jueves, 2 de abril de 2026

    La reinvención de IDEA

    Por Rubén Chorny


    Horacio Elizondo

    El árbitro internacional Héctor Elizondo dirigió la final del mundial de fútbol de Alemania en junio. Cuatro meses después, el destino lo sorprendió, de saco y corbata, en Mar del Plata, tocando el silbato y señalando la mitad de la cancha, como cuando se da por terminado el partido.
    No dirigía un clásico, precisamente, en el estadio mundialista, sino la palabra en un coloquio de una escenografía diametralmente opuesta a la de un puñado de deportistas ataviados de pantalón corto que hacen vibrar a las multitudes: lo que quedaba de la flor y nata empresarial salía silenciosa mutis por el foro.
    Así, cabizbajos pero para no verse involucrados en la mortecina palidez del pasado coloquio de IDEA, los ejecutivos que se proyectan como la nueva generación del empresariado nacional bajaron por el túnel pensando en un próximo encuentro, si es que lo hubiera.
    Desde los amigos del gobierno, como Alejandro Mc Farlane (operador de Edenor, readjudicada al fondo que administra Marcelo Midlin), hasta dirigentes de entidades de radio acotado, como Santiago del Sel, del grupo Zurich y titular de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE). Herederos de un incipiente trasvasamiento dentro del sector de los servicios (privatizados y financieros) que se formó en los años 90 bajo la tutela menemista. Hubo algunos retiros con muecas de disgusto algo más ostensibles, como el de Pablo Devoto de Nestlé o Fernán Saguier de La Nación, el matutino que, en todo caso, aprovechó “en caliente el episodio” para vincularlo al quiebre del diálogo que impone el gobierno como estilo de ejercer el poder. El representante de la firma láctea se guardó la bronca para el futuro. Igual hizo el ejecutivo enviado en reemplazo del portador del apellido fundacional de los reyes de las golosinas, Arcor. Luis Pagani optó por el Encuentro Empresarial Iberoamericano en Punta del Este, lo mismo que Enrique Locutura, de Repsol YPF, y el chileno Horst Paulmann, presidente del grupo de supermercados Cencosud, otro de los elegidos el año pasado por Kirchner para el escarnio público. Los Urquía, que conforman uno de los complejos agroindustriales más poderosos del país, Aceitera Gral. Deheza, tampoco figuraron.


    Oscar Vicente

    Ante el “retiro efectivo” de las figuras del movimiento empresario proindustrial que surgió en los 60, como Oscar Vicente, Carlos Tramutola o Jorge Aguado, el equipo con la camiseta que lleva las siglas VA (valor agregado) ha ido mutando su discurso en letanía.
    ¿Por dónde vendrá la renovación? ¿Por el sucesor de Amalia Fortabat en Loma Negra, un brasileño llamado Humberto Junqueira de Farias? ¿Por Cristiano Rattazzi, que retomó las viejas banderas que trajera Fiat cuando se radicó en el país para agitarlas a través de escuelas gerenciales y de economistas, con la diferencia de que ahora la planta de producción se mudó a Brasil?

