más fustigó al Gobierno pero que no decantó en una unificación de proyectos y su dictamen en las respectivas comisiones parlamentarias.
    Pasando a los números, 2011 resultó altamente positivo para la mayoría de los cultivos, tal como puede observarse en el cuadro adjunto. De estos guarismos se desprenden algunas conclusiones. En primer lugar, la Argentina logró una cosecha récord, superando la barrera de las 100 millones de toneladas según los datos preliminares para la campaña 2010/2011.
    Por otra parte, se quiebran las marcas históricas para diversos cultivos, entre ellos el arroz, la cebada cervecera y el maíz. En tercer lugar, el trigo supera los magros resultados para las dos cosechas previas: no solo la producción se ubicó solo 3% por debajo del máximo registrado en 2007/2008, sino que los rindes superaron en 26% a los registrados durante dicha campaña. Finalmente, la soja muestra un retroceso pero ello solo si se compara con la campaña previa, pico histórico para el cultivo.
    Respecto del balance para las operaciones externas, las exportaciones de cereales, oleaginosas y subproductos acumularon a noviembre de 2011 un total de US$ 21.576 millones, un relevante 28% sobre las colocaciones argentinas globales, que alcanzaron los US$ 78.000 millones en el mismo período.
    Si a estos valores se adicionan el resto de las partidas arancelarias correspondientes a Manufacturas de Origen Agropecuario y productos primarios, el sector agropecuario/agroindustrial en 2011 generó 56% del total de divisas en concepto de colocaciones argentinas al exterior.
    Asimismo, y como se podrá corroborar, la robustez de los precios internacionales puede apreciarse en los embarques para estos rubros en comparación con los guarismos registrados en 2010. En el caso de los cereales, oleaginosas y subproductos, si bien puede notarse que determinados capítulos mostraron una merma en las colocaciones medidas en toneladas, solo en el caso de la soja esta caída se tradujo en un resultado de igual signo con relación a los ingresos derivados de dichas operaciones.
    Aun en el caso del poroto de soja, con una reducción en las ventas del orden de 28% anual, la variación en los dólares ingresados fue negativa solo en 5,4%, lo que refleja una mejora sustancial en el precio implícito al cual se concretaron las operaciones en 2011, orillando los US$ 471 por tonelada.

    El sector ganadero
    Con relación al sector ganadero, los resultados son agridulces. Por una parte, el sector se encuentra atravesando desde mediados de 2010 un período de retención, donde la participación de las hembras en la faena total se ubicó en todo 2011 en una media de 37%, mientras que en 2009 aproximadamente la mitad de los animales enviados a faena eran hembras. La contracara de este ciclo fueron los vigorosos precios del ganado en pie, que tuvieron un piso de incremento de 25% respecto del valor del kilo vivo en 2010 y que solo en los últimos meses de 2011 pusieron un freno a la tendencia alcista.
    El viento de cola de las cotizaciones internacionales y una profundización en el cambio en la canasta de exportaciones llevó a que, aun con una menor cantidad de animales remitidos a faena y un recorte esperado de 10% en la producción, los ingresos de divisas en concepto de embarques de carnes frescas se alzaran 20% por sobre los embarques en dólares correspondientes a enero-noviembre del año previo, y superó nuevamente los US$ 1.100 millones para dicho período.
    En este contexto, merecen subrayarse las gestiones oficiales en pos de la apertura de mercados, especialmente en las misiones oficiales a China. En otro ámbito, en 2011 finalmente se ha concretado el incremento del contingente arancelario Hilton, pasando de las 28.000 toneladas que la Unión Europea concedía anualmente a nuestro país a 29.375 toneladas anuales. Paralelamente, se procedió a reglamentar una serie de mecanismos para permitir acreditar el cumplimiento de las exigencias establecidas para el ingreso de carne argentina en el contingente de 20.000 toneladas libre de aranceles abierto por la UE para cortes de alta calidad con suplementación.
    Siguiendo en el rubro de carnes, 2011 ha sido nuevamente positivo para el sector avícola, con una expansión por sexto año consecutivo en la producción de carne aviar, este año rondando 12% según las cifras preliminares. El consumo per cápita se consolida en el mercado interno, cerrándose la brecha entre la ingesta de carne vacuna y carne aviar en el mercado local: mientras que en 2005 la diferencia entre el consumo de ambos productos sumó 37,4 kg, la distancia se retrajo a aproximadamente 13 kg en 2011.

