ESTRATEGIA | Empresas

Miguel Maxwell
Para Miguel Maxwell, socio director del departamento de Auditoría de Deloitte, habría que contemplar el ajuste por inflación, aunque admite que no es posible en el actual marco regulatorio. Sin embargo, advierte que se está trabajando fuerte en toda la profesión en este tema, y que la alineación del país con las normas internacionales en la materia favorecerá este proceso.
–El auditor es uno de los profesionales que está más en contacto con el cliente. ¿Es simplemente el que se ocupa de los estados contables, o es necesario que entienda el negocio en el que está su cliente y sea capaz de darle una orientación precisa?
–Sin duda. Para auditar adecuadamente una empresa, además de conocer de auditorías, de normas contables, etc,, hay que conocer el negocio del cliente, hay que entenderlo. No se puede auditar bien un negocio que no se entiende.
En Deloitte estamos organizados por industria en el departamento de Auditoría. ¿Por qué? Para que ya nuestra gente se vaya especializando en determinados sectores o actividades. Ese es el punto de partida. Luego hay que especializarse en el negocio del cliente. Estar en contacto con una serie de clientes permite –manteniendo todas las reservas, la independencia, y la confidencialidad– lograr un bagaje de conocimientos que aportan valor más allá de la auditoría.
–¿Y se logra un nivel de conocimiento razonable de cada negocio?
–Sí, hay un entendimiento del negocio del cliente. Pero, ¿qué es una auditoría en definitiva? A lo que apunta la auditoría es a evitar que haya errores que puedan ser voluntarios o involuntarios en los estados financieros del cliente. Es decir, a opinar sobre la razonabilidad de los datos. Para hacer bien ese trabajo es fundamental entender el negocio del cliente, el entorno en el cual está.
–En el plano local, el ritmo de la inflación está empezando a inquietar. ¿Cómo sienten el tema sus clientes?
–Sin duda es preocupante. En un contexto inflacionario, no aplicar ajuste por inflación en los estados contables deteriora la calidad de la información. Es muy sencillo. Hay empresas que parecen estar dando ganancias en moneda nominal y si uno las midiera en moneda constante darían pérdidas.
En un contexto inflacionario empiezan a cambiar los valores de los activos por ejemplo, y eso hace que el patrimonio neto sea menor. Eso afecta al negocio en muchos casos porque, o bien le reduce la capacidad crediticia –la toma de préstamos por parte de las entidades financieras porque no tienen patrimonio contable suficiente, cuando, si pudiera expresar la verdad en sus estados financieros, lo tendría–, o bien resulta menos atractivo para los inversores.
Debería contemplarse. Pero hoy en la Argentina está prohibido. Por un decreto de 2003 que impide a los organismos recibir estados contables con ajustes con inflación. Ahora la Argentina está yendo hacia las normas internacionales. Un proceso que es bienvenido, así nos alineamos en materia contable con el mundo.
En 2012, será obligatorio para los que están en órbita de la comisión internacional de valores, opcional para que lo comiencen en 2011. Pero para empezar en 2011 se empieza ya, porque hay que presentar comparativos. Y las normas internacionales contemplan el ajuste por inflación. Y lo que hay que definir es cuándo hay inflación tal, que haga necesario el ajuste.
–¿Qué dicen esas normas?
–Lo que establecen las normas internacionales son aspectos cualitativos y cuantitativos para definir si se está en un contexto hiperinflacionario, que haga necesario el ajuste por inflación. Suele haber claros indicios de cuándo es amenazante la inflación. Por ejemplo, cuando la gente del país que se analiza no ahorra en la moneda local. Cuando los contratos se firman en moneda de otro país. Cuando los precios se fijan en moneda de otro país. Esos son todos indicadores cualitativos con independencia de los índices y de la discusión en torno a ellos. Luego está el criterio cuantitativo que dice que se considera hiperinflacionario cuando en un período acumulado de tres años se supera 100%.
Me parece que la Argentina debería ir alineándose y pensando –y se está trabajando en la profesión– en la posibilidad de algunos ajustes parciales. Por ejemplo volver a las devaluaciones técnicas que ayudarían a exponer mejor el patrimonio de algunas empresas
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Rectificación Aunque resulte tardía, es procedente. En la edición 1095 de junio de 2009 (página 160), en el “Ranking de Auditores” que acompaña el de “Las 1000 empresas que más venden” en la Argentina, se cometió un error. Allí figura Deloitte en tercer lugar. El error consistió en omitir en la suma final, precisamente las cifras de YPF, su cliente de mayor facturación. Si se hubiera computado este dato, la posición que le correspondía a Deloitte era el segundo puesto. |