    El túnel del tiempo
    También un túnel, pero el del tiempo, se ha venido tragando los 40 años que acaba de cumplir el Instituto de Desarrollo Empresario Argentino (IDEA) desde que un grupo de ejecutivos de multinacionales, sobre todo de origen estadounidense, decidía fundar, en paralelo con su país, un foro de discusión de los temas de interés para sus actividades y de capacitación de cuadros gerenciales.
    Recién cuatro años más tarde, en plena guerra fría, organizaban un coloquio, independiente de la entidad en sí, que oficiaba de tribuna privada para que conspicuos invitados proyectaran sus propuestas de cara al futuro.
    Era a puertas cerradas, sin invitados del gobierno ni prensa.
    En el interior se debatían dos corrientes opuestas de concepción de la economía: la liberal y la desarrollista. Hasta la irrupción del general Juan Carlos Onganía a la Casa Rosada y de Adalbert Krieger Vasena al Palacio de Hacienda, la tendencia traía la inercia de los que concebían al Estado como orientador de las inversiones, sobre todo hacia la infraestructura, y como mecenas y protector de la industria. Era el coletazo de la cultura de Detroit, de la reconstrucción europea y japonesa.
    Techint, Pérez Companc y Fiat, y un núcleo de ejecutivos que se iniciaron en esta horneada tomaron la delantera. Prevalecía un título que ahora aparece diluido en el firmamento de los negocios: ingeniero. Apellidos como Sallustro, Orsi, Tramutola, Vicente, Musich… se forjaban en esa nueva vía nacional. Fueron de los primeros grupos en tomar la iniciativa ideológica en el mundo vernáculo de los negocios, que se extendió más de treinta años. Justo una generación que en estos días muestra signos de agotamiento. La desdibujada IDEA de hoy sería la representación visible de ese ciclo en extinción.
    Al promediar los años 70, un coloquio de IDEA fue el escenario de un duelo de titanes, en el que no se batían Burt Lancaster y Kirk Douglas, sino Agostino Rocca y Jorge Aguado. El hombre de Techint desgranó el proyecto de conformar un Estado promotor del desarrollo, mientras que el titular de Carbap (la combativa entidad de productores pampeanos) abogó por el librecambio teniendo como horizonte un modelo agroindustrial. “¿Qué queremos hacer? ¿Caramelos o acero?”, sintetizó la polémica con notable agudeza Alejandro Estrada.


    Carlos Tramutola

    Los adalides del liberalismo cobraron protagonismo desde el momento en que José Alfredo Martínez de Hoz tomó las riendas de la economía.
    Los coloquios estuvieron frecuentados desde entonces por portavoces de la corriente neoliberal traídos del exterior sobre todo por los banqueros, quienes ejercían una fuerte influencia ideológica y económica en la entidad: Friedman, von Hayek, Vegh Villegas y otros gurúes de las escuelas monetaristas mundiales coparon la tribuna local.
    Pero el club selecto que el denominado establishment había formado para analizar los grandes intereses de los negocios se llamó Consejo Empresario Argentino, y su mentor fue precisamente Martínez de Hoz. Banqueros como Sacerdote, Handley, Bullrich, Maccarone, ganaron espacio frente a los defensores de la corriente industrialista.
    La experiencia radical en el gobierno devolvió a primer plano a otro círculo empresarial, los capitanes de la industria, que integraban Techint, Sade-Pérez Companc, Bunge & Born, Loma Negra, Alpargatas, enrolados en la vieja línea de pensamiento desarrollista, aunque no frigerista. Llegaron sólo hasta donde la banca les permitió.

    Menem, el primero
    Carlos Menem fue el primer presidente en asistir al coloquio de IDEA y en tender un puente entre el poder político y los negocios. Esa alianza tuvo, en el discurso pronunciado por Roberto Rocca ante lo más granado del empresariado nacional, su más lúcida expresión.
    El sucesor de Agostino en la cúpula de Techint hizo valer sus dotes y oratoria principescas para desplegar una oda a la transnacionalización de los negocios que viene de la fundación misma del grupo en Italia en la época de posguerra.
    Franco Macri fue uno de los últimos oradores del riñón empresarial que grabaron a fuego su vaticinio: la mudanza de empresas nacionales a Brasil como consecuencia de la convertibilidad y el liderazgo continental del país vecino. Ocupó varias veces el tiempo que disponía en lo que resultó ser el anuncio de su propia partida. Por ese camino siguieron Pérez Companc, Bunge & Born, Socma y otros de los íconos de los negocios vernáculos nacionales.
    Uno de los dirigentes con más peso en esos tiempos interpreta que el germen del éxodo empresario se incubó en el mismo momento que el Estado vendía la emblemática petrolera YPF a la española Repsol. “Detrás se vendría el diluvio”, temían.
    Gilberto Montagna de Terrabussi se convirtió en otro de los hitos de los años 90. Vendió la fábrica de galletitas y colgó los botines de la UIA e IDEA. Ya antes otro presidente de la central fabril, Roberto Favelevic, había abandonado su militancia para incorporarse como baterista en una banda de jazz.
    La ola de ejecutivos que respondían a las compañías que ingresaron en el negocio de los servicios públicos reportaban directamente a sus casas matrices, las que canalizaban el trato con el gobierno a través de su embajada, del Grupo de los 7 y hasta –elípticamente– del Fondo Monetario Internacional. Entidades gremiales como la UIA y la propia IDEA empezaron a recibir esas caras nuevas, muy vinculadas a las políticas emanadas de la Casa Rosada.