    Récord en lechería
    Otro sector con previsiones de alcanzar un nuevo récord histórico es el de la lechería, con una zafra que superaría los 11.000 millones de litros de leche cruda, superando el récord de 1999, cuando se estimó una producción primaria de 10.329 millones de litros. Las exportaciones de leche mostraron considerables mejoras –40% en volúmenes y 62% en valores–, consolidando aun más a Brasil, Venezuela y Argelia en el top 3 de destinos, pasando a concentrar casi 70% de los envíos de leche en el último año.
    A similares resultados arribamos al analizar los embarques de queso al exterior, con una expansión de 23% anual en volúmenes según datos del Senasa (a lo cual se suma una mejora de 37% en divisas), en donde nuevamente Brasil despunta como principal comprador, duplicando sus compras de queso argentino en 2011 vis à vis los registros para 2010 (el alza en dólares es aun mayor, rondando 130%).
    Amén lo hasta ahora descripto, un panorama acabado para el sector no estaría completo si no tuviéramos una mirada extra-pampeana, evaluando cuál fue la performance de las producciones de carácter más regional, con un efecto dinamizador sobre el nivel de actividad provincial.
    Una de las economías regionales más distintivas se encuentra encarnada por el sector vitivinícola, con gravitación no solo en las tradicionales provincias de Mendoza y San Juan sino también con creciente relevancia en Salta, Catamarca y La Rioja, entre otras. La cosecha 2011 fue la más alta desde el año 2007, con una mejora anual en el nivel de actividad de 10%, llevando la producción de uva de 28,9 millones de quintales. Si bien no se cuenta con cifras definitivas para el cierre del año, las ventas al consumo interno ganaron terreno: 1,4% con mediciones al tercer trimestre de 2011.
    Aunque el resultado parezca magro, el signo de esta variación no es irrelevante, habida cuenta la tendencia declinante que los despachos al mercado interno mostraron en el último bienio. Más alentador se muestra el panorama externo, en donde los primeros datos preliminares para el cierre del año apuntan a ingresos por US$ 800 millones, lo cual representa una recomposición de 9% tanto en valores FOB como en volúmenes comercializados.

    Ingresos regionales
    Para analizar brevemente la performance de algunos productos con tracción sobre las economías regionales seguidamente puede observarse cuál ha sido la evolución de las colocaciones externas para determinados productos emblema que trascienden al complejo cerealero-oleaginoso-ganadero más tradicionalmente pampeano. Si bien el presente artículo no tiene por objetivo adentrarnos en los pormenores de cada uno de estos productos, bien pueden extraerse algunas conclusiones.
    En primer lugar, aunque con matices, las cotizaciones internacionales han sido sostenidas a lo largo de 2011, lo cual se refleja en los incrementos más que proporcionales en las divisas ingresadas en relación a las cantidades embarcadas. En segundo lugar, si bien se han tomado algunos complejos representativos de producciones típicamente regionales, puede apreciarse cómo el acumulado representa un valor no despreciable, lo cual se agudiza si la comparación se efectúa para una provincia en particular.
    Solo algunos ejemplos muestran la contundencia de esta afirmación: en Mendoza las exportaciones del complejo vitivinícola representaron en 2011, 43% de los ingresos en concepto de exportaciones para la provincia; en Tucumán el sector frutícola absorbió más de la mitad de los envíos, mientras que en Misiones casi la totalidad de los embarques se encontraron comprendidos en los complejos forestal, tealero/yerbatero y tabacalero.
    Por otra parte, no solo la Argentina muestra un posicionamiento fuerte como exportador mundial de muchos de estos productos, sino que también puede notarse la clara superioridad en las cotizaciones internacionales en comparación, por caso, con los ingresos derivados de la venta de una tonelada de poroto de soja.
    Finaliza este capítulo como lo hiciéramos el año anterior, a la espera de lo que la seca nos depare para la presente campaña: se siguen minuto a minuto las posiciones a futuro de soja en Chicago, las previsiones del USDA respecto de la cosecha mundial –con recortes para la soja brasileña y argentina así como el maíz local respecto de las últimas estimaciones– y las precipitaciones registradas y esperadas en la Argentina y sur de Brasil.

    (*) Andrea Conforti, economista y consultora especializada en temas agropecuarios.

    Industria

    Se reduce el crecimiento y quedan varios interrogantes

    Hay factores que contribuyen a debilitar el crecimiento. Un contexto internacional incierto, tanto en Europa como en Brasil, implica menor demanda esperada de manufacturas de origen industrial. A su vez, el mercado local, luego de una notable recuperación, comenzó a estabilizarse en niveles de expansión más moderados, en un contexto de mayores tasas de interés.

    Por Florencia Balestro

    Para analizar la evolución reciente del sector manufacturero en el marco de un contexto macroeconómico volátil, tanto internacional como local, es útil describir y distinguir las siguientes fases: (1) recuperación del impacto de la crisis 2008-2009; (2) crecimiento sostenido hasta mediados de 2011; y (3) la desaceleración reciente.
    En un análisis de la dinámica industrial posterior al devenir de la crisis global, es posible observar que la misma implicó un marcado retroceso. Al momento del impacto (septiembre de 2008), la actividad industrial había alcanzado su máximo histórico desde 1994. Los efectos adversos continuarían hasta mediados de 2009, punto de inflexión a partir del cual comenzaría a verificarse, inicialmente, una tímida recuperación vinculada tanto a factores externos como internos.
    Por un lado, la reactivación del mercado automotriz brasileño jugaría un papel crucial, en parte explicado por la efectividad del plan estímulo automotriz implementado por el Gobierno entonces de Lula da Silva con el objeto de reactivar la demanda, influyendo positivamente en las exportaciones de las terminales nacionales y por ende, sobre toda la cadena de valor. Adicionalmente, la industria siderúrgica recibiría cierto aliciente por mejoría en la situación internacional y la recomposición de inventarios a escala global.
    Entre los factores internos fue preponderante el rol de las políticas anticíclicas llevadas a cabo por el Gobierno, que jugaron un papel relevante para moderar la contracción de la actividad industrial y facilitar la posterior recuperación. La administración del comercio a través de la extensión de las licencias no automáticas (LNA) fue funcional en algunos sectores para frenar el avance de las importaciones en determinados productos y así evitar daños en sectores sensibles como textiles, madera y muebles, entre otros.

