Por Martín Cuccorese

Nada detiene el impulso diferenciador, creador de necesidades en nuestras sociedades de consumo bendito.
Cuando uno mira un agua Voss queda un poco desconcertado. A simple vista su elegante pack se asimila a un perfume. Idéntica sensación con Half Litre; parece un sofisticado desodorante. No obstante, el contenido de ambas es agua.
El “gauchaje” descreído dirá: “tanto despliegue para eso nada más…”. Sí y no.
Voss es un agua baja en sodio –attenti a los hipertensos– y libre de minerales, obtenida de un acuífero helado noruego impertérrito al paso del tiempo. La “medio litro” surge de otro acuífero en Northumberland (Canadá), como si fuera poco su similitud con un desodorante, no es más que un vaso integrado en la misma botella.
Junto a estas botellas, otro pelotón sigue dando que hablar en publicaciones gourmet del Primer Mundo: Cloud Juice (Tasmania), Gleneagles (escocesa, como su nombre lo indica), Acqua Della Madonna (napolitana) o Elsenhan (de Gran Bretaña; otra con pack sofisticado).
Pero si esta es la avanzada debemos recordar que la pionera en el tema fue Perrier, que asoció su agua al vino y también al whisky, nada de esoterismo ni esnobismo al pedir un Bourbon con un cubito de Perrier. Su diseño es el eslabón entre lo antiguo y las actuales aguas posmodernas. Como los lectores de Mercado ya sabrán, y para alivio de muchos, ha vuelto Perrier a los hiper locales; también Evian.
Pero sin duda, el ruido gourmet llegó de los manantiales italianos de S. Pellegrino y Acqua Panna. Vinculadas al grupo Nestlé Waters Italia y a Eco de los Andes en el ámbito local, ambas aguas vienen con laureles gourmets ganados a partir de la elaboración en 2005 del Water Codex en conjunto con la Association de la Sommelierie Internationale. Este codex, a diferencia del de Dan Brown Vinci, resulta una especie de decálogo tanto para la cata, el servicio, como el acuerdo con diferentes bebidas desde spirits, vinos y hasta infusiones.
¿Cómo evaluar un agua? Para mi conocida Laetitia es fácil; ella distingue las aguas locales a ciegas y sabe diferenciar sin sobresalto Villa del Sur, Villavicencio, Eco, y las demás marcas locales. Por mi parte, acostumbrado más al alcohol y a usar agua como acompañante secundario de la mesa, las diferencias no resultan muy sustanciales.
No obstante, hay un par de datos que deben tenerse en cuenta a la hora de elegir el agua. Uno es el grado de burbuja, el de mineralización (combinación de cloruro, sodio, bicarbonato de calcio, etc.). Ejemplo, Acqua Panna parece más suave; S. Pellegrino deja sensaciones salinas más marcadas.
Otro es que, como toda agua, no debe tener aromas raros. En una cata realizada recientemente en España se criticaba con los siguientes términos a la Cloud Juice: “No gustó al grupo de catadores, que estuvo bastante de acuerdo en destacar un cierto olor a plástico y papel (cartón)”. Y de la Acqua della Madonna se dijo: “Se hizo hincapié en sus ligeras notas a fango en nariz”. Como se ve, una vez establecido el concepto gourmet viene la cata y, con la cata, atrás vienen los críticos. Y con los críticos viene el “acqua-parla”. Mientras tanto agua que no has de beber, embotéllala, pues no sabrás cuánto valdrá en unos años.
M.C.

