
Carly Fiorina
Cuando en el año 2000 vino por primera vez a la Argentina como CEO de
Hewlett-Packard y conversó con Mercado en el bar de “La Maison”
del entonces Hyatt Hotel de Buenos Aires, Carleton (Carly) Fiorina ostentaba
el título –otorgado por la revista Fortune– de “la
mujer más poderosa del mundo empresarial”. Era una de las poquísimas
mujeres del planeta al frente de una empresa global de tecnología. El
hecho de reinar siendo mujer en el mundo tecnológico hasta entonces dominado
por hombres, la hacía aparecer en todas las tapas de revistas y hablar
en todos los congresos. Pero su mandato en HP fue polémico de principio
a fin, y cuando en febrero de 2005 el directorio de la compañía
le pidió la renuncia alegando diferencias básicas de criterio,
esa poderosa mujer se retiró a escribir sus memorias.
A casi dos años de su alejamiento de HP, la ex jefa habla y cuenta su
versión en Tough Choices (Decisiones difíciles), un libro
que relata las vicisitudes que la fueron convirtiendo en mujer ejecutiva y el
conflicto que puso fin a su reinado. En esas páginas da su versión
sobre los hechos que terminaron con su alejamiento de la empresa: no la sacaron
por mal desempeño ni por malos resultados, aclara; la eyectó una
cultura machista que resiente las órdenes cuando provienen de una mujer.
El libro con la historia de su vida y de su liderazgo en Hewlett Packard se
publica justo en medio del escándalo sobre la operación montada
por HP para descubrir al “garganta profunda” del directorio y sobre
el uso de tácticas de espionaje en el cuerpo directivo. Al respecto,
la ex CEO dice allí que fue la primera en autorizar que se investigase
a un grupo de periodistas y directivos para averiguar la procedencia de unas
filtraciones a la prensa. Más precisamente, revela que un mes antes de
abandonar la compañía, ella misma había autorizado una
investigación para poner fin a las filtraciones.
La primera parte de sus memorias es un relato de su ascenso en las filas jerárquicas
de AT&T y Lucent, con capítulos sembrados de observaciones y reflexión
psicológica sobre las complejidades de manejar una corporación;
habla de su apasionamiento por el trabajo en equipo y de su profunda convicción
en la importancia central de “las personas” detrás de los
negocios. Saca conclusiones gerenciales de su paso por firmas tecnológicas
y machaca sobre lo fundamental de la confianza en la gente y de la interacción.
Pero la parte más jugosa del libro arranca en la página 150 cuando
le llega el turno a Hewlett Packard. Comienza con una vívida disección
del negocio, del directorio y de los problemas estructurales de la compañía,
poniendo en evidencia sus propias teorías y talentos para el liderazgo.
Luego cuenta que durante los seis años que manejó HP con medidas
drásticas y una fusión muy controvertida, se convirtió
en el blanco de todos los que resentían su estilo de liderazgo o su rápido
ascenso. Del directorio habla con evidente resentimiento: cuando el consejo
de administración se reunió para decidir su suerte, cuenta, solamente
dos de los miembros se acercaron a ella. Carga contra los directores que forzaron
su salida y los califica de “inmaduros”, “inexpertos “
y “poco profesionales”.
El tema femenino
Fiorina muestra su impaciencia con los temas de género. Para explicar
su incomodidad cuando la revista Fortune la coronó en 1998 como
“la mujer más poderosa de los negocios” escribe: “Yo
no quería hablar de la mujer en los negocios. Yo quería hablar
de negocios”.
Con respecto al sexismo, no se anda con remilgos. El libro incluye no sólo
la conocida historia sobre su participación en una reunión de
negocios celebrada en un club de strip tease de Washington D.C. (“Fui
cordial y traté de mostrarme relajada”) sino otras anécdotas
sorprendentes, como cuando el presidente de una empresa coreana le puso una
acompañante femenina para una noche tradicional de banquete, tragos y
música (“Me di cuenta de por qué a los hombres les encanta
este tipo de entretenimiento,”) y cuando, como ejecutiva de Lucent, trató
de impresionar a un arrogante equipo de ventas subiéndose al escenario
con una media abultando la entrepierna de su pantalón para decir: “Nuestras
bolas son tan grandes como las de cualquiera en esta sala.”
Fiorina sufrió acosos, insultos y proposiciones en el comienzo de su
carrera, pero de esas experiencias extrae consejos –“uno tiene 20
minutos para demostrar que sabe de lo que está hablando”–
y cierta sabiduría: “La vida no siempre es justa, y es diferente
para mujeres y para hombres”.
Para ella el sexismo era sólo un desafío más, un problema
psicológico más complejo, pero que podría resolver. Lo
que no pudo resolver fue la fama que la rodeó. En su libro cuenta que,
después de que su cara apareciera en la tapa de Fortune, “alguna
gente pensó que al convertirme en celebridad, yo era diferente del resto,
separada de los demás. Muchos no podían verme a mí, sólo
veían a “Carly Fiorina, la mujer más poderosa del mundo
de los negocios”.
Pero con toda esa inteligencia emocional que supo tener, no logró esquivar
la trampa de ser esa mujer exitosa que mucha gente suele odiar, como ocurrió
con Hillary Clinton o Martha Stewart. M
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