    Las relaciones difíciles
    La asistencia de Menem y sus ministros a los coloquios de IDEA constituyó la primera intromisión gubernamental en el foro doctrinario del establishment. Coincidió con el retiro de los tradicionales “patrones”, adoctrinados en el hemisferio norte alrededor de los 70, y el advenimiento de los ejecutivos que designaron las empresas extranjeras que entraron en las privatizaciones. Primero, la representación había estado a cargo de los socios locales, contratistas del Estado, que entraron en las concesiones en primera instancia gracias a los bonos acumulados en negocios sin una contraparte capitalista y no pudieron sostenerse por carecer de “espaldas financieras”.
    Fernando de la Rúa siguió la costumbre de su antecesor de concurrir a los coloquios, Eduardo Duhalde no fue, sí Carlos Ruckauf, y Néstor Kirchner tampoco, aunque no dejó jamás de tener en cuenta lo que sucedía puertas adentro. Además de advertirles a los empresarios más verborrágicos a través de sus ministros sobre las expresiones que pudieran tener en torno del gobierno, llegó a hacerles instalar cámaras en el encuentro del año pasado, en el que Lavagna prácticamente se despidió, para seguir los detalles “en vivo y en directo” desde la residencia de Olivos.

    La agenda formal y la real
    Enrique Pescarmona fue como “el último mohicano” en el reciente evento de IDEA. Lo presidió por ser el único “dueño de empresa” disponible y por un supuesto acercamiento con el gobierno que aseguraría presencias importantes, tras un año de tensas relaciones. Pagó el precio de charlas diletantes por parte de figuras del arte y el espectáculo, que nada aportaron a la gran expectativa empresarial sobre temas calientes como los controles de precios, el congelamiento de las tarifas y la crítica situación del abastecimiento energético. Hasta se llegó a prohibir que se hablara de crisis en la energía.
    Venían de un año de chisporroteos con el gobierno nacional. Kirchner la había emprendido con el supermercadista Alfredo Coto cuando se perfilaba el control de precios desembozado de Guillermo Moreno, apodado “Lassie” por el propio presidente, a quien se lanzó una vez que Lavagna estuviera fuera del gabinete. El apellido Coto está muy ligado al ex ministro, ahora avenido a precandidato presidencial de un frente opositor. En la reciente edición del coloquio no se lo vio. Como era de prever, resultó de este modo un fiasco indisimulable, con expositores que contaban lo bien que les iba en las empresas o interesantes comentarios relacionados con la competencia deportiva.
    Un veterano asistente a estos eventos apuntó que, al final, se les volvieron en contra los retoques organizativos que se habían ido incorporando para dotarlos de representatividad en todo el país y que sean participativos: para esta finalidad se abrieron instancia en las jornadas, bajo el nombre de sesiones de diálogo, a fin de que pudieran concurrir a hablar todos los que luego presenciarían en silencio las exposiciones de los oradores.
    “Iba cualquiera, y se despachaba contra los responsables del coloquio, tratándolos de miedosos y otras críticas, que no salían de las paredes, salvo como chimentos”, cuestionó subrayando que de ese modo no había aporte alguno.
    Los precoloquios del interior sirvieron para subir la asistencia a más de medio millar de empresarios que se notaban renuentes a llegarse hasta Mar del Plata desde que los directivos decidieron dejar de concentrar las jornadas en Bariloche debido a la dispersión hotelera y los costosos transportes resultantes. En la práctica, la división zonal aseguraría más concurrencias pero diluiría el mensaje. La experiencia del realizado en Mendoza, antes del final en Mar del Plata, terminó siendo un aperitivo de la injerencia oficial: el gobernador Cobos los adobó y el Presidente Kirchner los engulló.
    La ventanilla fiscal que atiende las 24 horas no entiende de razones ideológicas aplicadas a los negocios. Julio de Vido, más preocupado porque en IDEA no calificaran a la situación energética de crisis, ocupó la agenda con otros compromisos el día del coloquio, y confió en que Pescarmona mantendría la concordia en las deliberaciones.
    Pero su juego con la política empresarial pasa hoy por un apellido Chodos y las entidades ligadas a la construcción. Las malas lenguas dicen que redactó de puño y letra el proyecto de obras públicas que los dirigentes del sector entregaron a las autoridades nacionales en su día. Sólo así Kirchner estuvo y fue el orador excluyente.

