ANÁLISIS | Entrevista

Fernando Straface
Foto: Gabriel Reig
Por segundo año, CIPPEC figura entre los cinco mejores think tanks de América latina. Según un informe publicado por la revista estadounidense Foreign Policy, es una de las mejores cinco usinas de ideas de América latina y el Caribe, junto con el CARI (Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales), la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales de Costa Rica, Libertad y Desarrollo, y el Centro de Estudios Públicos, ambos de Chile. El informe realizado por la Universidad de Pennsylvania, que resume los resultados de un relevamiento de 5.465 instituciones y tiene como objetivo identificar a los mejores think tanks del mundo y elaborar un listado por región.
No es un logro menor para una organización que apenas tiene 10 años de vida, y que ahora, con la renovación de su equipo directivo busca reafirmar su cometido y aventar cualquier sospecha sobre su continuidad.
Fernando Straface, el nuevo director ejecutivo de CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento), cree que el Estado es un actor central en la promoción del desarrollo económico y la equidad. Más allá de la discusión sobre su tamaño, la gran mayoría de los países de la región coincide en demandar más y mejores políticas públicas. Sobre estos tópicos trascurre esta entrevista con Mercado.
–¿Qué es CIPPEC y cuál es su principal desafío?
–CIPPEC es un centro de análisis e implementación de políticas públicas, lo que en Estados Unidos se denomina un think tank, un centro dedicado al estudio de los temas públicos pero que no pertenece ni al Estado ni a un partido político específico. CIPPEC se dedica al análisis, promoción, evaluación e implementación de buenas políticas públicas en distintas áreas claves del Estado.
El principal desafío que tiene CIPPEC, el cual está definido en la misión de la organización desde que se fundó en el año 2000, es fortalecer al Estado para que haya políticas públicas de mayor calidad en cada uno de los sectores, tanto los que tienen que ver con la agenda de crecimiento del país como los que apuntan a que haya mayor equidad. La calidad de la intervención del Estado es un factor determinante de la estrategia de desarrollo de un país, y CIPPEC trabaja para fortalecer y mejorar esa calidad de la acción del Estado en la Argentina.
–¿Qué objetivos se propone CIPPEC?
–A partir del objetivo estratégico, que es mejorar la calidad de la intervención del Estado, CIPPEC se propone algunos objetivos complementarios. En primer lugar, incrementar la calidad de los diagnósticos de cada área de intervención del Estado; trabajando con evidencia sobre las razones que hacen que el Estado funcione de determinada manera en una u otra área.
En segundo lugar, nos proponemos apoyar y trabajar con el sistema político y con los actores políticos para que tomen decisiones mejor informadas sobre los temas que discuten.
Un objetivo muy importante para CIPPEC, a partir de desarrollo de productos analíticos y del apoyo al sistema político con esa información, es elevar la calidad del debate público frente a los temas prioritarios de la agenda pública. Buscamos que el debate público se desarrolle en base a objetivos estratégicos como país, que se discutan las mejoras políticas para alcanzar ese modelo de la Argentina, los efectos de una u otra opción política tratando de despersonalizar el debate público y orientarlo hacia la discusión de temas y argumentos relevantes.
–¿Qué hace CIPPEC para alcanzar estos objetivos?
–CIPPEC tiene un modelo de intervención con tres momentos que nunca se dan de forma separada sino concurrente. En primer lugar, CIPPEC estudia los temas de la agenda pública y genera información analítica y relevante de la situación de la Argentina en cada área, de la experiencia comparada internacional, de los principales desafíos que enfrenta el Estado en sus distintos niveles de Gobierno y, en ocasiones, también formula una propuesta de cómo debería llevarse a cabo esa política pública.
Un segundo momento es la incidencia, es decir, qué se hace con toda la información analizada. CIPPEC la difunde públicamente, dialoga con los actores políticos tanto del Ejecutivo como del Legislativo –no siempre estando de acuerdo con ellos–, participa del debate público frente a temas de coyuntura y trata de agregar información relevante –de carácter objetivo– en medio de la discusión política.
Y un tercer momento de intervención es cuando, encontrando una forma de intervención concreta, CIPPEC se asocia con un gobierno, por ejemplo, para llevar adelante una iniciativa estratégica tanto para la organización como para el Gobierno.
Hoy tenemos proyectos en ocho de las provincias argentinas. Llevamos adelante una Escuela de Gobierno en la provincia del Chubut; ayudamos a la provincia de Salta a fortalecer la carrera pública; asistimos a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en la elaboración de un marco de resultados de gobierno; trabajamos con la provincia de Buenos Aires en el análisis y mejora del sistema educativo, entre otros.
