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En apenas cinco años más, China superará a la Unión Europea y quedará cerca de Estados Unidos como destino de las exportaciones regionales, según un documento de la CEPAL. De recibir hoy 7,6% del total de las ventas externas de la región, pasaría a 19,3% en 2020. La Unión Europea mantendría su participación en 14%. Los chinos crecerán gracias a la constante disminución en las exportaciones a Estados Unidos, de 38,6% en 2009 a 28,4% en 2020.
El péndulo del poder económico y geopolítico se está desplazando sin pausa, del océano Atlántico al Pacífico.
La Argentina no parece valorar en su totalidad el potencial de este escenario. O al menos su Gobierno. Tras la suspensión de la visita presidencial de Cristina Fernández de Kirchner a Beijing con un pretexto difícil de digerir para los frustrados anfitriones, la situación se ha complicado con las represalias a restricciones a las importaciones por parte de autoridades argentinas. Si no se encuentra solución, las exportaciones de aceite de soja sufrirán considerablemente.
Por otras razones –descenso en la producción agrícola local por la sequía– las exportaciones locales a China tuvieron una caída de 43% durante 2009. La balanza comercial entre ambos países ha mantenido un crecimiento sostenido, tanto en importaciones, pero especialmente en las exportaciones, durante los últimos 20 años. No obstante, la crisis de 2008 produjo en 2009 un quiebre pronunciado, incrementando el déficit argentino respecto del país asiático.
Déficit que se produce en productos manufacturados que incluyen agregados tecnológicos, mientras la Argentina se mantiene superavitaria en lo que respecta a productos primarios y sus manufacturas.
La reciente visita de Dimitri Medvedev a la Argentina fue la primera de un Presidente ruso a nuestro país. No faltará quien argumente que en verdad estaba de paso para la reunión del BRIC (Brasil, Rusia, India y China) que tenía lugar en Brasilia para la misma fecha. Pero lo cierto es que pudo haber obviado la parada y no darle oportunidad a Cristina Fernández de Kirchner para revisar las relaciones bilaterales.
De diversas maneras, India, Rusia e Irán también se interesan en Latinoamérica. Australia e India plantean una vasta alianza sur-sur, aunque algunos miembros estén en el norte. En general, presionan por cambios en un orden económico mundial que estiman tan injusto como anacrónico.
No importa que todavía Occidente sea el mayor socio comercial o que Estados Unidos sea aún el primer inversionista en la zona. Nada de eso oculta que se pasean por la región nuevos o potenciales actores geopolíticos y económicos.
Su llegada es en parte consecuencia de la declinación de Estados Unidos como potencia global, tras un instante de predominio absoluto luego del derrumbe soviético y hasta mediados de esta década. Lo cierto es que Brasil, bajo Lula, es hoy una potencia regional que limita al propio Estados Unidos en el escenario sudamericano.
Falta pensamiento estratégico y de largo plazo en el Estado argentino. Es urgente cubrir este inmenso bache.
La gravitación china
Como advierte la CEPAL, la importancia de China como mercado de exportación varía notablemente dentro de la región. Es un mercado clave para Chile, Perú y la Argentina, por ejemplo; importante para Brasil, pero uno bastante reducido para las ventas de Centroamérica, salvo Costa Rica. Las exportaciones de México a China en 2009, a su vez, representaron menos de 1% de sus ventas totales al exterior.
Por el lado de las importaciones se prevé un comportamiento similar: China podría superar a la Unión Europea y a Estados Unidos en el año 2020 como origen de las importaciones de la región. Este aumento se concentrará sobre todo en los mismos bienes de capital que ya tienen alta presencia en la zona, como los productos electrónicos, piezas y partes, maquinarias y textiles.
Hoy algunos países de la región dependen significativamente de China como socio comercial. Chile muestra las tasas más altas en esta relación, con 13% de sus exportaciones destinadas a China. Lo siguen Perú, (11%), la Argentina (9%), Costa Rica (7%) y Brasil (7%).
En cuanto a las importaciones, Paraguay es un caso extremo: 27% de sus importaciones provienen de China. Lo siguen Chile (11%), la Argentina (11%) Brasil, México y Colombia (10%). China se ha convertido en un socio comercial estratégico para América latina y el Caribe.

Mayor influencia
La nueva potencia mundial tiene un vasto proyecto globalizador que pivotea sobre África, pero que no descuida a esta región. Estos movimientos reflejan una necesidad objetiva: colocar los excedentes financieros de una economía cuyo Producto Bruto Interno superará 9% en 2010. Pero ello también implica buscar recursos naturales no renovables.
