ESTRATEGIA | Empresas
Por Andrea Miranda

Fernando Díaz
Para una familia, manejar millones de dólares no es fácil; mucho menos protegerlos y hacerlos crecer. En el país y el mundo, hay empresas que se dedican a gerenciar el patrimonio de familias ricas, sin tocar el dinero, unificando la funciones de asesores financieros, impositivos y legales –o coordinando las acciones de estos– y encargándose de la burocracia. Para las mayores fortunas familiares del mundo, esto empezó hace ya medio siglo.
FDI brinda asesoría financiera a individuos y empresas y ofrece, desde hace tres años, un servicio integral de administración y gerenciamiento dirigido a las familias de grandes patrimonios de la Argentina. El Family Office asesora, administra y gerencia para permitir que la familia se focalice en su actividad principal. “Los temas impositivos, legales y sucesorios son difíciles, por eso se coordinan integralmente para beneficio de todos los integrantes de la familia”, comenta Fernando Díaz, socio y director de la División de Asistencia Financiera de la compañía.
El servicio, orientado al mantenimiento del patrimonio y la maximización de las rentas, incluye los análisis para la compra-venta de inmuebles, paquetes accionarios y otras inversiones; la supervisión y coordinación de los procesos de valuación de activos; la planificación y optimización de las obligaciones fiscales –nacionales e internacionales– junto a los asesores impositivos del cliente; la estructuración de vehículos legales para la protección de activos; la implementación y división de negocios; la planificación sucesoria junto a los asesores legales del cliente, y el gerenciamiento de los activos financieros e inmobiliarios y las cuentas y trámites bancarios (locales e internacionales).
Por otra parte la unidad se encarga de diseñar e instrumentar mecanismos de financiación y administración de pasivos para los integrantes de la familia en forma individual o en su conjunto.
Todo lo cotidiano
El back-office integral incluye trámites cotidianos como la apertura y cierre de cuentas bancarias, de sociedades de bolsa y en casas de cambio; la preparación y presentación de documentación para el cierre de operaciones de comercio exterior y los papeles para la compra y venta de moneda extranjera. Confecciona informes financieros y reportes de rentabilidad y valuación de activos, y se ocupa de los trámites de compra-venta de bienes muebles e inmuebles. Y a una escala más micro, del archivo físico y electrónico de facturas y boletos de operaciones financieras y de cambio, de las altas y bajas de servicios y hasta del pago de facturas, gastos familiares e impuestos.
La “base” para estos servicios es una fortuna familiar de “unos US$ 3 millones”, comenta Díaz. El límite hacia arriba es de entre 12 y 15 millones o grupos familiares más grandes, en los que hay tres o cuatro subfamilias y una historia centenaria, que empiezan a necesitar exclusividad en el servicio.
Díaz destaca que se trata de un servicio en el que la confianza, la seguridad informática y la confidencialidad son valores fundamentales. Se necesitan alrededor de tres meses para “empezar a tener una visibilidad sobre el trabajo y la familia, aunque a veces se requieren entre seis y 12 meses”, justamente porque el trabajo tiene que ver con la confianza y a veces la información llega con más tiempo.
En ese marco, FDI exhibe como garantía su “independencia de análisis y evaluación”, ya que sus honorarios provienen exclusivamente del cliente (porcentaje de lo administrado o suma fija), y no, por ejemplo, de comisiones de entidades colocadoras de bonos o acciones o de la renta de fideicomisos. Además, agrega Díaz, se busca la austeridad y eficiencia de los costos operativos de la administración sin desechar ninguna de las auditorías que hagan falta. Y, un punto central, el dinero queda siempre a nombre de los titulares.