Los tres modos de intervención se llevan adelante con algunos principios como el carácter apartidario de CIPPEC; la independencia analítica en términos de fuentes de financiamiento con las cuales nos relacionamos. Una de nuestras fortalezas es que tenemos una estructura de financiamiento muy diversificada que incluye a empresas, cooperación internacional, instituciones filantrópicas, individuos y, en algunos casos, Gobiernos con los cuales nos asociamos para llevar adelante un proyecto.
–¿Cuáles cree que son los tres problemas fundamentales de la Argentina?
La Argentina tiene un desafío central que se manifiesta en tres áreas. Es la dificultad que tenemos, desde hace mucho tiempo, de establecer un modelo de país deseado y, a partir de ese modelo, articular las políticas públicas y la acción del sector privado para desarrollarlo.
La Argentina es un país volátil en términos de políticas públicas, es decir, es poco estable y tiene periódicamente cambios abruptos en su configuración política y de modelo económico. Si se mira la Argentina del último siglo, el país pasa por períodos de alto crecimiento y luego períodos de crisis económica y, hasta 1983, acompañada también de un péndulo entre estabilidad democrática e interrupciones del orden constitucional.
La cuestión es de dónde proviene la permanencia de esta dinámica de corto plazo. En parte, porque como país no hemos sido capaces de definir un modelo deseado, un camino de destino, una visión de conjunto que vaya más allá de las diferencias políticas que puede haber entre las distintas fuerzas. Este camino de destino sí se encuentra en Brasil, en Uruguay y en Chile; también en países como Colombia.
La baja calidad institucional del Estado es un factor que en parte lo explica. El Estado no ha sido capaz de tener, en algunas áreas estratégicas o prioritarias para definir el modelo de país, políticas de calidad y estables, basadas en alcanzar objetivos estratégicos. En educación, por ejemplo, todavía seguimos disfrutando del plan estratégico que tuvo Sarmiento en su momento, y las conquistas que desarrollamos a principios del siglo pasado con la gratuidad de la educación pública y la masificación de educación pública. Pero nos falta mejorar la calidad educativa y pensar a la educación como parte de un proyecto de país, de un modelo productivo y de un modelo de equidad social también.
En el plano político, hay una desintegración o fragmentación del sistema de partidos en la Argentina que hace que la estructuración del poder político no esté ligada a programas o a un conjunto de ideas estables, sino que cambie de elección en elección con base en atributos de liderazgo personal o incluso mediático. Nos falta estabilidad también en ese sentido.
Finalmente, en materia de modelo productivo, a pesar de que el mundo abre a la Argentina la posibilidad de insertarse a partir de un perfil productivo distintivo por lo que producimos y por lo que el mundo consume, todavía no hemos sido capaces de enunciar un modelo productivo que distinga a la Argentina, que genere reglas de juego claras para aquellos que quieren invertir de afuera y para los que desde adentro quieren salir hacia el exterior.
En materia de inserción internacional, desde el retorno de la democracia hasta ahora, pasamos de estar en el movimiento de los no alineados con Alfonsín a tener relaciones carnales con Estados Unidos, a una aspiración de vinculación más protagónica con Europa en el Gobierno de la Alianza, al eje del ALBA en el Gobierno actual. Hay cierto aspecto desconcertante en la política exterior argentina que repercute en la forma en que el país es percibido por sus socios internacionales.
–Algunos temen o desconfían de los think tanks porque dicen que podrían estar alineados con intereses de las estructuras de poder partidario, o del exterior. ¿Qué piensa al respecto?
–Los think tanks son, dentro del sistema político del país, un actor que impulsa una agenda de políticas sobre cada uno de los temas. Hay think tanks partidarios y otros no partidarios. En países con partidos políticos mucho más estables que los de la Argentina, los think tanks por lo general están asociados con uno u otro partido político y expresan el programa de gobierno y el marco ideológico de ese partido.
En otros países, dentro del que se incluye a la Argentina, los partidos no cuentan con esas capacidades para desarrollar en su seno centros de pensamiento, entonces, los think tanks pasan de alguna forma a ocupar esa función.
Hay definitivamente think tanks partidarios y otros que no lo son, como es el caso de CIPPEC, y la clave está en la conformación del gobierno, en la estructura del financiamiento y la conformación del cuerpo de directores, que en nuestro caso es plural y diverso en cuanto a lo ideológico.
CIPPEC es un ejemplo claro de esos think tanks apartidarios. La máxima autoridad, el Consejo de Administración, refleja una diversidad ideológica y sectorial en el sentido de que hay gente del sector privado, del público y de la academia. En materia de financiamiento, tenemos una estructura diversa tanto en las fuentes como en la participación dentro de cada fuente de los distintos sectores. En empresas tenemos más de 200 donantes; en cooperación internacional tenemos apoyo de fundaciones europeas, de Estados Unidos, de la cooperación bilateral de embajadas de países de la Unión Europea; y cuando se trata de Gobiernos tenemos reglas muy claras por las cuales ninguno de ellos tiene una participación dominante en el financiamiento de CIPPEC. Finalmente, en cuanto a nuestros directores, tenemos una agenda balanceada en términos de enfoque de políticas públicas pro crecimiento y pro equidad.
