ESPECIAL RSE | Capítulo I

Jerry Immelt
Para un grupo de compañías, las ventajas de reducir desperdicios y aprovechar mejor combustibles o energía son enormes. Así, United Technologies Corp. (UTC), cuya gama de productos va de aeroespacio a refrigeración, ha limitado emisiones de dióxido hasta 19% en diez años, pese a haber doblado la producción. Para este año, la empresa crecerá 10%, pero disminuirá en otro 5% la diseminación de gases contaminantes.
Algunas firmas ven en el empleo de energía, combustibles e insumos limpios una oportunidad de negocios. De ese modo, el gigante químico DuPont ha empezado a fijar metas de mayores ganancias en productos y servicios renovables.
Pero abrir caminos en sustentabilidad “verde” no es fácil. Algunas compañías que se propusieron hacerse neutrales en emisión de carbono hacia 2010/12 tendrán dificultades. Para las más serias, el paso inicial consiste en medir su ritmo corriente como generadoras de gases tipo invernadero. Esto no es sencillo pero, una vez logrado, se dispone de una base de datos adecuada para encarar cambios.
Ahora bien ¿cómo actúan las empresas comprometidas en serio?
Por ejemplo, un gerente es ahora ambientalmente serio cuando prescinde del avión privado, cambia el Porsche por un Prius híbrido y maneja –no vuela ya– entre Amsterdam y Viena. Se trata del holandés Peter Bakker, presidente de TNT –fuerte en logística–, a cuyo juicio, pasar al frente en materia ecológica es objetivo prioritario.
A su criterio, los clientes pueden ser inducidos a limitar el transporte aéreo en sus cadenas de abastecimiento. Entretanto, los reguladores pueden imponer normas tales como un gravamen a emisiones de carbono o etiquetas identificando su grado, que afectarán el modelo TNT de negocios.
Paralelamente, los inversores ya preguntan por la sustentabilidad “verde” de la compañía. Por consiguiente, en 2007 Bakker presentó “Yo, el planeta”, una campaña para modificar los perfiles de la firma como fuente de dióxido de carbono. Ya se han medido emisiones y pronto se fijarán metas para ir reduciéndolas.
En 2010, TNT se mudará a una sede diseñada contra emisiones de gases de tipo invernadero. Por otra parte, la estructura generará excedente de energía limpia para redistribuir. La empresa además hará seguimiento estricto de sus emisiones y ofrecerá a los clientes un detector de CO2 para cada uno de los servicios que contraten.
Sea como fuere, TNT es una transportista internacional y no puede dejar de generar bases contaminantes. En 2006 produjo 826 kilotoneladas de CO2. Sin embargo, para reducir emisiones de vehículos incorpora camiones híbridos y unidades eléctricas. Con sus 44 aviones, la cosa es más peliaguda, pues aportan la mitad de emisiones tóxicas y poco puede hacer la compañía, salvo operarlos de la manera más “limpia” posible.
“Ecoimaginación”
Como otras iniciativas, la “Ecoimaginación” de General Electric es, en parte, un paquete de publicidad y relaciones públicas que abarca iniciativas ya en marcha. Algunos inclusive sostienen que ni siquiera es un esquema particularmente ambicioso, dadas los progresos en eficiencia que ya deparan las nuevas tecnologías.
Parte del plan implica reducir apenas 1% las emisiones de base contaminantes entre 2007 y 2012, margen muy modesto para una empresa que –por lo menos hasta las malas noticias financieras a principios de octubre– esperaba crecer en forma sostenida durante ese lapso. Por otra parte, GE superó sus propios objetivos al reducir emisiones 4% anual de 2004 a 2007.
Pese a todo, GE es grande y “Ecoimaginación” tiene escala. Los gastos en investigación y desarrollo de tecnologías limpias subirán de US$ 700 millones en 2007 a US$ 1.500 millones en 2010. Para ese entonces, la firma calcula ingresos vía rubros ecoimaginativos no inferiores a US$ 20.000 millones anuales.
Parece ser una buena apuesta y mejora la reputación de General Electric, que arrastra todavía viejos recuerdos asociados a la contaminación del río Hudson, en Nueva York. Pero la compañía no olvida que su negocio es ganar dinero, no la responsabilidad social. Así lo ven sus seis millones de accionistas e inversores. Naturalmente, entonces, la firma se mueve previendo crecientes e inevitables presiones de la ciudadanía.
No obstante, esa política refleja actitudes y conductas impensable hace apenas unos años. Merced quizá al olfato de Jerry Immelt, presidente ejecutivo, la empresa se unió a otros conglomerados y varios organismos no gubernamentales en la alianza estadounidense en defensa del clima (USCAP). Su objeto es cabildear en el Congreso por legislación sobre emisiones invernadero. La Unión Europea ya tiene un sistema basado en cuotas y bonos negociables.
Sin duda, la “responsabilidad empresaria verde”, inicialmente apenas una frase vacía, comienza a interesar al sector privado. Es lógico: baja costos, hace feliz al personal, da lustre a marcas y mejora imágenes. Al preparar sus negocios para satisfacer demandas de clientes, ONG y autoridades, se obtienen ventajas competitivas. Pero evadir el estrecho ámbito de las RR.PP. exige una labor larga y dura.
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Una variante atractiva Cuando, en noviembre de 2007, catastróficas inundaciones golpearon a Bangladesh –Estado que se asienta sobre parte del delta Ganges/Brahmaputra–, el equipo para emergencias del grupo TNT respondió velozmente. El gigante holandés de logística dispone de 50 profesionales que precisan sólo 48 horas para aparecer en cualquier parte del planeta. Ello deriva de una alianza (2002) con el programa alimentario mundial de la organización para agro y alimentos (FAO en inglés), Naciones Unidas. |

