lunes, 9 de marzo de 2026

    Transparencia de las ONG

    ESTRATEGIA | Alta gerencia

    Por Pablo Paladini


    Pablo Paladini

    Del mismo modo, que sus estructuras, operativa y administrativa, respalden razonablemente el buen funcionamiento de la entidad. Por lo tanto, la auditoría interna es un aspecto relevante al momento de garantizar la transparencia ante la sociedad.
    Según el tipo de acción que desarrollen, la importancia que esta tenga para la sociedad y el volumen de fondos canalizados a través de tales operaciones, habrá organizaciones más susceptibles de ser auditadas que otras; pero en general todo ente que administre fondos de terceros con un fin específico debe ser controlado.
    Los motivos para implementar esta práctica son múltiples (dependiendo de la actividad, estructura, forma de financiamiento, etc.) y van desde adoptar medidas para transparentar el sistema de gestión de riesgos y el funcionamiento administrativo y operativo, hasta brindar seguridad respecto de los objetivos propuestos para las actividades que se realizan a través de otras ONG de menor tamaño u otros sujetos independientes.
    Mantener un área de auditoria interna dentro de la organización es una práctica que se debe considerar, a efectos de manejar correctamente los peligros inherentes a la actividad y ofrecer soluciones que permitan un adecuado desenvolvimiento, aumentando su nivel de credibilidad ante los ciudadanos y los grupos de interés.

    Internas vs externas
    La decisión de llevar adelante una o la otra dependerá de la posición y del escepticismo de quien requiere el control de la entidad.
    Una compañía que realiza un gran aporte a una ONG, seguramente contratará a un auditor externo para que verifique que los fondos sean adecuadamente utilizados con el destino encomendado.
    La concepción es distinta a la llamada auditoría de estados financieros, que proviene de obligaciones emanadas de regulaciones legales, como la presentación de estados contables auditados por un profesional independiente y se encuentra relacionada con las disposiciones societarias del país de origen de la ONG. Si bien contempla aspectos de control formal contable de acuerdo a las normas profesionales y los organismos de contralor, puede detectar aspectos operativos que agreguen valor a su trabajo y que sean de utilidad para la entidad en mitigar riesgos dentro de sus actividades.
    En el caso de una institución que despliega operaciones en toda la región y que moviliza una gran cantidad de fondos, es probable –y sumamente necesario– que organice un área de auditoría interna a efectos de garantizar razonablemente que los capitales movilizados se estén utilizando correctamente, con el fin estipulado y cumplimentando todos los aspectos legales aplicables.
    La auditoría interna responde a otras características, ya que tal actividad es necesaria para la acción misma de la entidad y forma parte del esquema de control interno dentro del componente de monitoreo. Así, se fomenta la transparencia de la gestión y el principio de rendición de cuentas.
    También, es muy común observar que un aportante determinado a la ONG decida realizar una auditoría con su propio equipo, en un proyecto específico de la ONG, con el propósito de verificar que los fondos se están utilizando eficientemente. Esto, en algunas oportunidades, es una condición necesaria para que tales sujetos o empresas realicen el aporte de valores.

    Auditores internos expertos en riesgos
    El principal dilema con el que se enfrentan las ONG, en relación con su auditoría interna, radica en el enfoque y en la ubicación que esta adopta para formar parte del esquema de control intrínseco de la entidad.
    Los auditores internos deben ser especialistas en riesgos; es decir que deben avanzar sobre las actividades de control y verificar que estas sean capaces de mitigar el peligro determinado, en primera instancia, y que el residual se encuentre en niveles tolerables para la entidad.
    Esto significa que la actividad no solamente deberá avanzar sobre proyectos especiales y verificaciones netamente operativas, sino que también se debe planificar la verificación y el análisis de áreas y ciclos claves dentro de la organización, tales como abastecimiento, compras, tesorería y ciclo de egresos e ingresos. De esta forma se logrará brindar una actividad de auditoría que realmente agregue valor a la organización a través de un enfoque múltiple y disciplinado, manteniendo el riesgo operativo en niveles tolerables.

    (*) Pablo Paladini es integrante de la comisión directiva del Instituto de Auditores Internos de Argentina (IAIA).