–¿Cuál cree que es el vínculo que debería tener el Estado con las organizaciones de la sociedad civil?
–En primer lugar, un vínculo de respeto a la autonomía de las organizaciones. También un vínculo de promoción de persistencia de las organizaciones. Las organizaciones de la sociedad civil, no sólo del campo de las políticas públicas, sino de las áreas sociales son socios del Estado en la producción de bienes públicos y cada vez más comparten con el Estado funciones que tradicionalmente el Estado ocupaba.
Además, son un modo de expresión de la participación ciudadana en los temas públicos, no necesariamente desde un enfoque de política partidaria. Por esto, el Estado tiene que respetar su autonomía, auspiciar su conformación y generar marcos regulatorios que impidan que las organizaciones de la sociedad civil terminen siendo cooptadas por el Estado en un extremo o teniendo una relación de adversario, en el otro. El Estado debe generar marcos de colaboración en torno a áreas concretas entre el Estado, el mercado y la sociedad civil.
–¿Qué opinión le merecen las asociaciones entre actores del sector privado y la sociedad civil en la Argentina para el desarrollo de mejoras en las áreas claves del Estado? ¿Piensa que este vínculo puede fortalecerse? ¿Cómo?
–Definitivamente puede fortalecerse. El sector privado ha descubierto y desarrollado desde hace muchos años en la Argentina estrategias de Responsabilidad Social Empresaria más enfocadas a contribuir con el Estado en la provisión de determinados bienes públicos que históricamente eran provistos por éste, que en mejorar la calidad de las políticas públicas en sí. Históricamente, el sector privado ha tenido una visión de la calidad del Estado como un problema de stock.
El sector privado ha tenido una moderada vocación a ser co-responsable por la calidad del Estado y de las políticas públicas. Por lo general, cuando tiene una aproximación a un sector, por ejemplo educación, ésta es sectorial y puntual. Pero apoya menos o se involucra menos en políticas que tienen beneficios a más largo plazo. En CIPPEC, buscamos convencer a los líderes del sector privado de que la clave es apostar a que el Estado mejore para no tener que reemplazarlo ni cubrir sus debilidades continuamente.
–¿CIPPEC se puede ver como puente o nexo entre el sector público y el privado?
–En parte sí porque CIPPEC genera iniciativas y proyectos para mejorar la calidad de las políticas públicas que en el mediano plazo impactan en el fortalecimiento del Estado y, eso, termina generando mejores condiciones para el crecimiento y la inclusión social, que son finalmente dos condiciones que al sector privado le interesan. CIPPEC es un muy buen vehículo para canalizar el interés del sector privado justamente en esta visión más de largo plazo de las políticas públicas.
–¿Por qué un Gobierno que cuenta con un amplio equipo de colaboradores y asesores puede necesitar un think tank al momento de realizar un análisis o fundamentar una política o medida?
–Un Gobierno puede recurrir a un think tank porque éste le garantiza la distancia suficiente de la coyuntura para poder analizar los temas desde una perspectiva más de mediano plazo; porque puede trabajar con la independencia suficiente en el momento de pensar las políticas públicas y porque asigna a la evidencia un peso muy relevante en la formulación de las opciones de política.
Además, un think tank le garantiza un tiempo de concreción o de ejecución que muchas veces va más rápido que los tiempos del Estado, garantiza acceso a la experiencia comparada, nacional e internacional, y le otorga una legitimidad o vidriera para las políticas de ese Gobierno que quizás llevadas adelante exclusivamente desde su interior no se da con la misma intensidad. Además, le facilita la posibilidad de asociación con otros sectores de la sociedad civil o internacionales.
–¿Cuál es su visión de la clase de país en que le gustaría que se convirtiera la Argentina dentro de 10 años?
–En CIPPEC, trabajamos para que la Argentina se convierta en un país con una agenda de crecimiento muy clara y estable en términos de modelo productivo, con visiones de inserción internacional, pero a la vez muy balanceada y equiparada a la prioridad de que haya equidad. Trabajamos por un crecimiento que tenga en la variable de la educación y del sistema de protección social en la Argentina el mejor reaseguro para la participación en esa estrategia de crecimiento de los sectores menos favorecidos del país; donde la educación se vuelva a convertir en un vehículo de incorporación al modelo productivo y, a partir de ahí, a los derechos sociales. Esto como condiciones de llegada en términos de modelo de país.
Y como atributos o condiciones de partida, una Argentina con un Estado fuerte en términos de calidad de sus intervenciones, con capacidad de regular el mercado y, a la vez, promover reglas claras para el desarrollo de mercados con capacidad de proveer de bienes públicos de calidad en materia de educación y de salud; garantizar el acceso a la Justicia y fortalecer la transparencia estatal.

