miércoles, 17 de junio de 2026

    Carly Fiorina vuelve con la última palabra


    Carly Fiorina

    Cuando en el año 2000 vino por primera vez a la Argentina como CEO de
    Hewlett-Packard y conversó con Mercado en el bar de “La Maison”
    del entonces Hyatt Hotel de Buenos Aires, Carleton (Carly) Fiorina ostentaba
    el título –otorgado por la revista Fortune– de “la
    mujer más poderosa del mundo empresarial”. Era una de las poquísimas
    mujeres del planeta al frente de una empresa global de tecnología. El
    hecho de reinar siendo mujer en el mundo tecnológico hasta entonces dominado
    por hombres, la hacía aparecer en todas las tapas de revistas y hablar
    en todos los congresos. Pero su mandato en HP fue polémico de principio
    a fin, y cuando en febrero de 2005 el directorio de la compañía
    le pidió la renuncia alegando diferencias básicas de criterio,
    esa poderosa mujer se retiró a escribir sus memorias.
    A casi dos años de su alejamiento de HP, la ex jefa habla y cuenta su
    versión en Tough Choices (Decisiones difíciles), un libro
    que relata las vicisitudes que la fueron convirtiendo en mujer ejecutiva y el
    conflicto que puso fin a su reinado. En esas páginas da su versión
    sobre los hechos que terminaron con su alejamiento de la empresa: no la sacaron
    por mal desempeño ni por malos resultados, aclara; la eyectó una
    cultura machista que resiente las órdenes cuando provienen de una mujer.

    El libro con la historia de su vida y de su liderazgo en Hewlett Packard se
    publica justo en medio del escándalo sobre la operación montada
    por HP para descubrir al “garganta profunda” del directorio y sobre
    el uso de tácticas de espionaje en el cuerpo directivo. Al respecto,
    la ex CEO dice allí que fue la primera en autorizar que se investigase
    a un grupo de periodistas y directivos para averiguar la procedencia de unas
    filtraciones a la prensa. Más precisamente, revela que un mes antes de
    abandonar la compañía, ella misma había autorizado una
    investigación para poner fin a las filtraciones.
    La primera parte de sus memorias es un relato de su ascenso en las filas jerárquicas
    de AT&T y Lucent, con capítulos sembrados de observaciones y reflexión
    psicológica sobre las complejidades de manejar una corporación;
    habla de su apasionamiento por el trabajo en equipo y de su profunda convicción
    en la importancia central de “las personas” detrás de los
    negocios. Saca conclusiones gerenciales de su paso por firmas tecnológicas
    y machaca sobre lo fundamental de la confianza en la gente y de la interacción.

    Pero la parte más jugosa del libro arranca en la página 150 cuando
    le llega el turno a Hewlett Packard. Comienza con una vívida disección
    del negocio, del directorio y de los problemas estructurales de la compañía,
    poniendo en evidencia sus propias teorías y talentos para el liderazgo.
    Luego cuenta que durante los seis años que manejó HP con medidas
    drásticas y una fusión muy controvertida, se convirtió
    en el blanco de todos los que resentían su estilo de liderazgo o su rápido
    ascenso. Del directorio habla con evidente resentimiento: cuando el consejo
    de administración se reunió para decidir su suerte, cuenta, solamente
    dos de los miembros se acercaron a ella. Carga contra los directores que forzaron
    su salida y los califica de “inmaduros”, “inexpertos “
    y “poco profesionales”.
     