    Programas exitosos
    Otra herramienta clave, tal vez menos conocida, fue la generalización del Programa de Reconversión Productiva (REPRO), en donde el Estado se hizo cargo de parte de los salarios de los trabajadores de empresas que presentaban dificultades ante el advenimiento de la crisis, logrando moderar la destrucción de empleo. Este programa, junto con la entrada en vigencia de la Asignación Universal por Hijo (AUH) permitió mitigar la desaceleración del consumo interno y contribuir al sostenimiento de la producción nacional.
    Aunque el ritmo de recuperación iría acelerándose gradualmente, el año 2010 comenzó con la mayoría de los sectores evolucionando por debajo de su capacidad productiva registrada en 2008. Automotriz, siderurgia y metalmecánica lo hacían cerca de un tercio por debajo de sus máximos registrados en dicho año, en un marco de baja utilización de capacidad instalada, mientras que otros sectores como ser caucho y plástico, edición e impresión y minerales no metálicos, también en recuperación respecto a 2009, se ubicaban 15% por debajo de sus registros previos a la crisis.
    En el desempeño industrial es factible verificar dos etapas. La primera abarca el primer semestre de 2010, cuando la expansión estuvo liderada por las industrias automotriz, siderúrgica y metalmecánica, que en conjunto explicaron cerca de 85% del crecimiento promedio contra igual período del año anterior. La segunda etapa se desarrolla durante la segunda mitad de 2010, cuando reapareció en escena la industria de alimentos y bebidas, que anteriormente había presentado retrocesos como resultado de la mala cosecha de 2008-2009 y la consecuente escasez de materia prima en molienda de oleaginosas, sumada a una merma en la producción de carnes rojas.
    Esta industria promedió una expansión interanual de 15% en este segundo período, dando cuenta de un cuarto del crecimiento promedio del total de la industria e incorporándose a la tríada de los sectores que traccionaron el crecimiento industrial hasta fines de 2010. A partir de julio, alimentos y bebidas, en conjunto con metalmecánica y automotriz, duplicaron las tasas de expansión de la industria manufacturera y explicaron un poco más de las tres cuartas partes del dinamismo manufacturero que cerró ese año acumulando un crecimiento de 12,4%.

    Fines de 2010, mediados de 2011
    A diferencia del escenario del año previo, 2011 comenzaría con gran parte de los subrubros registrando niveles de producción recuperados y en plena fase de crecimiento. Durante la primer parte del año, alimentos y bebidas continuó arrojando elevadas tasas de expansión, explicadas en su mayor parte por el dinamismo de molienda de oleaginosas. Así, el primer trimestre acumuló un crecimiento de 15,5% interanual resultado de la baja base de comparación que fueron los primeros meses de 2010 y consiguió de esta manera recuperar los niveles de producción previos a la sequía.
    El primer trimestre del año replicó el patrón de crecimiento heredado de la segunda parte de 2010, en donde en marzo, alimentos y bebidas, junto a la industria automotriz, explicaba cerca de 80% del crecimiento industrial. Otros sectores que denotaron un buen desempeño fueron minerales no metálicos, resultado del crecimiento que presentó la construcción tanto privada como pública y productos textiles, ambos con variaciones interanuales superiores a 10%.
    A partir de abril la industria agroalimenticia comenzó a exhibir menores tasas de expansión interanual, resultado de la recuperación del sector a mediados de 2010 –lo que elevó la base de comparación–. De esta forma, alimentos y bebidas abandonó el podio de los sectores de mayor contribución al crecimiento, cediendo el lugar a los rubros capital intensivo. Automotriz, metales básicos y la metalmecánica –impulsada por el consumo de bienes durables y la recuperación de la inversión en equipamiento–, volvieron a traccionar la actividad industrial, explicando en lo que restó del año cerca de 75% del crecimiento manufacturero.

    La desaceleración
    Ya entrado el segundo semestre el sector industrial comenzó a exhibir variaciones interanuales por debajo del valor acumulado del año, implicando una desaceleración en la actividad fabril. Los sectores que lideraban el crecimiento empezaron a mostrar menores tasas de expansión, acercándose a los valores del promedio del resto de los rubros.
    Para el agregado de la producción manufacturera, existe una serie de factores que contribuyen a debilitar el crecimiento. En el rubro automotriz, por ejemplo, la actividad se desaceleró pasando de un aumento de 30% anual en producción y exportación, a tasas de crecimiento muy inferiores (6,1% en setiembre y 11,2% en octubre) para alcanzar en noviembre una expansión casi nula (0,1%). Esto se debe en parte a la moderaci&oacute