Por Rodolfo H. Terragno

Mi relación con Vittorio Orsi fue, creo, distinta a la que haya tenido, con él, otro político o cualquier empresario.
Cuando Dante Caputo nos presentó, Vittorio era Director Gerente del Grupo SADE, de ingeniería y construcciones; yo, Ministro de Obras y Servicios Públicos.
Sin embargo, nuestras conversaciones giraron, en general, sobre temas ajenos a su empresa; y a mi ministerio.
Yo había desarrollado en un libro, La Argentina del Siglo 21, la teoría de la igualdad virtual. Mi tesis era que, de un mismo genotipo, podían resultar distintos fenotipos. Dicho de otro modo: que la herencia era un Rasti, con cuyas piezas se podía armar diversos modelos. Sobre esa base, postulaba la “igualdad virtual”: todo individuo normal podía ocupar un lugar en cualquiera de los estratos sociales. Nadie “nacía para pobre”.
Vittorio se interesó en la tesis, y la noche en que nos conocimos, ambos entramos en una larga discusión epistemológica.
Él compartía la idea de “igualdad virtual”, pero la desmenuzó con su implacable rigor, y llegó a sostener que –asentado sobre ella– yo planteaba una utopía.
Devoto de Karl Popper, Orsi recelaba del pensamiento utópico.
Como el filósofo austríaco, objetaba a Platón y a Karl Marx, por haber propuesto comunidades cerradas, que debían alcanzar la perfección: una fórmula que, sostenía, no podía llevar sino al totalitarismo.
En cambio, Vittorio defendía la “sociedad abierta”, racional, crítica y gradualista.
Discutimos mucho sobre Thomas Kuhn, crítico de Popper, para quien la ciencia (o la sociedad) no avanza paso a paso, sino a través de revoluciones que, de repente, reemplazan un “paradigma” por otro.
Un día Albino Gómez me regaló Adiós a la razón, de Paul Feyerabend: un filósofo que había desertado del popperismo y negaba la racionalidad. Para Feyerabend no existía el progreso científico, y tampoco cambios de paradigma. La ciencia y la sociedad, evolucionaban de manera aluvional, gracias a la suma de lo verdadero y lo falso; de lo racional y de lo irracional.
A Vittorio y a mí nos costó poco, en este caso, ponernos de acuerdo.
Al fin de cuentas, ambos creíamos en la razón. Sólo que él desconfiaba del idealismo, porque prefería los progresos lentos, conseguidos mediante una hábil “ingeniería” social; y yo creía que –como en atletismo– la meta ambiciosa acelera al competidor.
A lo largo de 20 años, por supuesto, el petróleo, el gas, la infraestructura y la relación con Brasil se mezclaron, más de una vez, en nuestras conversaciones.
Sin embargo, nunca dejamos de discurrir sobre los temas que inauguraron nuestra relación: una relación que (por él, claro está) fue veramente fiorentina.
(N de R). Murió al finalizar octubre, a los 90 años, el empresario Vittorio Orsi, un testigo de excepción de los avatares económicos del país y protagonista singular en actividades como la construcción y la energía.
Había nacido en Roma, en 1917, donde se habría de graduar de ingeniero en 1940. En la Argentina fue director gerente ( y accionista) de Sade. En la década pasada escribió Reflexiones: ¿Quién le teme a la sociedad abierta? Hasta hace muy poco era presidente de las empresas energéticas del grupo Cartellone: Gasnor, Edet y Ejedsa.

