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Luego de un largo estudio de por lo menos 10 años, la Food and Drug Administration parece estar a punto de dar su aprobación al salmón genéticamente modificado. La FDA es el organismo que decide lo que puede llegar a la mesa de los estadounidenses. Los opositores llaman “FrankFish” a la variedad, que sería el primer producto comerciable de la Revolución Azul, opuesta a la Revolución Verde.
La compañía que quiere patentarlo –AquaBounty Technologies de Waltham, Massachusetts, que cotiza en la bolsa de Londres– asegura que la ventaja sería mayor disponibilidad del producto, con muchas consecuencias para los mercados. Por lo demás, sabor, color, minerales, vitaminas, acidez y proteínas son idénticos a los del salmón que reemplaza: el del Atlántico. Así dijo al New York Times, el director gerente de AquaBounty Ron L. Stotish.
Según la compañía, la FDA habría ya dado el OK a cinco de los siete puntos exigidos para comercializar el súper pez. Sin embargo, cuando comenzaron las experimentaciones en Canadá, a fines de los años 90, los ecologistas miraban con sospecha al FrankFish. ¿Qué sucede si el “trans-salmón” se acopla con el natural? El productor sostiene que se obtendrán sólo salmones femeninos y estériles. Recuerda además que el salmón atlántico que se vende actualmente ya es un producto de cautiverio. El “supersalmón” podrá nadar sólo en piletas: la inmensidad del océano le estará vedada.
El último problema que la FDA deberá superar es el del etiquetamiento. Años atrás, la administración decidió que no es obligatorio indicar si un alimento es producido con cereales genéticamente modificados a menos que éstos contengan propiedades nutricionales diferentes de los del producto natural. Así, el pescado que algunos llaman Frankenstein podría terminar en el plato sin ninguna indicación suplementaria.
Pesticidas en el plato
Según el informe anual de Legambiente , la más difundida asociación ambientalista en Italia, 1,5% de la fruta, verdura y derivados que terminan sobre la mesa diaria está contaminado por encima del nivel de seguridad. Ha vuelto a aparecer el DDT.
En el informe anual titulado “Pesticidas en el plato”, Legambiente reconoce los esfuerzos hechos en Italia por lograr una utilización sostenible de los fitofármacos, pero muestra que, el año pasado (y lo que va del presente) hubo mayor presencia de multi residuos (3% más respecto de 2008), que contienen diversos químicos.
Según la asociación ambientalista, que ha reunido y confrontado datos provenientes de varias instituciones italianas, los niveles de contaminación se mantienen estables en alrededor de 1,5% (1,2% en 2008). Para la verdura los datos sobre residuos múltiples se duplicaron con respecto al último año, pasando de 3,5% en 2008 a 6,5% en 2009. La fruta es la que presenta un porcentual más alto. 45% de las peras, 43,8% de las uvas y 40,9% de las frutillas contienen restos de sustancias químicas diversas, mientras que los cítricos muestran las más altas concentraciones de irregularidades.
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La lata cumple 200 años Cuando se busca el nombre del inventor de la lata aparecen nombres y fechas diferentes. En lo que no se discrepa es que en 1810 el inglés Peter Durand recibió la patente de manos del rey Jorge III. |