    El tema femenino
    Fiorina muestra su impaciencia con los temas de género. Para explicar
    su incomodidad cuando la revista Fortune la coronó en 1998 como
    “la mujer más poderosa de los negocios” escribe: “Yo
    no quería hablar de la mujer en los negocios. Yo quería hablar
    de negocios”. 
    Con respecto al sexismo, no se anda con remilgos. El libro incluye no sólo
    la conocida historia sobre su participación en una reunión de
    negocios celebrada en un club de strip tease de Washington D.C. (“Fui
    cordial y traté de mostrarme relajada”) sino otras anécdotas
    sorprendentes, como cuando el presidente de una empresa coreana le puso una
    acompañante femenina para una noche tradicional de banquete, tragos y
    música (“Me di cuenta de por qué a los hombres les encanta
    este tipo de entretenimiento,”) y cuando, como ejecutiva de Lucent, trató
    de impresionar a un arrogante equipo de ventas subiéndose al escenario
    con una media abultando la entrepierna de su pantalón para decir: “Nuestras
    bolas son tan grandes como las de cualquiera en esta sala.”
    Fiorina sufrió acosos, insultos y proposiciones en el comienzo de su
    carrera, pero de esas experiencias extrae consejos –“uno tiene 20
    minutos para demostrar que sabe de lo que está hablando”–
    y cierta sabiduría: “La vida no siempre es justa, y es diferente
    para mujeres y para hombres”.
    Para ella el sexismo era sólo un desafío más, un problema
    psicológico más complejo, pero que podría resolver. Lo
    que no pudo resolver fue la fama que la rodeó. En su libro cuenta que,
    después de que su cara apareciera en la tapa de Fortune, “alguna
    gente pensó que al convertirme en celebridad, yo era diferente del resto,
    separada de los demás. Muchos no podían verme a mí, sólo
    veían a “Carly Fiorina, la mujer más poderosa del mundo
    de los negocios”.
    Pero con toda esa inteligencia emocional que supo tener, no logró esquivar
    la trampa de ser esa mujer exitosa que mucha gente suele odiar, como ocurrió
    con Hillary Clinton o Martha Stewart. M

    La gestión de las
    empresas familiares

    Las firmas conducidas por los hijos o herederos de mayor edad son responsables,
    en alto grado, de la brecha de desempeño –en el sector privado–
    entre economías centrales. Así señala un estudio
    de McKinsey y la London School of Economics. Cuando quien está
    al frente es ajeno al clan, sube la calidad del management y
    sucede lo contrario cuando se trata de herederos.
    Estas conclusiones provienen de un trabajo sobre más de 700 industrias
    de mediano volumen en EE.UU., Alemania, Gran Bretaña y Francia.
    Los investigadores se centraron en prácticas tan relevantes y correlacionadas
    entre sí como desempeño, productividad, crecimiento, participación
    y posición en el mercado. En escala de uno a cinco, EE.UU. y Alemania
    obtuvieron 3,37 y 3,32 puntos. Mientras tanto, Francia y Gran Bretaña
    quedaban en 3,17 y 3,09 puntos.
    El estudio encontró que las empresas de propiedad familiar manejadas
    por gente ajena (36% de la muestra) registraban notas de desempeño,
    en promedio, más de 12% superiores al resto.
    Una posible razón es que la mezcla de control familiar y gerenciamiento
    profesional depara el mejor de los mundos. El esquema de propiedad permite
    a los ejecutivos tomar decisiones de largo plazo, con menos presiones
    para mostrar resultados trimestrales, alcanzar metas de ingresos o dar
    mejores dividendos inmediatos. Los miembros del clan tienen más
    interés directo en los resultados. Por otra parte, reclutar gerentes
    externos da al negocio acceso a semilleros de talento. Además,
    el contexto de propiedad cerrada facilita al clan tomar parte activa en
    guiar o escrutar la acción de los managers y ser corresponsable.
    De esa manera, estas compañías evitan conflictos normales
    entre ejecutivos y accionistas.
    No todas las empresas están en igual situación. La calificación
    promedio de management en firmas conducidas por herederos mayores
    (2,9%) resulta más de 10% menor que el promedio general. En este
    trabajo, los mayores manejan 44% de las sociedades de propiedad familiar
    en Francia y 50% en Gran Bretaña. Por el contrario, esa proporción
    cede a 30% en EE.UU. y apenas a 10% en Alemania. Examinando los datos
    en mayor detalle, se advirtió que las sociedades conducidas por
    herederos mayores aportaban 43% a la brecha de calidad gerencial en Francia,
    mientras en EE.UU. lo hacían en sólo 28%. La correlación
    entre nivel gerencial y desempeño indica que las empresas familiares
    manejadas por mayorazgo se desempeñan más pobremente que
    el resto.
    El consejo para ese tipo de compañías es simple: prestar
    atención al plan sucesorio. Si bien la propiedad familiar no es
    peor –hasta puede ser mejor– que otros esquemas de control,
    seleccionar basándose en mero mayorazgo no es respuesta adecuada.