sábado, 30 de mayo de 2026

    El enigma Google

    La empresa fue fundada en 1998 por Lawrence Page y Sergey Brin. Sus ingresos
    han saltado desde menos de US$ 500 millones anuales en 2002 hasta más
    de US$ 10.500 millones en 2006: veintiún veces en un quinquenio. Pese
    a un amplio programa de adquisiciones e inversiones multimillonarias, la compañía
    no ha perdido rentabilidad. Sólo en la primera mitad de 2007, declaró
    ventas por US$ 7.500 millones y utilidades por US$ 2.000 millones. Desde su
    ingreso a la bolsa (agosto de 2004), la acción ha subido cinco veces.

    En un reciente ensayo de Nicholas G. Carr publicado en strategy+business,
    la publicación de Booz Allen Hamilton, el autor recuerda que cada vez
    que una empresa se anota ese tipo de éxitos en tan poco tiempo, medios
    y analistas la presentan como un nuevo modelo de negocios. Se publican monografías
    y libros con recetas que otras firmas debieran imitar. Google no es excepción.
    Durante el último bienio, esta “fábrica de ideas”
    –definición de Business Week– ha sido diseccionada
    por los mayores medios económicos y financieros de Occidente.
    Expertos y académicos han escrito pilas de estudios dedicados a explicar
    cómo se organiza y se maneja la compañía. En el más
    reciente hasta ahora, Future of Management, Gary Hamel (escuela de
    negocios de Londres) sostiene que “Google tiene mucho que enseñarnos
    en cuanto a desarrollar estructuras aptas para el siglo 21”.
    Esta clase de ditirambos es contagiosa. Pero los ejecutivos más cautos
    tienen por lo menos dos motivos para reflexionar antes de sumarse al coro de
    exégetas. Primero, la empresa es todavía joven y aún no
    ha afrontado grandes adversidades. Los analistas no saben todavía si
    su modelo de gestión e innovación es causa o efecto de su éxito,
    una distinción clave. Segundo, hasta qué punto su ejemplo vale
    para otras actividades.
    Sin duda, Google es un tipo distinto de compañía. Pero ¿esa
    diferencia no llegará a lo anómalo? ¿Se trata de un ejemplo
    o de una irregularidad? Posiblemente sea prematuro responder a estas preguntas
    pero, examinando de cerca el modelo, podrán descubrirse pistas relevantes
    e, inclusive, obtener indicios sobre cómo se formulan o desenvuelven
    ideas innovadoras en un negocio.







    ¿Hay límites para el modelo?


    Los últimos meses sugieren que, si bien el modelo Google quizá
    no tenga precedentes, no es inmune a problemas típicos de otros
    éxitos en el pasado.
    A medida que entra dinero, es demasiado fácil para los ejecutivos
    convencerse de que las viejas reglas ya no cuentan. Inversores y medios
    suelen “comprar” esa fantasía. Pero, mientras afloja
    la disciplina, las empresas inevitablemente se pasan de la raya y gastan
    más de lo prudente. Hasta que algún fracaso las cura de
    la soberbia y las vuelve a la realidad.
    El hecho de que Google parezca seguir ese camino no invalida sus enormes
    éxitos ni sus innovaciones liminares, pues igual es un ejemplo.
    Sin duda, su empleo de grandes computadoras para recoger y aprovechar
    datos operativos o personales vía Internet apunta al futuro de
    muchos segmentos.
    En un plano paralelo, la compañía ha creado simples pero
    útiles sistemas para compartir información dentro de equipos
    o entre ellos, algo que muchas otras no habían logrado. Quizá
    no sea un modelo perfecto, pero Google merece cuidadosos estudios.

    Ventajas complementarias
    “Algunos dicen que Google es Dios. Otros, que es Satán”,
    solía ironizar Brin. La dicotomía quizá no sea tan maniquea,
    pero no deja de intrigar. Pese a la atención de los medios, la compañía
    sigue siendo un enigma. Ni siquiera es fácil definir a qué sector
    pertenece. Los segmentos que la ven como competidor real o potencial abarcan
    vendedoras o licenciadoras de software, agencias de publicidad, telefónicas,
    periódicos, cadenas televisivas, editores, estudios de cine, procesadoras
    de tarjetas y un variopinto grupo de empresas en Internet.
    Los alcances de esta influencia pueden interpretarse fácilmente como
    prueba de que se trata, en efecto, de un negocio nuevo, que trasciende y redefine
    categorías tradicionales. No obstante, una vez desentrañado, el
    modelo no es un arcano.
    En rigor, su fórmula para hacer dinero es simple y directa: intermediar
    y publicar avisos por medios digitales. Más de 99% de las ventas proviene
    de las tarifas que cobra por emplear su red para transmitir mensajes por Internet.