    El abismo de 2002
    ¿El bajo perfil en el coloquio de uno de los bastiones históricos de IDEA y en la UIA, como Techint, obedece a un temor por los retos del Presidente? ¿Paolo Rocca desaparece de la escena nacional y deja a un silente Betnazza representando la voz del grupo industrial más poderoso del país tanto en el foro de ideas como en el gremialismo empresario?
    La devaluación de 2002 dejó profundas heridas en el fraccionado ambiente de los negocios. La transferencia de ingresos abrió un cráter, que de un lado ubicó a los presuntos responsables del súbito enriquecimiento de unos a costa del empobrecimiento de otros. El club privado que se formó bajo el nombre Asociación de Empresarios Argentinos (AEA) como sustituto del Consejo Empresario Argentino, una de cuyas cabezas visibles es Luis Pagani de Arcor, y la cúpula de la Unión Industrial Argentina aparecieron en el vórtice de la opinión pública. Quizás a ello deban ahora su bajísimo perfil.
    Al igual que sucede con IDEA, hablan en voz baja, off the record, o callan.
    Suena un poco burdo y hasta mezquino, en consecuencia, lo que se decía en los pasillos del coloquio: que Pescarmona hubiera acallado críticas al gobierno a cambio de las adjudicaciones directas de la represa cercana a Yacyeretá o de un parque hidroeléctrico en Chubut. O que suspendieran la tradicional encuesta, porque a priori sabían que la pregunta sobre a quién votarían como Presidente no sería respondida con el apellido Kirchner. El dueño de Impsa siempre, en toda su trayectoria con los negocios, se esmeró en cultivar excelentes relaciones con el poder, tanto en el plano nacional cuanto de su tierra, Mendoza.
    En todo caso, no logró, como había hecho su antecesor al frente del evento, el veterano dirigente petrolero Oscar Vicente, comprometer a los funcionarios de rango a asistir a las presentaciones. Así quedó arando en el aire.

    El incierto porvenir
    Apagadas las luces y retirados los actores, Ignacio González García, titular de IDEA, que proviene del staff de auditoras y consultoras y es síndico de La Nación, quedó rumiando el último encuentro mientras con los dedos tamborilleaba sobre las 450 fichas de los afiliados. Nada mal, si se tiene en cuenta que la entidad arrancó con apenas un centenar cuando fue creada y que pagan la tarjeta 1.500 personas al año para ir a los coloquios.
    González García escucha los gruñidos que le llegan desde la redacción del matutino por la actitud despótica de los Kirchner, las masculladas apócrifas que pronuncian los empresarios en los pasillos, el sesgo que le imprimió al coloquio la conducción simpatizante, cuanto menos, del gobierno nacional, los pronósticos optimistas de crecimiento macroeconómico que anunciaron expertos internacionales como Mario Blejer…
    ¿Cómo reavivar al inerte? ¿Qué hacer? ¿Quiénes esperan detrás de la puerta para tomar las riendas del empresariado? ¿Por qué los hombres de negocios dicen una cosa de la puerta para adentro y otra cuando tienen un micrófono adelante? ¿Por qué sólo hablan a condición de no figurar?
    ¿Habrá vocación de discutir un modelo de país, como en los 60 y los 70, aunque sea puertas adentro y sin la presencia de funcionarios del gobierno, como entonces? ¿Tendrán que esperar el machete presidencial?
    No parece ser el momento para estas reflexiones. Hay una elección por delante y es casi seguro que la ganen los Kirchner. Una frase se ha convertido en el latiguillo íntimo de los empresarios, de espaldas al futuro: “Estamos ganando más plata que nunca”. M