LIBRO BLANCO | Capítulo I

Según los resultados de una reciente investigación de la consultora internacional McKinsey, la gran mayoría de las empresas cree que el crecimiento económico de los mercados en desarrollo es importante para el éxito de sus estrategias de negocios. Y más de dos tercios de ellas están implementando programas para fomentar ese crecimiento, sea a través de la educación, del desarrollo del sector privado o del avance tecnológico.
Pero probablemente muchos de esos programas sean menos eficaces de lo que podrían ser, sugieren los resultados del estudio.
Eso es así porque sólo 19% de los encuestados dice que los programas de desarrollo ponen foco en la mujer a pesar de que muchas investigaciones recientes del Banco Mundial, Naciones Unidas o de universidades indican que los programas con foco en la mujer generan mejores resultados en términos de objetivos específicos del programa y de objetivos generales de desarrollo.
Por ejemplo, un año adicional de escolaridad secundaria se ha demostrado que aumenta en 10 a 20% los salarios futuros de las mujeres, mucho más que el 5 a 15% que se observa entre los hombres. Además, las mujeres con ingresos propios son catalizadores muy poderosos de desarrollo porque reinvierten una mayor porción de sus ingresos en salud, educación y bienestar familiar, comparado con los hombres.
La encuesta preguntó a altos ejecutivos de compañías de todo el mundo si sus empresas operaban en mercados en desarrollo, si estaban encarando problemas sociales ligados a desarrollo económico y si alguno de sus programas ponía el foco en la mujer. A quienes contestaron que sí se les preguntó si esa estrategia había modificado las ganancias de sus compañías y a los que contestaron que no, qué podría motivarlos a cambiar el énfasis.
Muchos de los encuestados cuyas compañías incluyen a la mujer en sus programas de desarrollo dicen que esa estrategia les ha aumentado las ganancias o calculan que lo hará pronto. Esto es sorprendente porque, en general, las empresas tienen gran dificultad para hacer evaluaciones financieras sobre los beneficios de sus inversiones sociales. La capacidad de los respondentes para ver una clara relación con las ganancias resulta probablemente de una combinación de los temas que ya están afrontando (especialmente educación) los objetivos de sus programas (casi siempre empleados) y el efecto multiplicador de concentrarse en las mujeres.
Fomentar el desarrollo
Tres cuartos de las empresas representadas en la encuesta están en algún grado activas en los mercados en vías de desarrollo, en la mayoría de los casos haciendo ventas o con oficinas instaladas en esos países. Y la amplia mayoría dice que el crecimiento económico en esos mercados es y seguirá siendo importante para el éxito de sus estrategias de negocios.
Entonces es válido decir que tienen claras razones de negocios para apoyar el crecimiento en esos países en desarrollo. Por cierto, la importancia que asignan las empresas al fomento del crecimiento queda al descubierto cuando se advierte que incluso durante el último año calendario de la crisis económica la mayoría de las empresas que se ocupan de temas sociales en los mercados en desarrollo o bien mantuvieron su nivel de compromiso o lo aumentaron.
Los respondentes de la encuesta identifican educación, comercio, integración económica y desarrollo del sector privado como los principales aceleradores de crecimiento económico en mercados en desarrollo durante los próximos 10 años. Esos aceleradores se superponen con los tres grandes temas que las empresas están procurando atender de alguna forma: educación, avance tecnológico y desarrollo del sector privado.
Foco en la mujer
Entre los ejecutivos de empresas que se ocupan de uno o más temas de desarrollo, sólo 19% dice que sus programas ponen foco en la mujer, o sea, específicamente promueven igualdad de género o progreso económico de la mujer o la colocan en el centro de programas con otros objetivos, como educación, comercio, integración económica y desarrollo del sector privado. Debe tenerse en cuenta que encarar esos temas –aun sin foco en el sector femenino– suele favorecer la posición económica de la mujer. Sin embargo, los programas que se orientan específicamente hacia las mujeres crean más beneficios no sólo para ellas sino también para la sociedad toda, según muchos estudios realizados durante los últimos 15 años.
Se descubrió que los países que no han logrado paridad de género en educación, por ejemplo, perdieron 0,1 a 0,3 puntos porcentuales por año en crecimiento económico per cápita. Además, un aumento de un año en la escolaridad de todas las mujeres adultas en un país genera un aumento del PBI per cápita de alrededor de US$ 700 y un aumento porcentual de 0,7 en la participación de las mujeres en la fuerza laboral formal. Además de todo esto se suma el hecho que las madres educadas y empleadas tienen una mayor influencia positiva en la salud y resultados educativos de sus hijos que la de los padres.
¿Se pierden de ganar?
Entre los respondentes cuyas compañías están involucradas en programas de desarrollo de la mujer, 34% dice que ese compromiso ya les significó un aumento en sus ganancias y otro 38% espera lo mismo pronto, casi siempre aumentando la provisión de mano de obra accesible y capacitada. Dado lo difícil que suele ser para las empresas evaluar los beneficios financieros que pueden obtener con sus programas sociales, este descubrimiento resulta, al principio, sorprendente.
Sin embargo, sorprende menos si se consideran los beneficios comprobables y medibles de los programas que se orientan hacia la mujer y también el hecho que los programas de muchos respondentes se orientan hacia educación y generalmente se dirigen a sus empleados.
Entonces ¿por qué tan pocos se ocupan de la mujer? Una razón es que muchas compañías no saben que tal estrategia podría aumentar el impacto social de sus programas. Dos tercios de los respondentes en esta encuesta dicen que sus compañías no conocen la investigación o que no saben si la compañía la conoce. Además, los respondentes en más de la mitad de esas compañías dicen que nunca consideraron ocuparse de la mujer como prioridad estratégica o filantrópica.
Difícil de medir
Más allá de eso, las empresas por lo general están conscientes de que ocuparse de temas sociales pueden generar beneficios concretos que van más allá del mantenimiento o mejoramiento de su reputación –particularmente una mejora en el estado de ánimo general del personal y mayor retención de los empleados. Sin embargo, esos efectos pueden ser difíciles de medir y a menudo no son considerados cuando se evalúan los programas sociales.
Por ejemplo, en una encuesta de McKinsey de enero 2009, tres cuartas partes de los directores financieros y profesionales de inversiones dijeron que los programas sociales hacen aportes positivos y de largo plazo al valor de los accionistas, pero sólo 37% dijo que eso es cierto en el corto plazo. Por lo general, los respondentes a esa encuesta dijeron que el valor proviene de mantener una buena reputación empresaria y la mayoría de los respondentes no pudo integrar plenamente los efectos de los programas sociales, ambientales o de gobernanza en los análisis financieros. Además, 35% de los respondentes dice que orientaría sus programas de desarrollo hacia las mujeres si esa estrategia les generara valor adicional o mejorara el desempeño corporativo, mientras que casi la mitad dice que lo haría en respuesta a presiones externas o internas de otros tipos.
Mientras persistan estas actitudes, las empresas no van a aprovechar la posibilidad de crear beneficios financieros de corto plazo a partir de la inversión social y del efecto multiplicador del foco en la mujer
Si no lo están haciendo ya, las empresas podrán aumentar la eficacia de muchos de sus programas, como los de educación, incorporando el foco en la mujer. Las compañías suelen ver la inversión en educación como una forma de atender muchos de los problemas sociales; y como al hacerlo crean también una fuerza laboral más amplia y más calificada, el beneficio adicional es evidente.