    La apariencia proteica de Google no refleja su negocio central, sino una cantidad
    enorme de complementos. Vale decir, servicios que tienden a comprarse o usarse
    juntos. Literalmente, todo cuanto ocurre en la Web complementa el núcleo
    de negocios. Cuantas más cosas individuos y organizaciones hacen en línea,
    más avisos ven y más gana Google. Además, a medida como
    la actividad aumenta en el ciberespacio, el gigante recoge más datos
    sobre necesidades y actitudes del público. Ello le permite “personalizar”
    mejor los avisos, obtener más ventajas competitivas e incrementar ingresos.
    En tanto más productos y servicios se transen o entreguen vía
    redes de computadoras –entretenimientos, noticias, software,
    finanzas–, la gama de complementos de Google invade un segmento tras otro.
    Dado que las ventas de rubros complementarios ascienden en tándem, las
    empresas tienen interés en reducir costos y aumentar la disponibilidad
    de complementos para su producto o servicio axial. No es exageración
    decir que una compañía preferiría que todos sus complementos
    fuesen gratuitos. Este impulso natural, más que cualquier otro factor,
    explica la estrategia de Google.
    Casi todo cuanto hace, inclusive levantar grandes centros de datos, comprar
    redes de fibra óptica, promover acceso Wi-Fi gratuito, apoyar
    los sistemas de fuente abierta o regalar servicios y datos en la Web
    tiene por objeto reducir costos y ampliar los alcances de Internet. En síntesis,
    Google quiere que los flujos de información sean libres y eso inspira
    temores en muchas áreas.
    Hay otro componente. Puesto que el costo marginal de producir y distribuir copias
    adicionales de cualquier ítem digital es casi cero, la empresa no sólo
    desea regalar información: también tiene el poder económico
    para hacerlo.
    Ambos factores diferencian a la firma del resto. Afronta menos riesgos en el
    desarrollo de productos y atiborra el mercado de ellos. Sabe que, aun si sus
    ofertas no captan grandes porciones de un segmento, igual suelen generar retornos
    atractivos vía ingresos publicitarios e información sobre actitudes
    de los clientes.
    El fracaso es barato, por cierto, y esto convierte a Google en modelo potencialmente
    peligroso para otros negocios, pues cualquiera puede descubrir que está
    compitiendo con el gigante, directa o indirectamente. Pero, a menos que gane
    dinero vendiendo avisos anexos a bienes digitales, poco podrá aprender
    de Google en el plano estratégico: sus economías de escala podrían
    ser tan distintas como para llevarla a la bancarrota.


    Sergey Brin y Lawrence Page

    Lecciones, hay
    Pese a todo ¿pueden otros aprovechar lecciones tácticas de Google
    en materia de innovación y sus procesos? La respuesta es
    y no
    .
    En general, los éxitos de la compañía y sus utilidades
    remiten a tres innovaciones: (1) brillantes intuiciones en cuanto a organizar
    datos, (2) imitación creativa y (3) revolucionaria ingeniería
    de sistemas.
    La inspiración originaria la tuvieron Page y Brin a principios de 1996,
    cuando descubrieron que los motores de búsqueda en la Web estaban
    plagados de fallas. Al clasificar resultados, se fijaban esencialmente en contenidos
    de páginas web y, por ejemplo, sumaban la cantidad de veces
    que aparecían.
    Los fundadores pronto advirtieron que medir la relevancia de una página
    sería mucho más fácil observando calidad y cantidad de
    otras páginas ligadas. Los vínculos eran la forma de votar en
    la Web. Asociándolos se obtenía una imagen clara de la
    importancia y el valor de los sitios. Esas innovaciones hicieron más
    relevantes los avisos por Google, combinándolos con búsquedas
    de superior calidad. Era una mina de oro.







    Procesos y factores claves


    Las innovaciones son componentes fundamentales. Pero debe tenerse en
    cuenta que son anteriores al proceso formal desarrollado por Google:
    determinaron la expansión y siguen siendo fuentes de éxito.
    A su vez, ese proceso presupone tres factores. Primero, la compañía
    cree en reclutar mucha gente, pagarle bien y dedicarla a innovar. Segundo,
    divide ingenieros y técnicos en una cantidad de grupos pequeños,
    con amplia libertad para asignar tiempo y recursos. Imitando el modelo
    3M, la firma les permite dedicar 20% de ese tiempo a proyectos propios,
    casi sin supervisión.
    Tercero, Google emplea una red de computadoras para rastrear y analizar
    el trabajo del personal y, también, ver cómo usan sus
    servicios los clientes. El director ejecutivo, Eric Schmidt, insiste
    en aplicar “mensuras de desempeño” a todo aspecto
    de las operaciones. Este sistema denota hondas raíces académicas.
    Funciona como el departamento científico de una universidad.
    En algún sentido, Brin y Page recrean ese medio en una organización
    con fines de lucro.

    ¿Inventar o copiar?
    Pero ¿hasta dónde el método realmente genera productos
    y servicios exitosos? Por el momento, en verdad, Google ha lanzado docenas
    de novedades que, con raras excepciones (los mapas son una), no han
    captado porciones significativas de cada segmento.
    Inclusive algo tan comentado como el correo electrónico Gmail
    sigue muy a la zaga de Yahoo mail o de el Hotmail de Microsoft. Iniciativas
    en su momento tan espectaculares como Google answers o Google video
    han sido acotadas o abandonadas.
    Muchos servicios exitosos fueron, de hecho, adquiridos, no inventados.
    Por ejemplo, YouTube, Blogger, Google Earth, Writely (rebautizado Google
    Docs), JotSpot, FeedBurner o GrandCentral. Por ende, en términos
    de innovación, Google parece más un recolector que un
    sembrador y menos un explorador que un explotador.
    Pero eso es natural y tal vez necesario en la evolución de cualquier
    compañía. Sobre todo si se trata de emprendedores a punto
    de cumplir diez años en el mercado.