domingo, 31 de mayo de 2026

    Beneficios del yoga urbano

    Por Patricio Cavalli

    Por fin es marzo. El hombre y la mujer de negocios vuelven de vacaciones con la guardia baja y la calle, el estrés, el smog, la neurosis; los jefes, socios, empleados, colaboradores, ñoquis y correveidiles de oficina, el delirio colectivo, la inflación, el Gobierno, y los medios, hemos conspirado durante enero y febrero, mientras el lector estaba de vacaciones, para hacer de 2008 otro año agotador.
    Mercado, reflexionando, ha querido dar también una mano que contribuya al bienestar general. Era necesaria una guía para poder sortear con energía, buena onda y bienestar el año que se avecina. La solución: el yoga urbano, una adaptación de la milenaria disciplina hindú, modificada y preparada para enfrentar el entorno “urbanita-neurotizante” del siglo 21.

    Defenderse y disfrutar
    El yoga urbano es más que una serie de ejercicios físicos. Es una filosofía que enseña la mejor manera de manejarse equilibrada y sanamente en medio de la tensión cotidiana. Pero no sólo actúa contra lo negativo. También estimula el disfrute positivo de la vida. Sus cultores dicen que a través de su práctica, se aprende a encarar los problemas que la vida presenta de una manera totalmente distinta.
    “Esta nueva visión nos ayuda a la puesta en práctica de una nueva actitud, no sólo en el trabajo, sino en el descanso, en la alimentación, en el tiempo libre, en las relaciones familiares, y en el desarrollo de la propia espiritualidad. En alguna oportunidad, se lo denominó yoga para ejecutivos porque es un método ideal para manejar sanamente el estrés tan común en quienes trabajan en empresas y más aún en aquellas personas cuyos cargos requieren toma de decisiones y gran responsabilidad”, explica David Lifar, director de Fundación Indra Devi.
    El yoga urbano no es una disciplina de búsqueda espiritual religiosa, como son algunas de las variantes del yoga. Su búsqueda espiritual se refiere mucho más a generar una actitud y conciencia frente a la vida, a sus vicisitudes, y a la forma en la que las encaramos. Está basado en el yoga clásico, más aún en el denominado Hatha Yoga que es el que normalmente se practica en Occidente.

    Fuerza interior
    “El punto clave está en una serie de actitudes filosóficas –para nada teóricas y muy aplicables al aquí y al ahora–, con base en los Yamas (todo lo que no debemos hacer) y Niyamas (todo lo que deberíamos hacer), algo así como “Los diez mandamientos del yoga” que, a pesar de tener miles de años de antigüedad, poseen una tremenda vigencia y son una eficaz herramienta capaz de ayudarnos, en pleno siglo 21, a vivir con plenitud”, explica Lifar.
    Según este código ético, en la medida en que las personas implementan en su cotidianeidad la verdad, la no violencia, el no robar, el no codiciar, el no malgastar, el contentamiento, la pureza, la austeridad, el estudio y la aceptación de la voluntad divina, se despiertan en ellos una enorme fortaleza y una inigualable confianza en sí mismos.
    Pero la práctica del yoga urbano no se refiere exclusivamente a esta cuestión ética, sino que es también fuertemente práctica. “En nuestras clases, le dedicamos una buena parte a la práctica de las posturas o asanas, que tienen propiedades curativas, recuperativas y preventivas. Ellas ejercen una directa influencia sobre nuestro sistema endocrino, el responsable del balance de nuestro organismo –explica–. Cada postura física que asumimos va acompañada de un movimiento de nuestra respiración. La respiración tiene una importancia capital, ya que no sólo provee de oxigeno a nuestra sangre, sino que nos suministra el prana, o fuerza de la vida”.
    Puede practicar esta disciplina cualquier persona que, a pesar de estar en medio de una situación de caos constante –¿le suena esto al lector?– desee aprender a mantener su equilibrio y armonía para disfrutar de las cosas buenas que da la vida. Que no son únicamente superar las expectativas de market share; ganarle al menos una discusión al CFO; o hacer despedir al colega que competía por su puesto.
    “Hoy en día, el grupo humano es increíblemente heterogéneo, en él hay desde empresarios, empleados, profesionales hasta amas de casa, gente dedicada al arte e, inclusive, estudiantes y niños”, explica Lifar. Todos, a su manera, a su ritmo y con sus limitaciones, pueden ayudarse al practicar la técnica.


    David Lifar

    Paso a paso
    La premisa, dicen en los luminosos y acogedores pasillos de la fundación, en cuyo patio interno una estatua de Indra Devi en posición de loto parece irradiar una calma y energía inevitables, es proponerse un cambio hacia el bienestar y, simplemente, comenzar a dar los primeros pasos en esa dirección, llevando a nuestra vida estas misma actitudes filosóficas. De esta forma, dicen, cada pensamiento, cada palabra y cada acción, estarán embebidos de una nueva corriente que circulará por todo nuestro ser.
    El value for money es tangible: entre sus beneficios se enlistan “la ligereza y flexibilidad del cuerpo, la quietud y la ecuanimidad de la mente, la paz y alegría del espíritu. Y, cuando se llega a lograr esto, cualquier solución cae por su propio peso. Sin peso, sin sufrimiento, sin tensión, tan natural como el aire y la vida que circula en nuestras venas”.
    Para empezar, Lifar recomienda dedicar aunque más no sea unos quince minutos a practicar algún ejercicio de respiración. “Tampoco, hay que dejar de lado una pequeña relajación o tomarse un tiempito a meditar (inclusive puede realizarse en un break durante la jornada laboral). Y, en esos días que el ritmo parece no permitir ninguna de estas opciones, tomarse cinco minutos para salir a dar una vueltita y disfrutar de un poco de silencio para poder recargar las pilas”, dice.
    Para comenzar el año con todo, Lifar explica a Mercado estos ejercicios de cuello, que pueden practicarse en cualquier momento:
    1) Siéntese en el suelo con las piernas cruzadas y apoye las manos, con las palmas hacia abajo, sobre sus rodillas o, si prefiere, siéntese en una silla, pero con la columna vertebral perfectamente derecha y la cabeza erguida, mirando hacia delante. El cuerpo debe permanecer inmóvil desde el cuello hacia abajo, y tan relajado y libre de tensión como si estuviese sentado sobre el agua.
    2) Deje caer suavemente la cabeza hacia delante y atrás, repita este movimiento cinco veces. Cuando lleve la cabeza hacia atrás, relaje sus músculos faciales, mantenga los labios ligeramente entreabiertos y la lengua relajada.
    3) Gire primero la cabeza hacia la derecha –sin mover los hombros– y retorne hacia el frente; haga lo mismo hacia la izquierda y retorne al frente. Repítalo cinco veces. Exhale, cuando gira su cabeza hacia los lados, ya que sus músculos se contraen, e inspire al volver al frente, cuando se relajan.
    4) Deje caer suavemente la cabeza lateralmente hacia la derecha.
    5) Déjela caer, ahora, suavemente hacia delante y y realice tres giros.
    Si se tiene en cuenta que la irritabilidad y la falta de concentración son unos de los principales síntomas del estrés (ver Mercado No. 1077, de diciembre de 2007), es interesante ver cómo esta disciplina puede ayudar a liberar a las personas atrapadas dentro de esa telaraña. “A través de la relajación y la meditación, transmutamos y distribuimos la energía que corre por nuestro cuerpo”, dice Lifar.
    Y a juzgar por la diferencia de clima que se vive entre Fundación Indra Devi y el mundo exterior, parecería que vale la pena hacer la prueba.
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