LIBRO BLANCO DE LA RSE | Capítulo I
Por Carina Martínez

Francisco Lozano Winterhalder
Foto: Gabriel Reig
Licenciado en Ciencias Biológicas y máster en humanidades, ambos por la Universidad Autónoma de Barcelona, Francisco Lozano Winterhalder es profesor en Esade, especializado en temas de medio ambiente vinculados con la sostenibilidad ambiental corporativa. En su paso por Buenos Aires, se reunió con Mercado y brindó su perspectiva sobre el rumbo de estas temáticas que, lejos de ser lineal, muestra altibajos en función de circunstancias locales y momentos socioeconómicos.
¿Maquillaje para empresarios?
Es innegable que todo lo que implique el avance de la RSE y la sustentabilidad tiene un cariz positivo, en cuanto a sus efectos benéficos sobre la comunidad y el ambiente, más allá de las motivaciones que guían a los empresarios a orientarse hacia estos temas.
Pero, por el momento, Lozano Winterhalder es crítico respecto de estas motivaciones y considera que, aún hoy, la RSE es en gran parte un movimiento de imagen. “Esto es así en el mundo en general, aunque en ciertos países de Europa más aún, porque vende mucho que una empresa sea, por ejemplo, la protectora de un bosque”, sostiene.
Las empresas noruegas, suecas, finlandesas, en cambio, se destacan de sus pares de otros países del Viejo Mundo, por ser ejemplo de comportamiento responsable. “Allí, las compañías se comportan de otra manera porque están acostumbradas a moverse en un país muy homogéneo, muy protector. La empresa tiene que ser protectora de la naturaleza, de las personas, del país”.
Entender la ecuación
Respecto de los conceptos de RSE y sustentabilidad que conviven en el debate actual, Lozano Winterhalder considera que ambos son diferentes pero se interrelacionan. Y a la vez propone hablar de responsabilidad social y ambiental corporativa. En este sentido, considera que será más fácil lograr cambios vinculados con la sostenibilidad ambiental, que con lo social dado que, para implantar la sostenibilidad, lo que se requiere es concientizar a los ejecutivos.
“En cuanto los empresarios conozcan claramente la ecuación sostenibilidad = ahorro; ahorro = mejora en la cuenta de resultados, la sostenibilidad va a ser interesante para las empresas”, asegura.
El especialista explica que las estrategias para hacer frente a la sostenibilidad en las empresas son básicamente dos: ahorro energético y reducción de impactos. Y en este sentido la ecuación es clara.
El ahorro energético es interesante para la empresa, porque refiere a aplicar criterios de eficiencia en el uso de energía; producir el máximo con el menor consumo energético.
Por su parte, la reducción de impactos implica que con menos materias primas, con procesos productivos más eficientes, se optimiza tanto lo que se utiliza para producir como el residuo.
La presión y la imagen
Es de esperar que cada día las exigencias a las empresas por parte de los Gobiernos y distintos organismos nacionales e internacionales vayan en aumento y aceleren el camino hacia una gestión sustentable. “Vamos lento y no todos al mismo ritmo –señala Lozano Winterhalder–. La UE tiene unos requerimientos brutales en lo ambiental, para quienes quieren instalarse para producir. Lo mismo en EE.UU., y va a ser así, en forma creciente, en los distintos países”.
Esta presión sobre las empresas para avanzar en la sustentabilidad proviene de agentes diversos, dependiendo de la sociedad que se trate. “En sociedades como la finlandesa o la dinamarquesa, la presión más fuerte viene de la población. Nadie compra un producto que no tenga el Cisne Azul (distinción que se otorga a las compañías que cumplen con la normativa ambiental). Pero en España, por ejemplo, todavía hay mucha gente que elige en función del precio”, afirma.
En cuanto a los Gobiernos, aunque con excepciones, considera que en general actúan en forma reactiva, ante la presión de la sociedad. Y lo mismo sucede con las empresas.
En este último caso, la causa es, en gran medida, la falta de información, que hace que las compañías consideren el medio ambiente como un enemigo.
Costos y beneficios
Para los pioneros en introducir una forma sustentable de hacer negocios, el proceso no deja de tener costos. El modificar estructuras productivas para cambiar hacia esquemas más sustentables implica, por supuesto, una erogación de capital que no genera beneficios inmediatos. Sin embargo, Lozano Winterhalder asegura que no debe ser considerado como costo sino como una inversión necesaria y ventajosa, ya que se recupera con creces.
“Lo mejor que puede hacer una empresa para introducirse en el mundo de la sostenibilidad es aplicar alguno de los sistemas de gestión ambiental que existen (como el europeo o la serie ISO). La aplicación de esos sistemas de gestión ambiental implica, en primer lugar, un estudio del estado en que se encuentra la empresa en ese momento. Segundo, un plan de acción para la transformación; y tercero, una auditoría permanente para garantizar que está funcionando el sistema y están cumpliéndose los objetivos”.
Cuantificar el costo que representa para una firma avanzar en este rumbo es muy difícil. Depende en gran parte del tipo de empresa que se trate (si es productora o de servicios) y de otros factores globales, como la situación general de la economía del país. “No es lo mismo sustituir procesos, como en una empresa de servicios, que un sistema productivo o cadena de productos. Pero se puede empezar de a poco, y eso es lo bueno.
Ser sustentables, ser competitivos
Para Lozano Winterhalder, la cuestión es clara: quienes se decidan a transitar el camino de una gestión sustentable lograrán posicionarse de manera más competitiva. Además de la buena imagen que adquiere una empresa social y ambientalmente responsable, y que sabe comunicar sus acciones, logra cierta empatía con la sociedad, que le otorga “licencia para ganar”, o permiso social. Por otra parte, el ahorro de recursos y de energía mejora la cuenta de resultados. Y la búsqueda de nuevos productos estimula la innovación, así como la orientación hacia nuevos mercados.
“Diversos estudios muestran que los grandes mercados en los próximos años serán los emergentes. Estar preparadas las compañías para competir en estos mercados y, dentro de estos países, estar preparadas las firmas locales para competir con otras de países que están en la avanzada en términos de sustentabilidad, como las alemanas, son desafíos que redundan en mayor competitividad”, asegura.
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Formar ejecutivos conscientes Tal como sucede con la comunicación y las relaciones interpersonales, actividades que consumen gran parte del tiempo de los CEO pero que no se aprenden en las universidades y escuelas de negocios, las falencias en cuanto a conocimientos vinculados con la responsabilidad ambiental corporativa podrán en el futuro ponerlos en jaque a la hora de liderar con éxito una compañía. “Puede ser que lleguen al puesto y crean que alcanza con cumplir con las normativas ambientales, pero que terminen fracasando en el mercado porque el competidor entendió mejor la sostenibilidad y logró posicionarse en forma más competitiva”, recalca Lozano Winterhalder. |

