domingo, 19 de abril de 2026

    Una oligarquía dura de extinguirse

    COLOFÓN |

    Poco después, el Gobierno tomaba el control de Fannie Mae y Freddie Mac, dos hipotecarias paraestatales. Paralelamente, una avalancha de trabajos publicados ya durante 2010 ha tratado de descifrar la génesis de una reacción en cadena acaecida entre agosto de 2007 y septiembre de 2008. O sea, 14 meses.
    Esa literatura puede dividirse en un puñado de categorías. Van de narrar la crisis sistémica occidental en sí, plantear análisis, ofre­cer recetas económicas o financieras y describir diversos partícipes del drama. Desde ins­trumentos cortoplacistas hasta excesos de los fondos de cobertura, o sea los derivados, sin olvidar necrológicas de personas, bancas y estafadores.
    Ninguno de estos libros res­pon­de por completo todas las preguntas ni, mucho menos, señalan cómo terminarán una cantidad de efectos aún en curso. Pero algunos, en particular dos, se acercan al fondo de la cuestión y a su génesis.
    El primero se debe al indio Raghuram Raján y su título es tan largo y reiterativo como se acostumbra en el oficio. Se llama Fault Lines: How Hidden Fractures Still Threaten the World Economy (“Fallas: como fracturas ocultas aún amenazan la economía mundial”, Princeton University Press, 2010). El segundo provie­ne de la dupla Simon Johnson & James Kwak y su título es de suyo un gancho: 13 Bankers. The Wall Street Takover and the Next Financial Meltdown (“13 banqueros. La toma de Wall Street y la próxima licuación de activos”, Pantheon Books).

    Cuestión de argumentos
    La prensa redacta las crónicas, pero economistas y econometristas escriben los argumentos. Pocas ubicaciones son, pues, mejores para seguir los dramas que la de analista principal en el Fondo Monetario Internacional. Raján, hoy asesor económico de Manmohán Singh, primer ministro de India, tiene la autoridad acumulada y revisada durante 30 años trabajando en el FMI. Recientemente en Rusia, descubrió lo lejos que había llegado esa economía tras superar la crisis sistémica internacional de 1997/8, no precisamente gracias al Fondo.
    Poco después, en Estados Unidos, observaba otra clase de realidad: desde mediados de los años 70, 60 centavos de cada dólar de aumento en los ingresos personales radican en 1% de las familias. Por ende, las brechas de riqueza no se limitan a países, sino que reflejan peligrosas de­si­gual­da­des en el interior de las propias democracias desarrolladas.

    Un siglo de debates
    Johnson, por el contrario, estuvo apenas 18 meses en el FMI y lo abandonó disconforme en agosto de 2008, tras denunciar el excesivo poder político de los banqueros occidentales en la entidad. Su experiencia se describe en 13 Bankers, un texto de los tantos que no se traducen al castellano.
    Algunos han sido arrastrados por la marejada, pero subsisten personajes tan poderosos como Lloyd Blankfein (Goldman Sachs), Kenneth Chénault (American Express), Robert Kelly (Bank of New York-Mellon), John Mack (Morgan Stanley) o John Stumpf (Wells Fargo).
    “Ese grupo –sostiene el autor– funciona como una oligarquía, incluyendo por ejemplo gigantes europeos del tipo Deustche Bank, Royal Bank of Scotland o Crédit Agricole”. El Fondo poco puede hacer para disciplinarlos. Solo drásticas reformas financieras podrían hacerlo, pero a Barack Obama le cuesta mucho imponer la suya en la plaza clave, EE.UU.
    Kwak apunta que este debate les suena familiar a los memoriosos y remite a 1912, luego del pánico de 1907/08, esto es hace casi un siglo. En ese momento, los hombres sabios –señalaría Kenneth Galbraith años después– también estaban muy divididos sobre qué hacer con el oligopolio bancario. Mientras tanto, arreciaba una cuádruple campaña electoral entre Theodore Roosevelt, Wiliam Taft (republicanos), Woodrow Wilson (demócrata) y Eugene Debs (socialista). “Ganó Wilson. En 1913 –señala Kwak– se creó el sistema de la Reserva Federal, pero el poder de la oligarquía financiera permaneció intacto”.