Beijing continuará aplicando sus US$ 2,12 billones (millones de millones) disponibles en divisas para profundizar su presencia exterior vía colocaciones, participaciones y adquisiciones. El primer ministro Wen Jiabao ha planteado una estrategia apoyada en firmas chinas. Las inversiones directas del país han ido ascendiendo de US$ 145 millones en 2002 a US$ 41.000 millones el año pasado y, quizá, 65.000 millones en 2010.
El subcontinente y ex patio trasero de Estados Unidos se vuelca especialmente hacia China. También hacia India, Irán, Rusia, etc. “Se aleja de Europa occidental. Un ejemplo (apunta The Economist) basta: hacia 2012, Perú empezará a exportar cobre vía Shanghai de una mina desarrollada por Chinalco a un costo de US$ 2.200 millones”.
Fuerte vínculo con Brasil
En los primeros seis meses del año pasado, China se convirtió en el mayor mercado para las exportaciones brasileñas. En mayo, el presidente Luiz Inácio de Silva (Lula) y su colega Hu Jintao firmaban un acuerdo por el cual el banco de desarrollo chino (BDCh) y Sinopec, una petrolera, prestarán a la estatal Petróleos Brasileiros (Petrobras) US$ 10.000 millones. El monto será a cambio de hasta 200.000 barriles diarios de crudo durante 10 años, a precio actual, provenientes de las enormes reservas frente al litoral sudoriental, recién descubiertas.
Semanas antes, Beijing había convenido con Buenos Aires un trueque monetario que involucra el uso bilateral de reales y yüan, no ya de dólares, también por US$ 10.000 millones. Entretanto, compañías chinas –naturalmente, estatales– compraban áreas petroleras en Ecuador y Venezuela. Poco después, National Petroleum Corp. (NPC) y Chinese National Offshore Oil Co. (CNOOC) formularon una oferta conjunta –desestimada– por no menos de US$ 17.000 millones por 84% de la española Repsol YPF.
Por otro lado, los lazos sudamericanos con Beijing han contribuido a capear los daños colaterales de la recesión occidental. La demanda sostenida de materias primas parece haber ayudado perceptiblemente a acelerar la expansión económica, respaldar monedas, reducir inflación y contener tasas de interés. Sobre todo en Brasil.
En las últimas semanas, dos firmas estatales, PetroChina y Petróleo de Venezuela (PdVSA) han subscripto un emprendimiento por 25 años para desarrollar el área Junín 4. Se trata de los esquistos bituminosos que caracterizan la faja del río Orinoco.
La presencia regional de Rusia
¿Y en qué consisten las relaciones con Rusia? El diálogo entre ambos mandatarios fue la continuación de la visita de nuestra Presidenta en diciembre de 2008 a Moscú. Se insistió en el desarrollo de satélites de navegación y en la cooperación en energía nuclear. A través de la empresa Rosatom, Rusia piensa en invertir US$ 3.000 millones, para construir la cuarta central nuclear argentina, Atucha III.
La intención es duplicar el comercio bilateral que fue de US$ 1.300 millones en 2009, con un superávit de US$ 750 millones para nuestro país. El punto crítico es la reanudación de exportaciones de carne argentina, suspendidas por la política oficial en la materia, y que es el tema más relevante para los rusos.
Rusia está interesada en el petróleo existente en esta zona, para tener mayor volumen de ventas de energía a otros mercados externos. Uno de los rubros de las exportaciones rusas a la región son armas, modernas pero poco sofisticadas, aptas por su resistencia y su bajo costo de mantenimiento. Aun así, Estados Unidos no percibe que ésta sea una amenaza a su rol regional.
El año pasado Venezuela era el principal cliente ruso en esta región y su cuarto cliente mundial, con adquisiciones por US$ 1.000 millones.
En cambio China se ha concentrado en el comercio con la región, que creció entre 2000 y 2008, de US$ 13.000 millones a US$ 140.000 millones. Con foco en las materias primas que necesita el gigante asiático. Las compras chinas de productos básicos en 2008 ascendieron a US$ 46.700 millones en petróleo venezolano, cobre y molibdeno de Chile, níquel de Cuba, y soja otros productos agrícolas de la Argentina y Brasil. Pronto se sumará mineral de hierro de Brasil y otros minerales de Perú. A cambio, los latinoamericanos han importado bienes industriales chinos (también en 2008) por US$ 71.400 millones. Incluyendo computadoras, equipos de telecomunicaciones, textiles, calzados, electrónicos, motocicletas y hasta algunos automóviles.

