Por Marcos Caruso

Eliseo Micio / Gentileza Secretaría de Turismo de Salta
Un escenario con los verdes contundentes de 50 especies distintas de árboles por hectárea, con el canto repiqueteante de cientos de variedades de pájaros.
Y en medio de ese compendio de climas y paisajes, aparece mansa, inalterable, su capital, de perenne primavera, con la única estridencia definida por la arquitectura colonial conservada a rajatabla y cuyo estilo se perpetúa más allá de los límites, en los frentes de numerosas casas y en cada templo de los diversos pueblos, alternándose con la cultura nativa y las estructuras de adobe, identidad que trasciende y conserva las costumbres prehispánicas del culto a la Madre Tierra, la Pachamama, y que también se manifiesta en las cuevas pintadas de Guachitas o en las fiestas patronales.
Se suceden en el casco céntrico de la capital las huellas de la colonización española y del asentamiento de familias cuyos apellidos pasaron a formar parte del patrimonio salteño a través de las casonas señoriales que erigieron hace siglos.
El Cabildo, en Caseros al 500, frente a la plaza 9 de Julio, conserva su estructura original y es el más completo y mejor conservado de la Argentina pese a que fue sometido a numerosas modificaciones.
Es una edificación sólida y de líneas simples, asimétrica, donde funcionan dos museos con colecciones que destacan el pasado histórico y artístico de la provincia.
También frente a la plaza está la Catedral Basílica, cuya construcción se inició en 1858. Su interior es simétrico y suntuoso, donde se destacan la ornamentación en oro y el altar.
El Panteón de las Glorias del Norte guarda los restos del general Martín Miguel de Güemes.
A pocas cuadras del Cabildo, en Caseros al 800, está la antigua Iglesia de la Merced, de fino estilo gótico, que guarda la cruz que hizo colocar el general Manuel Belgrano en el Campo de Honor, donde yacen los caídos de ambos bandos en la batalla del 20 de febrero de 1813.
Historia y tradición
En Caseros y Córdoba está la Iglesia y Convento de San Francisco, erigido en 1625. En 1882 se inauguró la torre que acompaña el templo. El general Manuel Belgrano asistió allí a una misa por los caídos en la Batalla de Salta; y del bronce de los cañones usados en el combate fue fundida la campana de la patria. La Santa Sede le otorgó el título de Basílica Menor en 1997. El templo conserva valiosas obras artísticas, además de un pequeño museo. La biblioteca del convento tiene diversos documentos e incunables.
Continuando el recorrido por Caseros, en su intersección con Santa Fe, está el Convento San Bernardo. En un principio fue la Ermita de San Bernardo. En 1586 se levantó un edificio contiguo, destinado para hospital, bajo el nombre de San Andrés, que sólo en 1726 quedó en condiciones de ser habilitado. En 1846 se convirtió en el actual monasterio con el nombre de Nuevo Carmelo de San Bernardo. Su portal de madera de algarrobo fue completamente tallado por aborígenes en 1762 y colocado en 1845.
Un recorrido para conocer el patrimonio arquitectónico de la ciudad no puede dejar de lado las diversas casonas y museos. La Casa de Hernández, en La Florida y Alvarado, es una edificación de fines del siglo 17 donde funciona el Museo de la Ciudad. Sus muros de casi un metro de espesor y la fachada de escasas aberturas con esquina de doble puerta y balcón superior, recrean la composición arquitectónica predominante en Salta entre el siglo 18 y principios del 20.
En La Florida 20 está la casa de la familia Casa Arias Rengel, declarada Monumento Histórico Nacional en 1946. Su grado de conservación es perfecto y allí funciona el Museo Provincial de Bellas Artes.
En Caseros 417 se encuentra la Casa de Uriburu, construida a fines del siglo 18, donde se destaca la amplia biblioteca y una cocina ambientada como en su época, además de variados objetos que ilustran usos y costumbres de la colonia.
El Museo Pajarito Velarde, en la esquina de las calles España y Pueyrredón, es una vieja casona que recibió cotidianamente en sus mejores épocas a poetas como Manuel J. Castilla y Juan Carlos Dávalos. Velarde supo entablar amistad con Jorge Luis Borges y Carlos Gardel, entre otros.
Recorrido gastronómico
Salta dejó de ser conocida, en términos gastronómicos, por su vino Torrontés. Ha logrado trascender y en la zona de los valles hay más de dos mil hectáreas de viñedos que producen vinos premium y súper premium Merlot, Tannat, Cabernet o Malbec.
Aunque los precios no siempre son accesibles, no es exagerado paladearlos con las típicas empanadas en El Corredor de las Empanadas o La Casona del Molino, o bien con otras exquisiteces de la cocina regional en La Moderna.
Quien esté un sábado o domingo en la ciudad, debe paladear las empanadas de Popeto Díaz, las elegidas por los salteños.
La carne de llama está presente en varios restaurantes de la calle Balcarce, y es recomendable probar tanto el carpaccio como el lomo acompañado de papas andinas y quinoa crocante.
Entre estos trayectos se pueden visitar gran parte de las iglesias coloniales de la provincia, transitando las rutas nacionales 68 y 40, y la provincial 33, que circundan, en gran medida, los valles salteños.
Como imponía el trazado urbano de la época en que fueron erigidas, las iglesias siempre están frente a la plaza central de las ciudades, En Cafayate, la Catedral, de cinco naves, es imponente.
Si bien difieren una de otras, la mayoría son de adobe, con techos y bancos realizados en cardón y conservan el modelo mudéjar sevillano de los siglos 13 y 14.
La iglesia de Cachi difiere en la fachada debido a que fue restaurada en 1947 y tiene la particularidad de que en determinado momento del día sus tres campanas se reflejan en los adoquines.
Otra característica distintiva, es que las construcciones que se sitúan en los valles tienen dos torres, mientras que en la Quebrada de Humahuaca tienen sólo una.
Hacia el pueblo blanco
El tramo de la RN40 que une Cafayate y Cachi concentra el área más bella de los Valles Calchaquíes, no sólo en cuanto a paisajes se refiere, sino a la sucesión de pequeños poblados que el viajero encuentra.
Animaná, por ejemplo, es digno de recorrerse tanto por sus afamados vinos pateros, como por la característica arquitectónica que predomina en las construcciones: las casas con galerías, un rasgo común en las viviendas de la región.
San Carlos, a diez kilómetros de Animaná, fue fundado en 1551. Además de las casas de adobe con sus frentes multicolores y las veredas angostas, se destaca su iglesia, San Carlos Borromeo, construida entre 1830 y 1850, declarada Monumento Histórico Nacional.
Se deja atrás el silencio, el sol, el viento y el rojo constante de las estribaciones cordilleranas que se repite incesante en el adobe de las casas, apenas patinadas por el polvo del camino.
Atrás quedan las formaciones rocosas también para ver otro rojo, más brillante, orgánico: son los ajíes y pimientos que parecen abrazar la aparente debilidad estructural de la pequeña y blanca Iglesia del Carmen.
Sigue la ruta. El verde preanuncia la llegada al viejo pueblo de Molinos, adobe y barro en las casas, verde fresco en las calles.
Se altera el camino y el paisaje. Otra soledad, de arbustos, cardones y una cornisa por camino. Ranchos y chacras, con estilizados álamos que contrastan contra los cerros azules y nevados. Es el preanuncio de la llegada a Cachi, el pueblo blanco, de calles empedradas, donde todo parece relucir. M

