ANÁLISIS | Perspectiva
Por Javier Rodríguez Petersen

El momento. La economía. La política. La reglamentación. Y hasta la gripe A. Una tormenta perfecta: todo conspiró para que el blanqueo de capitales terminara muy por debajo de su potencial.
Al cierre de esta edición culminaba el período para adherirse al blanqueo (como se lo conoció popularmente). Desde la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) no querían adelantar información porque confiaban en la avalancha de suscripciones de último momento. Para los analistas no iba a haber tal avalancha, aunque sí un ritmo mayor de presentaciones. De todos modos, estos ya daban por descontado que el resultado iba a estar lejos del objetivo trazado por el Gobierno cuando peleó la iniciativa con uñas y dientes en el Congreso.
El “régimen de exteriorización y repatriación de capitales” (título formal del blanqueo) es una de las tres patas de la ley con la que el Ejecutivo apuntó a transparentar irregularidades y, sobre todo, mejorar los ingresos fiscales. Las otras dos eran una (otra) moratoria impositiva y el “régimen de promoción y protección del empleo registrado”.
Daniel Razzetto, socio de Razzetto, López, Rodríguez Córdoba y Asociados, da por descontado que el blanqueo de personal –que se extendió– y la moratoria habrán resultado bastante exitosos; el primero, por las facilidades que ofrece sobre todo a las Pyme; el segundo, porque convenientemente sumaba una tasa fija a 10 años establecida por ley.
Otra suerte corre el blanqueo de capitales. “Desde que salió, tengo una opinión un poco diferente a la de muchos colegas que lo denostaron. No es lo ideal que tenía que ser, pero es una herramienta importante que a un universo de contribuyentes le permite solucionar temas a los que no se les encontraba solución”. Para Razzetto, entonces, la iniciativa fue positiva. Pero… “Hubo un montón de inconvenientes y el resultado final va a terminar siendo un fracaso a la luz de las expectativas”.

Daniel Razzetto
Foto: Gabriel Reig
Todo en contra
La ley con sus tres capítulos fue aprobada en diciembre en el Senado, después de una dura discusión en la que la oposición cuestionaba, sobre todo, el blanqueo de capitales, al que acusaba de ser “una puerta para el lavado de dinero”. Hubo incluso un planteo de Grupo de Acción Financiera (GAFI), hasta el que se tuvo que correr el entonces ministro de Justicia y hoy jefe de Gabinete Aníbal Fernández para disipar las dudas de Estados Unidos y Europa.
La resolución de la AFIP con la instrumentación del blanqueo recién fue publicada en febrero, abriendo un período de adhesión que comenzaba en marzo y culminaba el 31 de agosto. Pero la resolución que estableció los mecanismos formales recién se conoció en mayo. Ese fue, según Razzetto, uno de los tantos temas que conspiraron contra el éxito de la medida.
Su lista incluye de todo un poco. Arranca por las casualidades sanitarias, como la gripe A, y los temas políticos, como “unas elecciones que estaban programadas para octubre y fueron adelantadas para junio, interrumpiendo el período del blanqueo y que hicieron que hasta el 28 de junio nadie pensase en esto” y, luego, la percepción general de que “el Gobierno salió debilitado” de esos comicios.
También hay costo de oportunidad. “El blanqueo es extemporáneo. El momento ideal era en la presidencia de Néstor Kirchner, tras la crisis de 2001/2002, por el contexto económico, el paso a un Gobierno que pintaba bien y tenía una alta popularidad y lo útil que hubiera sido para regularizar muchísimas situaciones cuando en 2005 la Inspección General de Justicia sacó la resolución que echó por tierra la proliferación de sociedades offshore a nombre de las que había muchísimos inmuebles en la Capital Federal”.
Por si fuera poco, se sumó “una normativa dispersa y cambiante”. El ejemplo más claro es en la compra de inmuebles, el rubro más seductor del blanqueo por su “bajísima” alícuota de 1%. “Cuando salió la ley –comenta Razzetto– se obligaba al inversor a depositar la suma en una cuenta especial, pero esas cuentas no estuvieron hasta mayo; después una resolución derogó el tema del depósito y muchos se acercaron con la intención de comprar inmuebles en el futuro; pero otra resolución volvió con el tema del depósito, y mucha gente que blanqueó pensando que no tenia que depositar hoy tiene que hacerlo y otros tienen que salir corriendo a abrir la cuenta, algo que en la práctica esta siendo muy complicado” porque los bancos, que tienen que cumplir las normativas del Central sobre lavado de dinero, siguen sin querer abrir esas cuentas especiales.
El consultor dice, además, que faltó la posibilidad de un pago en cuotas, en especial para las alícuotas más altas. Y que no está del todo claro qué pasa con las eventuales acciones penales cambiarias, ya que “aunque hay un dictamen del Procurador General y una resolución que exonera de esas responsabilidades, ningún contador le puede decir a sus clientes que se queden absolutamente tranquilos, porque no se puede ir contra una norma anterior”.
Todavía falta el condimento de la crisis económica internacional. El blanqueo prevé la exteriorización de tenencias financieras en el exterior al 31 de diciembre de 2007, pero muchos de esos bienes sufrieron una depreciación de 30 ó 40%. De ese modo, la razonable alícuota de 8% sobre el valor de 2007 termina convirtiéndose en una altísima tasa de 30 ó 40% sobre el valor actual.
La oportunidad perdida
Así las cosas, sin datos oficiales y “desde el pulso” de su consultora, Razzetto dice que “el universo de quienes se han acogido al blanqueo fue bastante atomizado”, aunque se sumaron más personas físicas que jurídicas (lo que evitó que también pateara en contra la amenaza del Gobierno de Mauricio Macri de cobrar plenos los Ingresos Brutos a las sociedades que blanquearan en la Capital).
En cuanto a los rubros elegidos para la “exteriorización y repatriación” de capitales, señala que los de mayor adhesión fueron la regularización de sociedades extranjeras (por el mencionado KO a las offshore) y “la parte de inmuebles, fideicomisos y departamentos en cuotas, porque 1% es una alícuota muy baja”. De todos modos, esto no tuvo la repercusión esperada en el sector inmobiliario, algo en lo que se habrían conjugado las cuestiones normativas y la baja de expectativas en el real estate.
Razzetto menciona que también hubo blanqueo de activos en el exterior, “pero en mucha menor proporción”. Y lo atribuye tanto a la alícuota más alta como a que “mucha gente sigue pensando que los bienes en el exterior los puede seguir manteniendo ocultos”.
Con todo, el contador cree que la herramienta “debió haber tenido mejor acogida que la que tuvo”. ¿Por qué? Básicamente, por la tranquilidad de los inversores. “Hace 20 años que la Argentina no tenía una norma de este tipo. El nivel de informatización de la AFIP cambió sustancialmente y hoy todos los contribuyentes pueden ser fiscalizados online, lo que hace que quien tuviera una situación que no esta normalizada debería haber aprovechado esta norma, le gustara o no”, dice el especialista.
“Además las expectativas son que no va a haber otro posibilidad así en el corto plazo porque este tipo de iniciativas son miradas en el mundo cada vez con más recelo. Y hay que tener en cuenta que cualquier regularización que no sea por esta vía va a ser siempre más cara, cuando no imposible”, remarca antes de insistir: “No es lo ideal, pero es la única herramienta, y la más económica, que muchas personas van a haber tenido en mucho tiempo para regularizar sus bienes”.

