jueves, 30 de abril de 2026

    Filantropía inteligente, un modelo que se afianza

    LIBRO BLANCO | Capítulo I

    La actividad filantrópica alcanzó el año pasado una cifra récord de donaciones, US$ 295.000 millones en Estados Unidos solamente, según Giving USA. Esta vez, se buscan “retornos sociales”.
    Todo esto debería ser una buena noticia para las organizaciones que buscan “retornos sociales”. Se han desdibujado las definiciones y divisiones tradicionales entre con y sin fines de lucro, entre Responsabilidad Social Empresaria y filantropía inteligente.
    Por supuesto sigue habiendo mucha gente que dice que las empresas contribuyen mejor a la sociedad limitándose a maximizar ganancias mientras aportan bienes, servicios, crecimiento económico, inversiones, empleo e ingresos impositivos. Pero cada vez son más los ejecutivos que adoptan una visión más amplia. Asuntos que antes eran considerados marginales –lucha contra la obesidad, calentamiento global, esfuerzos por sostener prácticas de comercio y trabajo justas– han pasado a integrar ahora la corriente dominante del pensamiento.
    El trabajo junto a grupos sin fines de lucro es una forma que permite a las empresas ponerse a la cabeza de las nuevas tendencias, mejorar su reputación, funcionar mejor y hasta generar más ingresos mientras simultáneamente consigue buena imagen social.
    En sociedad con Gobiernos y organizaciones sin fines de lucro las empresas han ayudado a crear y participar en iniciativas como el Kimberley Process –para superar el conflicto de los diamantes– la Extractive Industries Transparency Initiative y la Equator Principles. En todos los casos los donantes se comprometen a controlar el impacto ambiental y social de los proyectos que financian.
    Hay también más convergencia entre lo público y lo privado. Kurt Hoffman, jefe de la Shell Foundation, dice: “No digo que la empresa tenga siempre la solución a problemas sociales, pero las habilidades empresariales pueden ayudar”.

    Habilidades empresariales
    Los “emprendedores sociales” están logrando atención pública al aplicar habilidades empresariales a fines sociales, mientras muchos “filántropos de riesgo” que se enriquecieron haciendo inversiones ahora tratan de aplicar el mismo método donando su dinero en una forma que resuelva problemas.
    Google.org, el brazo filantrópico del motor de búsquedas, adoptó un estatus legal híbrido que le da mayor flexibilidad para sostener entidades con y sin fines de lucro, maximizar retornos y cabildear sin las limitaciones impuestas a las instituciones de caridad en Estados Unidos. Otras fundaciones han comenzado a explorar “inversión con arreglo a misión”, buscando usar sus fondos de acuerdo a sus objetivos en lugar del método más convencional de maximizar retornos de inversión para aumentar las donaciones.
    Pero los desafíos son considerables tanto para las empresas como para los grupos sin fines de lucro. Primero, el número de sociedades y el alcance del financiamiento siguen en un nivel extremadamente modesto. Segundo, hay una creciente necesidad de aumentar el foco en las operaciones. Una encuesta realizada por Conference Board de empresas estadounidenses destacó que la prioridad principal en las donaciones de las empresas debería ser un alineamiento más ajustado con las necesidades comerciales.
    Eso implica riesgos para las ONG que buscan menos protagonismo de los intereses empresariales, para los “filántropos de riesgo” que buscan resultados rigurosos y para los que operan en áreas donde su capacidad para lograr resultados mensurables y de corto plazo es limitada.
    También existen los desafíos de mayor transparencia y eficiencia, lograr la mejor práctica y mejorar la calidad en las asociaciones.