jueves, 28 de mayo de 2026

    Hacia una biométrica multimodal

    La tecnología biométrica apareció hace mucho con grandes
    promesas y muchas ilusiones pero luego vinieron los desencantos. La evaluación
    pertenece a David McIntosh, expresidente de la asociación británica
    de biométrica. Aunque admite que las posibilidades son enormes, reconoce
    que su evolución ha sido complicada debido en muchos casos, a que todavía
    falta refinamiento tecnológico y a la utilización intrusiva que
    hizo de ella, especialmente el sector privado.
    En Gran Bretaña, dice McIntosh, la biométrica fue utilizada en
    forma bastante masiva por organismos oficiales para implementar programas gubernamentales,
    especialmente en áreas como control de fronteras o prevención
    del crimen: para tramitación de pasaportes, programas de visados, o para
    las enormes bases de datos de criminales.
    Esta asociación entre tecnología y búsqueda de criminales
    no la beneficia. La gente clama por la protección de sus datos y sus
    libertades civiles y politiza el uso de la tecnología.
    Pero de espaldas al público, los interesados en estas tecnologías
    siguieron haciendo calladas implementaciones. Will McMeechan, director del European
    Biometric Forum, dijo a Information Age que “hay que hacer algunas
    cosas calladamente para no llamar la atención, porque en Gran Bretaña,
    la prensa popular es muy anti-biométrica”.

    ¿Qué implementaciones?
    Uno de los casinos más grandes del Reino Unido, por ejemplo, hace reconocimiento
    facial para dar la bienvenida a sus clientes. Y varios bancos usan reconocimiento
    de voz para autenticar llamadas telefónicas.
    Si se pudiera generalizar este tipo de usos no amenazantes, como programas de
    lealtad o puerta para acceder a servicios, la biométrica podría
    desprenderse de la imagen negativa que le adjudicaron la seguridad y vigilancia.
    El inconveniente actual es que para realizar tareas como ésas, en primer
    lugar hay que lograr mayor grado de refinamiento. En segundo lugar, admitir
    que técnicas como reconocimiento de iris, de rostros o de impresiones
    digitales no siempre son aceptables para implementaciones de acceso y control.
    Por lo general son intrusivas y requieren un hardware de parte del cliente.
    Sería preferible, dice por ejemplo, que operara a la distancia o sin
    el conocimiento o cooperación del sujeto. O también funcionar
    en la Web o por teléfono.
    Lo que ya se sabe es que ninguna tecnología va a solucionar todos los
    problemas. Para lograr una aplicación exitosa habrá que aplicar
    una adecuada combinación de biométricas que elimine el riesgo
    de la ambigüedad, opina Andrew Tilbrook del Centro Británico de
    Tecnología de Defensa.
    Por ejemplo, al combinar un lector de pulgares (que tiene margen de error de
    uno en 10.000) con software de reconocimiento facial y de voz (ambos
    con margen de error de 1 en 1.000) se obtiene un margen de error de 1 en 10.000
    millones. Esta utilización de biométrica “multimodal”
    podría llegar a dominar la aplicación de la tecnología.







    Google, una derrota afortunada


    Google no tenía mucho interés en apoderarse de una tajada
    premium de las ondas radiales de Estados Unidos, pero a una
    semana de la largada de la subasta oficial de radiofrecuencias, se encontró
    en peligro de ser el ganador del codiciado espectro.
    El espectro habría costado US$ 4.700 millones, y habría
    significado la inversión más grande del motor de búsqueda.
    Ganar esa licitación habría significado meterse de lleno
    en el negocio inalámbrico y habría derrumbado el valor
    de sus ya castigadas acciones.
    Google hizo su oferta en la subasta para honrar una promesa hecha a
    la comisión Federal de Comunicaciones. El último verano,
    la compañía había prometido ofertar un mínimo
    de US$ 4.600 millones, el precio de reserva, por un conjunto de frecuencias
    conocidas como el bloque C, siempre que la CFC impusiera ciertas condiciones
    de “apertura”. La CFC impuso dos condiciones, que requieren
    al propietario del espectro abrir su red a aparatos y servicios de terceros.
    El principal objetivo de Google, sin embargo, no era ganar sino asegurar
    que el precio de reserva se pagara para que las condiciones de apertura
    se hicieran efectivas. Eso asegura que el público pueda acceder
    a sus servicios de búsqueda, e-mail, mapas y demás desde
    teléfonos que operan sobre esas frecuencias. Pero aunque la compañía
    había accedido a correr el riesgo de ganar, bien podía
    terminar ganando. Y estuvo cerca.